
Premian a un tenor argentino en Alemania
El cordobés Marcelo Alvarez, elegido mejor cantante del año
1 minuto de lectura'
BERLIN.- Con una gala en la Alte Oper de Francfort, la Deutsche Phono-Akademie distinguirá hoy por segunda vez (ya lo hizo en 2000) al exitoso tenor argentino Marcelo Alvarez, con el premio Echo-Klassik 2002 al mejor cantante masculino del año por su tercer disco "French Arias" (arias francesas), editado por el sello Sony. El renombrado premio (una suerte de Grammy alemán que desde 1994 refleja la creatividad y el éxito de los músicos y sus respectivas compañías grabadoras en el mercado local) es otorgado anualmente, sin dotaciones de dinero, a los artistas internacionales cuya destacada labor ha contribuido a la difusión del género en su más alto nivel. Entre los parámetros de esta selección se cuentan no sólo el rendimiento artístico de la grabación, sino también el efecto público y el resultado económico del registro.
Mientras nombres de la talla de Daniel Barenboim, Simon Rattle, Isaac Stern, Cecilia Bartoli y Joan Sutterland, entre tantos otros, son los que aparecen en anteriores Echo-Klassik, este año se suman a la prestigiosa lista de celebridades galardonadas, además del cordobés Alvarez, la soprano rumana Angela Gheorghiu, Maurizio Pollini por su trayectoria, el pianista Eugeny Kissin, el violinista Nigel Kennedy, Claudio Abbado, Yo Yo Ma y Murray Perahia, entre otras grandes figuras. En la ceremonia de entrega de premios, a la que asisten importantes personalidades de la música, la cultura y la política, Alvarez cantará junto a la Orquesta del Museo de Francfort, con la dirección de Paolo Carignani. Como es tradición, dicha entrega estará conducida por la actriz Senta Berger y la cadena ZDF la transmitirá por televisión para todo el país.
Arias distinguidas
En su última placa, "French Arias", grabación que le ha valido el elogioso rótulo de "legítimo sucesor de Kraus" en la portada de medios europeos especializados y la distinción del premio Charles Cross de París, Alvarez interpreta con inspiración y acierto catorce arias de elegante estilo francés, compuestas por Gounod, Massenet, Donizetti, Verdi, Meyerbeer y Rossini, en compañía de la Orquesta y el Coro de la Opera de Niza, dirigidos por Mark Elder.
Nada menos que el Covent Garden de Londres, la Scala de Milán, la Bastille de París, las óperas de Viena, Munich, y, desde su debut en febrero pasado, también el Metropolitan de Nueva York, son los habituales teatros en los que Alvarez, el argentino más reconocido del mundo de la ópera y "uno de los tenores más musicales y de mejor estilo que haya surgido en la escena actual, desde Kraus y Gedda", según lo calificó el británico The Sunday Times, se encuentra en su casa como protagonista de los aclamados héroes de la lírica.
Hoy, a sólo diez años de haber comenzado en el canto operístico, en su Córdoba natal, cada paso de la trayectoria del cantante confirma la merecida posición que Alvarez ocupa como uno de los tenores más requeridos del momento. Sobre este premio y otros varios temas, Marcelo dialogó con LA NACION.
-¿Qué paso ha significado en tu carrera abordar el repertorio francés?
-Cantar este repertorio fue como llegar a un punto elitista: por ejemplo, el de hacer todas las nuevas producciones de los grandes teatros que requieren un Werther, un Romeo o un Hoffmann, y que me llamen a mí como antes lo llamaban a Alfredo Kraus. Creo que la música francesa se amolda mucho a las características de mi voz, que es bastante romántica, sobre todo en el manejo de la voz alta, el trabajo sobre el aire sin hacer fuerza, el uso del pianissimo, etc. He trabajado mucho también con el idioma para mejorar mi pronunciación y en verdad es agradable cuando, cantando en Francia, la crítica pondera mi francés. Eso me llena de orgullo porque lo conseguí con estudio.
-¿A qué te referís con lo de "haber alcanzado un punto elitista"?
-Sobre todo al público. El abordar este repertorio a un gran nivel y en grandes teatros no es lo esperable siendo sudamericano. Lo que más se espera de nosotros es que nos dediquemos al repertorio italiano o que, en caso de abordar el francés, lo hagamos en teatros de segunda línea. Es decir, no en las nuevas producciones de los grandes teatros de Viena, París, Munich o en el Covent Garden... Eso llama la atención. Creo que mi repertorio francés está gustando porque, en ciertos momentos, tiene una pequeña cuota de "latinidad". Cuando el tenor tiene que cantar con toda su voz, ahí aparece la parte latina que viene con toda su pasión. Luego, claro, hay que saber cantar el pianissimo, legato... ser muy dúctil.
-¿Esperabas tan buena repercusión del trabajo en "French Arias"?
-El hecho de poder desarrollar mi canto con el repertorio francés me da una gran alegría y creo que de este disco sí esperaba un premio, porque lo trabajé con mucha vocación, fuerza, coraje y humildad. Y bueno... esperaba que la prensa me considerara bien, aunque no tanto, tal vez.
-¿Alguna de estas óperas o de estos personajes es tu preferido?
-"Pourquoi me réveiller?" Porque es el aria con la cual empecé lo francés y a partir de una oportunidad en la que tenía que ser el segundo de Kraus, en Génova, cantando Werther. En ese momento murió su mujer, o estaba ya muy enferma, y él canceló. Entonces el director me dio el rol y todo el mundo lo criticó por "permitirse darle una nueva producción a un sudamericano, cuando tenía que ser nada más y nada menos que con Kraus". ¡Todo eso antes de la premiére! Pero el director insistió, el público cambió de opinión y la crítica me escribió muy bien. Ese fue mi primer paso. Después una cosa trajo la otra y hoy me encuentro con que soy un cantante "especialista francés".
