Peter Gabriel: el alquimista que le ganó al dolor
LA NACION fue el único medio argentino que asistió a su primer concierto en diez años en su casa-estudio en Inglaterra
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BATH, Inglaterra.- Prueba de que es posible ser un exitoso artista de primera línea sin necesidad de convertirse en una celebridad se encuentra en la figura de Peter Gabriel.
Aún con su afeitada pelada y barba evocativa del malvado Ming en las viejas películas de Flash Gordon, este hombre, que ha revolucionado la música y las artes visuales desde la época de Genesis ,hace casi tres décadas, este creador tan humanista como humanitario (promotor con Amnesty International del tour "¡Derechos Humanos, Ahora!" que recorrió América latina en la década del 80 con Sting, Bruce Springsteen, Tracy Chapman y Youssou N´Dour), mecenas de cientos de músicos de todas partes del mundo (con su sello Real World y como cofundador del festival anual Womad), puede darse el lujo de caminar tranquilamente por las calles sin que nadie lo reconozca.
Esto explica, quizá, por qué no hay perros, paredes con alambres de púa ni guardaespaldas protegiendo los alrededores de Real World, un viejo molino a la vera de un arroyo digno de un cuadro pre rafaelista convertido en su hogar y estudio de grabación en Box, una villa a escasos kilómetros de Bath, la más elegante de las ciudades del sur inglés.
Nadie pidió ver a la entrada credenciales ni chequeó nombres con una lista al recibir a la docena de periodistas de todas partes del mundo, incluido LA NACION como único representante de la Argentina, convocados allí para ser testigos de la primera grabación en Inglaterra de un concierto en vivo de Gabriel y su seis músicos en casi una década.
La bienvenida consistió en una taza de té y galletitas traídas al jardín por Melanie, la veinteañera hija de Gabriel que colabora con coros en varias canciones y ha decidido iniciar su propia carrera de cantante.
El clima de familiaridad no redujo en nada el profesionalismo del concierto. Con el percusionista escondido detrás de una puerta de vidrio para limitar el impacto de su sonido, Gabriel y el resto de la banda ejecutaron en su estudio nueve canciones, cinco del album "Up" que saldrá al venta el martes y otros clásicos suyos como "Mercy Street", "Digging in the Dirt" y "Sledgehammer", el "viejo hit que sigue marchando gracias al Viagra" -según explicó Gabriel con humor-, eje de un video que MTV asegura sigue siendo el más visto en toda la historia.
El espectáculo se desarrolló con pocas interrupciones, de no ser por aquellas fruto del ánimo perfeccionista de Gabriel, atento tanto a los detalles artísticos como a los técnicos. Su voz no perdió con los años nada de su profundidad interpretativa, pero para el hijo de un ingeniero inventor que aún con 90 años sigue desbordando en ideas el virtuosismo no se reduce a entonar bien las notas.
El mundo de la cibernética lo apasiona y es por eso que lo utiliza tanto como instrumento de sus creaciones como medio para su divulgación. Muchas de sus canciones y buena parte de esta grabación pueden escucharse ahora en forma gratuita en su website ( www.petergabriel.com ).
Por esa vía mantiene una relación estrecha con sus admiradores. Por ejemplo, una de las desventajas de haber demorado nueve años en publicar su último album fue el haber visto el título "prestado" por otros artistas. Entre ellos R.E.M. y Ani di Franco (en su caso fue "Up, Up, Up, Up"). Pero cuando Gabriel preguntó en su website si el título no había pasado su "fecha de vencimiento" los fans votaron a favor de mantenerlo.
Esta cualidad de antidivo potencia la credibilidad de su obra. Ya sea cuando abre su corazón en canciones como "Darkness", donde recuerda los temores de la infancia; "Growing Up", una síntesis de la vida desde el nacimiento hasta la muerte pasando por la búsqueda de algo superior; "I Grieve"; "No Way Out" y "Drop", tres ejemplos de angustia existencial, o cuando da muestras de genio musical en la multiétnica "Signal to Noise" y hasta cuando critica a los programas-confesionario del tipo del de Jerry Springer en "The Barry Williams Show".
"Si me ha tomado tanto tiempo sacar este álbum es, por un lado, porque odio tener que salir a promoverlo como un vendedor ambulante. Pospuse más de una vez esa tarea aun cuando lo tenía terminado -explicó Gabriel a LA NACION-. Pero también es cierto que tomó tiempo porque partió de un total de 130 ideas distintas que fui recogiendo a lo largo de mi vida. Es un álbum que tiene su propia "arqueología". Es muy personal, mira más al principio y al final de mi existencia que al medio de ella. Habla mucho de la muerte porque ha estado presente en mi vida en los últimos diez años. He visto a muchos amigos envejecer y morir. También es cierto que hablo de renovación porque también he visto mucho de eso." (Gabriel volvió a casarse en junio, en Cerdeña, con Meah Flynn, quien acaba de darle un hijo.)
"Para mí la vida es un poco como la imagen que uno ve sentado dentro de un auto. Lo que uno puede mirar es lo que está adelante y detrás, no el resto. Sobre eso quería escribir. Tengo la suerte de tener a mi padre vivo, pero hace unos días soñé que moría, y desde el "otro lado" me decía que todo estaba bien. Es un científico y en mi sueño observaba cómo al morir la energía de nuestros motores abandonan el cuerpo. Es una noción que ronda mi cabeza desde hace tiempo y que me parece interesante explorar artísticamente."
-Una característica de su obra es el interés por atribuir contenido profundo a los actos mundanos de la vida cotidiana. ¿Es esa búsqueda lo que siempre lo inspira?
