
Promesas y armonías
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Presentación de Tomás Becú Cuarteto , con Mariano Loiácono en trompeta, Tomás Becú en guitarra, Julián Montauti en contrabajo y Hernán Mandelman en batería. Próximo show: el miércoles, a las 22, en Uanchu, Guatemala 4778.
Nuestra opinión: bueno
Entre las innumerables propuestas que siguen asomando en la escena local, la del guitarrista Tomás Becú mostró un concepto interesante, basada sobre una forma de reunir diferentes influencias con una mirada moderna y desestructurada.
La música de Becú tiene por un lado la composición y por el otro la revisión de materiales conocidos con los que logró una propuesta refrescante. Se trata de un guitarrista con variadas influencias pero, especialmente, se presiente la de Bill Frisell, de quien tomó una forma casi idéntica de construir atmósferas y resolver, incluso, esa fusión entre el jazz y otros géneros, como el country.
Con una Gibson Firebird Inreverb, como la que hizo famosa Johnny Winter, y tres uñeros, Becú tomó en casi todas sus composiciones por el camino del blues. Tanto "Lunes" como "Bushwick" dejaron en evidencia un mundo rico en arreglos; en casi ninguno de los temas tocados este joven músico se mostró lineal, sino que más bien desarrolló diferentes mundos sonoros desde los que edificó su propuesta. Con él, una de las más interesantes sorpresas que deparó el jazz en los últimos tiempos, el trompetista Mariano Loiácono, un joven artista de excelente sound y que reúne una sólida técnica devenida de su etapa clásica junto a una creativa forma de abordaje.
Su sonido está hecho de buen metal, al tiempo que sus ideas parecen tomadas de un cruzamiento entre líneas de neoclasicismo jazzístico aunque con una articulación moderna. Su estilo está plagado de sabores hardbopper, en el que ataques y silencios se mantienen en un estimulante equilibrio. Su manera de abordar las improvisaciones no es mecánica; por el contrario, en cada una de sus intervenciones mostró que tiene salidas creativas para cada clima.
La sección rítmica evidenció, por su lado, mucha química. Mientras que Julián Montauti exhibió un sonido gordo y lleno desde su mueble fino, Mandelman trabajó en una sintonía similar, creando desde atmósferas muy abiertas sobre los tambores. Ambos desarrollaron un ensamble interesante y curioso por una yuxtaposición que sonó natural. Los dos se mostraron a veces invasivos, a veces ubicuos.
El trabajo de Becú no sonó del todo preciso; en efecto, mientras que sus composiciones tienen su sello en los permanentes cambios, en su labor como solista, al menos en esta oportunidad, no destacó. Sí mostró ser un armonizador inteligente y con ideas que muchas veces no quedaron del todo claras.
Su versión de "Danny Boy", que tuvo una introducción sólo con el baterista, mostró su potencial y una frescura interpretativa que puede convertirse en desprolijidad. Un músico interesante en una necesaria etapa de despegue.
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