Reediciones: un mundo de sensaciones
Este fue el año de los aniversarios, las reediciones originales de extralujo, la recuperación definitiva de formatos como el vinilo, y un momento perfecto para que la industria musical redescubra, nuevamente, que los catálogos siempre son una buena fuente de ingresos, sobre todo en la era digital. Para los melómanos o simples aficionados, fue un año en el que nos volvimos a encontrar -gracias al fervor de las majors por exhumar cadáveres sonoros- con aquellos discos que siempre seguimos escuchando y otros que habían pasado al olvido porque se habían perdido sus ediciones en CD. Así recibimos con alegría la reedición completa de la obra de Mercedes Sosa, con su arte de tapa y sus textos originales para Polygram (Universal) invaluable en su contenido y síntesis de la historia de la música popular argentina de las últimas cuatro décadas.
Revivimos en retrospectiva la sensación (piel de gallina) de escuchar por primera vez el sonido furioso de "aquella" guitarra incendiaria de Pete Townshend en la reedición de Quadrophenia (1973) de los Who; practicar el paso del pollo de Jagger al compás de "Miss You", el hit de Some Girls ahora reeditado con bonus track, bajo la supervisión de Keith Richards y Jagger; o empacharse de música con las ediciones completas y remasterizadas de los discos de Pink Floyd y Queen, cuando Freddie Mercury era el amo y señor del pop en los ochenta.
Alentados por ese afán revisionista las compañías discográficas también relanzaron en discos "mejorados" (en algunos casos con sensibles cambios en la incorporación de inéditos) títulos que impactaron los años 90 como Nevermind , Atchung Baby y Screama delica.
En materia local, el rock y el tango unieron su espíritu contracultural al editar sus trabajos en vinilo, alternativamente al CD, artistas como Babasónicos, Catupecu Machu, El Arranque, El Güevo y la Fernández Fierro. Una manera de restaurar el aura del álbum conceptual y la cultura del disco por sobre la descarga indiscriminada para "estar al día".