-Sí, en muchas ocasiones, pero en otras es cuestión de simple observación. En "The Barry Williams Show", por ejemplo, empiezo cantando la frase "Let´s go" porque escuché a uno de los conductores de ese tipo de programas diciendo esto cada vez que aparecía frente a las cámaras. Y no me pareció nada inocente. Vi en ella algo bastante tenebroso.
-¿Cómo se siente al saber que el video de "The Barry Williams Show", dirigido por Sean Penn, sólo puede emitirse aquí después de las 21, final del horario de protección al menor, cuando los programas a los que usted alude se muestran a la hora del almuerzo?
-¡Qué suerte que mantienen a la televisión limpia! En fin, ¿qué puedo hacer más que ironizar? La canción fue escrita con humor y las imágenes de sangre no son peores que las de muchos otros videos. Pero así son las reglas del rock´n´roll. Y no voy a dramatizar la censura.
-¿Lo considera censura?
-La censura es un tema muy interesante. No sé muy bien qué es lo que se puede mostrar y qué no. Mi instinto liberal diría todo, pero también considero que algunas cosas deben prohibirse. Por ejemplo, si alguien promueve el odio racial. Pero hay que ver en qué contexto y cómo, porque es cierto que este tipo de gente también tiene derecho a expresarse. Mi único ejemplo casero de censura es haberles prohibido a mis hijos ver "Tiburón". Fue una reacción puramente práctica. Sé que hay millones de personas que ahora temen ir a la playa por esa película y yo quiero que mis hijos disfruten nadando en el mar. Pero no he tenido mucha suerte con mi función de censor. Los chicos consiguieron el video prestado y lo vieron media docena de veces. La habilidad de controlar cosas, incluidas las barreras entre países, desapareció durante el último siglo. Es todo un acto inútil, en realidad.
-Muchos artistas internacionales le deben haber alcanzado al gran público gracias a Womad y a las facilidades de grabación que les ofrece en Real World. ¿Lo hace para fomentar un mejor entendimiento internacional o simplemente para avanzar en el terreno musical?
-Es una forma de acercarme a la gente y que la gente se acerque entre sí sin una agenda política. La música me ha permitido comunicarme con personas que no hablan mi idioma. Y me ha permitido comunicarme con animales. Una de mis obsesiones consiste en tratar de entender el lenguaje de los grandes simios. He viajado varias veces a Georgia para entablar contacto con un grupo de bonobos (orangutanes de 1,30 m de altura) con los que he logrado hacer sesiones de improvisación de jazz. Comprenden a la perfección lo que les digo. Si les pido que toquen las teclas blancas, lo hacen; si les pido las negras, también. Yo, en cambio, no entiendo nada de lo que ellos dicen.
-¿Qué sentido tiene enseñarles a los animales algo tan humano como la música?
-Yo empecé con la misma idea. Ahora estoy convencido de que los humanos no somos más que otra variedad de grandes simios. No veo grandes diferencias entre ellos y nosotros. Es cierto que tienen una cultura distinta de la nuestra, pero me parece que hace falta entenderlos.
-¿Pero qué sacan ellos de positivo de esa experiencia?
-Es probable que nada en forma directa. Pero tal vez sirva para que los humanos dejen de perseguirlos hasta el exterminio.
-Muchos de los carceleros en Auschwitz eran personas cultas, amantes del arte y la música. ¿Qué le hace pensar que la crueldad humana se mitigará al saber que los animales pueden comprender la cultura humana?
-No sé, por ahí usted tiene razón. Cuando estaba en la universidad nos hicieron ver un experimento que vinculaba el dolor al aprendizaje. Un grupo de alumnos fue conectado a un cable y cada vez que contestaban mal una pregunta se le daba una corriente de electricidad. La experiencia tenía por fin medir la obediencia a la autoridad. Un 63 por ciento demostró obediencia. Sólo un 37% se rebeló.
Esto prueba que en los humanos la mayoría somos capaces de soportar humillación y aceptamos ver cómo se inflige dolor a otros sin mover un dedo.
-Sus últimas canciones abordan esa cuestión, así como otras dolorosas, como el duelo por una muerte súbita. En noviembre hará una gira por Estados Unidos donde todo eso está a flor de piel desde el 11 de septiembre. ¿Es casualidad o adrede?
-No escribí nada específicamente sobre el 11 de septiembre aun cuando tuve una conexión emocional con el tema porque mi hija vivía entonces en Nueva York y durante varias horas sentí el horror de no saber si estaba bien. No quiero ser irrespetuoso, pero me parece que somos testigos de otros actos horribles en otras partes del mundo y es necesario poner un poco de balance en el dolor. Porque los medios, el poder y el dinero tienen su sede en los Estados Unidos la atención se concentró allí. No niego que fue una tragedia, pero lo que realmente conmovió al mundo fue el shock de ver tan humillada a esta enorme superpotencia. Un periodista amigo escribió un artículo varios meses antes de los ataques advirtiendo que el World Trade Center sería blanco de un segundo atentado, pero nadie parece haberle llevado el apunte. También advirtió que el Big Ben y el Palacio de Westminster están en la mira de los terroristas. Veremos qué pasa, pero no creo que nadie se sorprenda si son blanco de un atentado. Tenemos que prepararnos para ver cosas aún más horribles.
-Con esto y el tono pesimista de muchas de sus canciones cuesta entender por qué lo tituló "Up".
-¡Ah! (exclama con risas) A veces hace falta expresar todo lo negativo que uno tiene dentro para sentirse mejor. Es como el borracho que toma cerveza para disfrutar de la vida justamente porque sabe que ella puede ser bastante miserable.



