
Polémica sobre la música clásica
Norman Lebrecht dijo que agoniza la industria del registro de obras de ese género
1 minuto de lectura'
"Este será el último año de la industria discográfica de música clásica." La lapidaria y provocadora afirmación es la última "marca registrada" de Norman Lebrecht, el célebre crítico musical inglés.
El autor de textos ácidos como "The maestro Myth" (en referencia a los directores de orquesta) y "Quién mató a la música clásica" ya no escribe en los diarios londinenses, pero conserva una audición en la BBC y mantiene una columna en un sitio de Internet.
Y se ve que sus quejas siguen siendo tenidas en cuenta ya que nada menos que The New York Times publicó una repuesta al pronóstico de Lebrecht, a cargo de uno de sus más destacados críticos musicales, Anthony Tommasini. Su título es elocuente: "Ningún réquiem para los discos clásicos, por favor". Tommasini se muestra duro con su colega británico cuando sostiene: "su análisis es interesante, pero sus conclusiones son absurdas".
Veamos el enfoque de Lebrecht: "Las grandes compañías, que hace una década llegaban a editar 120 títulos por año, sólo producen ahora un par de docenas. Antes competían para conseguir quedarse con los talentos, ahora pelean para deshacerse de ellos". El crítico británico cita en su artículo el caso de Roberto Alagna, uno de los candidatos a suceder a los tres tenores, que según él, fue dejado de lado por EMI.
Con respecto a su también célebre mujer, la soprano Anghela Gheorghiu, el sello multinacional acaba de editar una antología de arias de ópera grabadas por la cantante, pero no tiene otros proyectos en carpeta.
Tommasini, por su parte, no niega que, efectivamente, las "majors" han debido reducir sus ambiciones -y sus dimensiones-, no sólo en el mundo clásico sino sobre todo en el pop, atacadas sus ganancias por una pinza entre la piratería e Internet.
Pero el crítico norteamericano contrapesa la balanza recordando las exitosas experiencias de sellos "chicos", como Nonesuch o Naxos, además de la decisión de crear sus propios sellos por parte de las grandes orquestas sinfónicas.
Lebrecht también cita el caso Naxos, pero lo ve como una excepción a la regla de lo que pasa con el mercado clásico: "Es un resto de actividad luego de la defunción de la industria clásica, algo así como un destello de pluma fuente en una era de biromes".
Lo que queda claro en ambos artículos es que la crisis en el mundo clásico existe y es grave. En todo caso, Lebrecht parece ver el vaso medio vacío (las majors se retiran del género hasta dejarlo exánime) y Tommasini, medio lleno (los sellos con dimensiones más lógicas para el mercado y las posibilidades de difusión de la nueva tecnología tomarán la posta).
Lebrecht descree de los nuevos avances tecnológicos. Según él la era digital "reveló la artificialidad de las grabaciones" y, a la vez, el gigantesco catálogo "que hace que cada sello grande tenga todas las obras más importantes grabadas en algún registro antológico" les cerró la puerta a los nuevos artistas.
Tommasini postula que la situación de crisis lo que obliga es a pensar nuevas variantes. "En las décadas de gloria, artistas como Rubinstein y George Szell hicieron mucho dinero gracias a sus grabaciones. Hoy, con la excepción de un puñado de estrellas, la mayoría de los artistas comprende que las grabaciones de discos no será un modo de ganarse la vida."
Los números, para la industria discográfica multinacional, son fríos y crueles: "Un álbum debut de un violinista -ejemplifica Tommasini- que venda entre cinco mil y diez mil copias a lo largo de tres años será considerado un sólido suceso. Cincuenta mil, sería una venta extraordinaria. Como contraste, EMI pagó 28 millones de dólares sólo para rescindir el contrato de Mariah Carey".
En un tono optimista, Tommasini se dedica a señalar cuál será según su punto de vista el panorama con el que se encontrará el melómano en busca de discos en el futuro inmediato. En el terreno de la ópera, señala la variante del registro en vivo. "La grabación en estudios de una ópera es demasiado costosa actualmente. Las grabaciones en vivo son una alternativa viable, especialmente desde que los ingenieros de sonido se las ingeniaron para grabar y editar dichas funciones sin costuras audibles y con calidades de audio gratificantes."
En lo que respecta a las grandes orquestas, que según Lebrecht son demasiado costosas para los presupuestos de las compañías discográficas, Tommasini ve como una solución la creación de sellos propios. Entre otras consigna las experiencias de la London Symphony o la San Francisco Symphony, que editaron en forma "independiente" sus registros de la ópera "Los Troyanos" y la Sexta Sinfónica, de Mahler (con Michael Tilson Thomas), respectivamente.
La venta directa, a través de Internet, mantiene el contacto con los melómanos, sostiene Tommasini. Al menos, los del primer mundo. Y señala que otra tendencia que se acentuará en el mercado clásico, caracterizado por tener un catálogo gigantesco (sólo basta pensar en la dimensión de un repertorio milenario, desde el canto gregoriano al presente) es la "copia a pedido".
"En vez de manufacturar miles de discos y dejarlos en stock, las compañías incrementarán la toma de pedidos online, a través de Internet y copiarán discos individuales para luego enviarlos por correo".
Para el crítico de The New York Times hay futuro, pero reclama más modestia en las pretensiones de los artistas. Y de los consumidores: "los discos copiados individualmente no llegarán en bellos packaging".
1- 2
La postura de Zaira Nara luego de que Paula Chaves expusiera sus chats: “El tema no da para más”
3Trabajó en Friends y en Beverly Hills 90210 y es hija de dos íconos de Hollywood: así está hoy Jennifer Grant
- 4
“La causa está frenada”: fue un famoso cantante, vivió un gran amor, pero tuvo un trágico final y hoy sus hijos piden Justicia

