
Pequeña e íntima propuesta
Coplas del cartonero masón . Textos y canciones: Marcelo Subiotto. Dirección musical: Oscar Albrieu Roca. Diseño de luces: Adrián Canale. En Puerta Roja, Lavalle 3636. Duración: 45 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
"La noche agoniza, una luna única tiñe los adoquines agrios de penumbra. Sobre un cúmulo de escombros olvidados, un anciano habla a un numeroso grupo de hombres con carros; es la logia de cartoneros masones que recorren las noches del Abasto a la caza de un centauro." Es algo de lo que dice Amadeo, el cartonero masón.
La cita es media hora antes de la medianoche. El espacio teatral es un gran galpón de portón metálico rojo, por la zona del Abasto. Adentro: cero bullicio. El espacio informal invita a relajarse, tomar algo o simplemente esperar un viaje. La sala, nada convencional: una habitación con un mueble rústico incluido, tal vez olvidado y dejado adrede. Paredes raídas y un repiqueteo metálico que provoca la lluvia. No podría ser un preludio mejor para este viaje que propone Marcelo Subiotto. Y había que empezar con una crónica para adentrarse en esta crónica cantada, muy cercana en alma y sentimiento a aquellas juglarías de hace sólo tres décadas.
Una vez que se cierra la puerta, con unos pocos espectadores adentro (hay lugar para unos 20), se abre otra de repente y el espectador queda embebido en la propuesta casi de inmediato, de prepo, en un segundo. Y está buenísimo.
Cantautor y juglar
Marcelo Subiotto interpreta a un ser adorable y admirable: Amadeo, un cantautor y juglar salvaje que relata su transitar por una crisis depredadora, que lo obliga a la resistencia y a la subsistencia. Es un cartonero: un cartonero masón, un poeta rebelde que se une a un grupo de místicos que pretenden salvarse y salvar, pero desde una moral tan loca como pura, ideológica y hasta metafísica. El no tiene freno; tiene sed de creer y abraza una dialéctica de encantamiento incontrolable.
Además, Subiotto es un poeta de la imagen y de la metáfora. Su canto y su narrativa traza figuras realmente bellas, de esas que golpean en el centro del pecho.
El mismo interpreta sus coplas con su guitarra, a la que desgarra con una fuerza que contagia. Lo acompaña Oscar Albrieu Roca con sonidos emanados de elementos no convencionales o de un cajón peruano, inmerso en la propuesta desde un lugar sutil y delicado. El espectáculo tiene una potencia tan grande, que es perfecta para ese sitio chiquito, raído y desprotegido. Hay una comunión enorme entre el artista y el espectador, en una propuesta íntima.
La puesta de luces de Adrián Canale acompaña los climas propuestos por el autor e intérprete y le pone un candor especial al espacio. Su rol es fundamental en el momento de crear imágenes, tanto clave como ilustrativas, hasta alcanzar ese intimismo tan agradecido.
Recomendación: si anda por el Abasto a altas horas de la noche, perdido sin rumbo y con la mente flotando a varios metros por encima de los edificios, bajar, refugiarse en Puerta Roja, y someterse a la propuesta de Amadeo y de su chamán consejero.
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