Para levantar temperatura

Pola Suárez Urtubey
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28 de julio de 2017  

Sin duda, la presencia de Daniel Barenboim y Martha Argerich en Buenos Aires eleva en varios grados la temperatura de esta temporada en el Colón. Sea en dúos para piano o en el teclado de Argerich con la dirección de Barenboim al frente de la Orquesta West-Eastern Divan, lo cierto es que vienen convirtiéndose en estos últimos tiempos en fastuosos regalos para nuestra vida musical. En el concierto del martes 1° y miércoles 2 de agosto, se incluyen dos obras de Ravel, además del Concierto para piano, trompeta y orquesta Nº 1 Op. 35 de Shostakovich, y al final las Tres piezas para orquesta Op. 6 de Alban Berg.

Vale la pena detenerse en estas últimas. Estas piezas fueron compuestas entre 1913 y 1914 y están dedicadas a Schönberg por sus cuarenta años. En realidad constituyen la única obra sinfónica pura en esta época del llamado período atonal de Berg. Las dos primeras partes, Prâludium (Preludio) y Reigen (Ronda), fueron estrenadas en 1923 en Berlín, con la dirección de Anton Webern, mientras la primera audición integral se realizó en 1930 en Oldenburg, conducida por Schüller, ocasión en que el compositor, que muere en Viena en 1935, realiza algunos retoques en la instrumentación del final. Actualmente sigue siendo considerada una obra de extrema dificultad de ejecución.

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El programa incluye además, según ya se dijo, dos obras de Maurice Ravel, la Suite de Ma mère l'Oye (Mi madre la oca) y Le tombeau de Couperin junto con el Concierto N° 1 para piano, trompeta y orquesta de cuerdas en Do menor de Dimitri Shostakovich. Esta última obra fue estrenada el 15 de octubre de 1933 en la entonces Leningrado por el autor, quien definió este concierto como el reflejo de una época heroica, animada y plena de una alegría de vivir. Se ha dicho de ella que refleja la línea estética de los años de 1920, con un humor por momentos grotesco y algunas referencias al clasicismo.

En cuanto a Ma mére l'Oye, se trata de una colección de cinco piezas infantiles que realiza Ravel en 1911. La versión original de esta partitura fue realizada por el autor para piano a cuatro manos y compuesta en París entre 1908 y 1910, dedicadas a Mimie y Jean Godebsky, los hijos de un matrimonio parisiense muy amigo del compositor. Luego, en 1911, realiza el autor su suite para orquesta, la que adquiere un renombre mundial.

Por su parte, Le Tombeau de Couperin es la última obra para piano solo de Ravel y fue compuesta entre 1914 y 1917. Sobre su concepción planea la primera guerra: la obra se nutre de dolor y de muerte.

El título de tombeau (literalmente: tumba) elegido por el compositor no tiene aquí una intención estrictamente fúnebre, y en cambio debe ser entendido en el sentido antiguo (también usado por Mallarmé) de composición poética o musical en honor de alguna persona. En este caso, cada uno de los seis números que componen la suite original para piano está dedicado a un amigo muerto en la guerra.

En su versión original, Le Tombeau de Couperin fue estrenada por Marguerite Long en 1919. Al año siguiente, el 28 de febrero, la orquesta Pasdeloup, dirigida por Rhené-Baton, ofrecía en primera audición la versión orquestal de Ravel de cuatro números de la suite, Prelude, Forlane, Menuet y Rigaudon, en la cual se modifica el orden original para dar al nuevo conjunto sinfónico un final más vigoroso.

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