Peter Gabriel
El músico dio un gran concierto con una formación sinfónica, la New Blood Orchestra
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Peter Gabriel y la New Blood Orchestra / Arreglos: John Metcalfe / Dirección: Ben Foster / Programa: Canciones de Gabriel, David Bowie y Regina Spektor / Función: Anteanoche, en GEBA.
Nuestra opinión: muy bueno
Peter Gabriel es un músico perfomático casi desde los comienzos de su carrera, como cantante de Genesis. Ya a principios de los 70 afeitó parte de su cabeza de una manera inusual para agrandar su frente (fue punk a su manera) y se colgó de una cuerda para volar sobre el escenario cuando todavía no estaban de moda las compañías de artes escénicas que trabajan en altura. Con la llegada del nuevo milenio montó un escenario circular con varios anillos y sentó al público a su alrededor. En esa gira - Growing Up Tour - anduvo en bicicleta sobre el escenario, saltó y cantó dentro de una pelota gigante y luego caminó por el cielo raso circular del escenario, pies arriba, cabeza abajo.
Suena antipático decirlo, pero lo cierto es que los grupos que en los últimos años se adjudicaron el invento de los shows 360°, en realidad, no han inventado mucho. En cambio, Peter Gabriel fue vanguardista de la más literal de las interpretaciones. Se puso adelante, sin que esa posición fuera su objetivo ni su marketing. Con su nuevo disco, que presentó anteanoche en Buenos Aires, vuelve a ponerse al frente, no por cuestiones ideológicas sino fácticas. Porque New Blood no es el primer disco en versión sinfónica de un artista pop, ni será el último; sin embargo, es uno de los pocos que están realmente bien hechos.
El de anteanoche fue un gran concierto. Buena parte de ese mérito lo tienen, principalmente, el orquestador de este trabajo, John Metcalfe, y, en esta gira latinoamericana, el director Ben Foster. Por supuesto que en un espacio al aire libre la orquesta no suena como en una sala de conciertos. Tuvo la saturación lógica que le da la amplificación y hasta tuvo que competir con el ruido de los trenes que pasaron por el costado del predio de GEBA. Pero, al menos desde la posición de este cronista, sentado a unos treinta metros del escenario, se escuchó bien. Todos los músicos usaron auriculares, por eso el feedback de sonido sobre el escenario estuvo minimizado. Además, el espectáculo en general (esto incluye una excelente puesta audiovisual) resultó de gran calidad.
Excepto por un par de temas que no le pertenecen -comenzó con una muy bella versión de "Heroes", de David Bowie- la mayoría de las canciones fueron escritas por Gabriel. Allí estuvo ese exquisito cuarteto conformado por "In Your Eyes", "Mercy Street", "Don't Give Up" y "Red Rain", de aquel álbum inigualable que es So, y, entremedio, otras piezas con un trabajo orquestal original, brillante. Hubo riesgo en la decisión de escribir ciertos arreglos y en el hecho de llevarlos adelante. El manejo de la dinámica orquestal como recurso expresivo fue fundamental. La opción por la sencillez en temas como "Biko" o el crescendo del final del contrapunto de "The Rhythm of the Heat" fueron grandes aciertos. La precisión fue una cualidad muy destacable porque Gabriel no ha mensurado su manera de cantar a la medida de la orquestación. De ahí que entre su voz y la orquesta surgiera un fluido juego de firmeza y elasticidad en las composiciones. Sólo "Solsbury Hill" (con cita beethoveniana incluida) sonó poco lograda; en cambio, "San Jacinto", con su lirismo, o "Intruder", entre otros, fueron notables hallazgos. Escuchar algunos sutiles pianissimos en un gran predio al aire libre o varios tutti donde la orquesta no cae en la cursilería de ornamentaciones pomposas es un lujo que, en un ámbito así, difícilmente se vuelva a repetir. A menos que Gabriel decida regresar a Buenos Aires.



