
Planeta Calamaro para todos
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Concierto de Andrés Calamaro, anteayer, en el Club Ciudad. Con Calamaro, en voz, guitarra y teclado; Candy Caramelo, en bajo; Julián Kanevsky y Diego Gallardo, en guitarras; el Niño Bruno, en batería; Tito Dávila, en piano y órgano, y Daniel Suárez y Cóndor Sbarbatti, en coros. Apertura del show: Fito & Fitipaldis.
Nuestra opinión: muy bueno
Bienvenidos a Calamaro Planet , un lugar donde el teórico, el portador de esa lengua popular y conversadora, se vuelve práctico. Un sitio donde el rock se siente, pero no se ve. Porque en el planeta de Andrés, ese que bien grafica un logo con el músico y su guitarra parados sobre la Tierra, no hay arengas ni rituales, no hay remeras ni público caracterizado. Eso sí, hay más de 30.000 personas, que coincidieron en el Club Ciudad el sábado por la noche para cantar cada uno de los temas de la lista.
Antes fue El cantante , ahora es La lengua popular y ese deseo que se mezcla con un ego indomable se materializa en los miles de rostros que se transforman al ritmo de una película propia. Y mientras cada cual siente uno de los tantos conciertos posibles que pudo haber ofrecido Calamaro con su banda, él está en escena haciendo lo suyo, habilitando una entrada a su mundo que tiene en "El salmón" a su contraseña. La canción emblema inicia un recorrido por varias de las estaciones en las que detuvo su marcha y "Flaca" lo cierra dos horas más tarde.
En el medio está esa lengua que nunca dejó de ser popular, pero que luego de atravesar varias tormentas se volvió más masiva que nunca. Compañero de ruta, Fito Cabrales y su grupo, Fito & Fitipaldis, se encargaron de abrir el show. Con él, AC compartió su última gira española y con él también gozaría de sus únicas presentaciones porteñas de la temporada. Rock guitarrero, clásico, entre los Stones y los Faces, con pizcas de blues y una referencia, por momentos insistente, al Mark Knopfler de Dire Straits. Un buen aperitivo de más de media hora.
El intérprete
Si "El salmón" marcó el camino, "Los chicos" dio el primer paso hacia la inserción de las nuevas canciones. Pero unas se reunieron con otras, ya sea por ese coro espontáneo de 30.000 personas, que no hizo distinciones entre nuevos y viejos temas, y que sólo guardó algo de energía para el climax final; o por la sobriedad de una banda, que lució y sonó impecable, y los coros de los Bersuit Dani Suárez y el Cóndor Sbarbatti que, más que acompañar a la garganta grave y algo cavernosa de AC, son dos pares de hombros en los que el cantante puede apoyarse cada vez que sus cuerdas le pasan cierta factura.
Como dirían algunos periodistas deportivos, la banda tiene "volumen de juego" y su estratego se encarga de repartir, de administrar esas capacidades. En ese reparto, él se puede entretener con una guitarra o un teclado, pero siempre sin distraer la atención de la fuerza interpretativa del cantante. Por eso hay un termo a mano, con "un mate amargo para endulzar la garganta".
Casi sin palabras, sólo con un puñado de ocasión, Calamaro se concentró en sus estrofas y en las de "Los aviones", "Estadio Azteca", "Loco", "Crímenes perfectos", "Días distintos" y en ese himno entonado con miles de chicas subidas a los hombros gentiles de sus novios: "Paloma". Pudo, incluso, haberse abstenido de invitados y detalles preparados para hacer del concierto una fina pieza de orfebrería. Pero fiel a sus amigos y al reconocimiento a sus influencias, allí estuvieron Cachorro López ("Soy tuyo") y "Ciro Fogliatta fundador", tal como presentó AC al organista de Los Gatos, para tocar "Horarios esclavos", "Canal 69" y para presentar a la banda con un blues de Elmore James ("Madison Blues").
El cantante interpretó "Los mareados", llamó al escenario a Fito Cabrales, recordó a Víctor Sueiro y cerró el show con una "resurrección de rock n roll": "Me arde", "Estrella" y "Alta suciedad", con dos bandas en escena, la suya y la de Fito, el amigo español, y un público que estaba en el apogeo del disfrute. Es que, parafraseando a otro Fito, el argentino Páez, Andrés puso las canciones en los walkman, los radiograbadores y los reproductores de MP3 de toda esa gente que ahora mueve sus cuerpos al vaivén de "Flaca", y a él, el tiempo lo puso en otro lado, en el indescifrable Calamaro Planet .
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