Una carrera notable
-¿Con qué ideales llegaste a Europa y cómo han ido cumpliéndose tus sueños?
-Me vine con dos valijas y un montón de ilusiones, sobre todo para estudiar, pero nunca imaginé que empezaría a trabajar tan rápido. Cada día que pasa me asombro de mi calendario, de los teatros en los que canto, de los premios... pero como ser humano, estoy siempre con los pies en la tierra y aunque la crítica me diga que soy el número uno, no canto para eso, sino para dar alegría y por el orgullo mismo de querer hacer las cosas siempre bien.
-¿Cuáles han sido los hitos de ese recorrido hasta hoy?
-Uno fue cuando canté ese Werther en Génova y luego "I Puritani" en Bolonia y en Módena (la ciudad de Pavarotti), donde tuve un éxito increíble. A partir de allí, en 1997, mi carrera tomó vuelo y comenzó a hacerse internacional. Y tanto fue así que en el 98 ya había debutado en todos los grandes teatros. Ese fue otro año muy especial, aunque con un estrés terrible: firmé mi contrato con Sony, grabé mi primer disco... no tenía ni tiempo para respirar. Creo que recién ahora estoy gozando y viviendo con más tranquilidad.
-¿En qué aspecto de tu personalidad artística te apoyás principalmente?
-En lo que me dijo Giuseppe Di Stefano (uno de los tenores más célebres del siglo pasado, compañero en el escenario de Maria Callas), cuando me escuchó en 1994: "¿Sabés lo que tenés vos, que no tiene la mayoría de los cantantes? La intuición. Guiate por vos mismo, seguí tu instinto, porque eso te va a salvar siempre". Y cuando tuve crisis, ésa fue siempre la solución. Salir por mis propias fuerzas, pero también con Patricia, mi mujer, y mi hijo, que siempre me acompañan y me soportan. Creo en mí, y el día que deje de creer en lo que hago tendré que abandonar esta carrera.
-Como un modelo para los jóvenes que desean acercarse a la ópera, ¿qué consejo les darías?
-Lo que trato de hacer cuando me encuentro con jóvenes, por ejemplo en las clases magistrales que me pide el Covent Garden o la Bastille, es inculcarles la confianza en sí mismos. El alumno espera que el maestro le resuelva todo y eso no es así. Lo que hay que hacer, en realidad, es que cada chico crea en sí mismo, que no dependa del maestro, que estudie por su cuenta y que no se conforme con ser mediocre, porque es muy fácil tener voz y no estudiar. El problema es que hay que educar la voz, estudiar todos los días y... ser humilde, porque los jóvenes tienen ansiedad y ganas de llegar al éxito rápido. Eso es imposible. Se necesita madurar y crecer, y sólo se crece con el estudio.
-¿Te han propuesto alguna vez dar una de esas clases en el Colón?
-Quizá me llamen cuando sea más grande... pero lo veo difícil. Con nosotros siempre pasa eso de que "nadie es profeta en su tierra".
-Con relación al debate originado en torno de la inclusión de conciertos de música popular en el Teatro Colón y de acuerdo con tu experiencia internacional, ¿cómo funciona la programación en las grandes salas líricas?
-Alguna vez he visto que se hace algo, pero en realidad muy poco, porque la verdad es que no quieren prestar tanto los teatros para ese tipo de género.
-¿Qué opinás al respecto?
-Yo haría ese tipo de eventos sólo muy de vez en cuando y mucho más selectivo. No es que esté en contra de los otros géneros, pero en el Colón, ante todo, debe estar la lírica, luego el ballet y lo sinfónico, porque está hecho para eso. La gente del tango, del folklore y demás pueden cantar en cualquier parte; en cambio, nosotros no. Por otra parte, la amplificación, arruina la estructura. Creo que tenemos que preservar este teatro desde lo clásico, porque el Colón es una de las pocas cosas que nos quedan para vivir de lo que fue una época de esplendor, en que era el tercer teatro del mundo, y de lo que hoy sólo nos quedan migajas. Y si pensamos seguir tirando todo... ¡¿por qué no lo quemamos, hacemos un anfiteatro moderno y chau?! Tenemos que poner esa sala como era antes. La Scala, por ejemplo, alquilaba muchas de sus producciones y recién hoy, poco a poco, tiene lo necesario para autoabastecerse. En el Colón tenemos todo en el tercer subsuelo para hacer telones, carpintería, etc., y no usamos nada. ¡Veamos las cosas y empecemos nuevamente de cero, pero con amor a nuestro teatro! Y yo creo que ese amor tiene que nacer con la lírica. Sé que el público no ayuda, pero creo que eso es porque las direcciones son malas, porque cuando hay espectáculos buenos, los teatros están llenísimos. Entonces, por favor, ¡pongámonos de una vez por todas a trabajar en serio! Los argentinos tienen necesidad de cultura: somos hijos de inmigrantes, hijos de europeos que vivían con la ópera. Además, por el orgullo que este teatro nos da ante el mundo, el Colón tiene que ser elitista. De lo contrario, sólo vamos a destruirlo.
- Alvarez recibirá hoy el prestigioso Echo-Klassik por segunda vez: ya lo había ganado en 2000
1
2La empleada: una previsible adaptación, que no remonta ni con nombres fuertes en su elenco
3En fotos: de Zaira Nara a los besos a China Suárez y Mauro Icardi en Turquía, así recibieron los famosos el año
4Cómo será la operación que le realizarán a la cantante Pink: “En 2026 dejo atrás todo mi dolor”


