Un corte y una quebrada. El pabellón Ocre de la Rural respira por estos días tango por sus cuatro costados. Abierto de 18 a 24, tiene tres clases gratuitas diarias de tango para principiantes y una pista de baile que invita a sabedores y a troncos a danzar al compás del 2x4. La pista de baile no quedó nunca sin pareja que le lustrara el piso y tras cada clase se llegaron a contar más de veinte dúos entusiastas que repetían las enseñanzas de sus profesores.
Fervor por el tango. Además de tres muestras plásticas ( Tinta roja, Imágenes y miradas y Villa Tango ) y una exhibición de bandoneones, el lugar tiene todo para el tanguero, ya que hay ocho stands de venta de zapatos, lo cual provocó un constante fluir de mujeres afectas a probárselos; ropa de diferentes marcas, todas con un criterio de tanguería (por decirlo de alguna manera); una fábrica de sombreros con modelos vistosos y originales; discográficas; una joyería con dijes de motivos tangueros; merchandising; la excelente página web Let s TanGo, y stand de gastronomía. Los precios son, por lo general, altos, como si estuviesen destinados al turismo.
Danza maligna. El amor al baile llega a extremos por estos días en la Rural. Si bien muchas parejas bailan en la pista, otras se toman de la cintura y se lanzan en cualquier sitio del pabellón Ocre. Así se podía ver anteanoche a una concentrada pareja bailando en la puerta del baño de mujeres, abstraídos del hecho de que estaban cerrándole el paso a gente apurada.