Rosalía, un fenómeno pop que rompe con las reglas flamencas

Rosalía
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Gabriel Plaza
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16 de noviembre de 2018  

La salida de El mal querer, el segundo disco de la cantante Rosalía, causó todo un alboroto: el día de su lanzamiento, el disco tuvo 18 millones de oyentes en Spotify y los artistas Dua Lipa y Pharrell Williams se declararon fans. Las cifras no dirían mucho si El mal querer no fuera una obra maestra de esta catalana de 25 años que consiguió en el siglo XXI disipar las fronteras entre el flamenco y los ritmos urbanos: un arte ancestral y de digestión lenta, como señaló el especialista Manuel Gómez (el Gufi), fluye naturalmente en este disco con el espíritu del trap y el hip hop para millennials.

Rosalía canta como una vieja y construye desde el sonido experimental y la estética urbana de su generación, un producto contracultural de consumo pop. A su manera, rompe los cánones de la época como lo hizo Camarón de la Isla en La leyenda del tiempo, en 1979, cuando introdujo el sonido del rock sevillano, y lo mismo que Enrique Morente logró con Omega, en 1996, cuando experimentó con la banda punk Lagartija Nick.

Con Los Angeles, su primer disco producido artísticamente junto al guitarrista Raúl Refree (el mismo que había producido a la descollante Silvia Pérez Cruz), la artista había revelado un arte inspirado en el flamenco que dejó boquiabiertos y desconcertados a los especialistas del género: fue la gran revelación del festival Sónar en 2017.

El mal querer lleva el arte de Rosalía más lejos y declama su ambición como artista: en el arte de tapa aparece vestida como una diosa del olimpo gitano construido por el diseñador surrealista Filip Custic. El álbum conceptual, dedicado al sufrimiento y el poder de las mujeres, está dividido en escenas, como una obra de Lorca. Las canciones narran las inseguridades, los miedos, el descenso a los infiernos y las transformaciones de una mujer en pareja. En los diez capítulos del disco, que abre con la formidable "Malamente" y que finaliza con "A ningún hombre", Rosalía termina de crear un mundo propio junto al productor electrónico El Guincho, donde cruza el loop de guitarras flamencas y palmas de bulería con el flow del trap, voces con autotune y la influencia del pop.

El universo de Rosalía es amplio y tiene hondura. En el disco participan el rapero C Tangana, los arreglos de cuerdas son de Joan Alberto Amargos (Serrat), los videos en línea son de la productora Canadá (The Weeknd) y las coreografías de Charme La Donna (Kendrick Lamar).

El flamenco de Rosalía es molecular. Como logra Ferran Adrià en sus platos, su música tiene otro aspecto, aunque sabe a flamenco y rhythm & blues. Es un potaje que mezcla el sentimiento ancestral de los gitanos con el beat moderno. Cuando Rosalía canta, aparecen el imaginario de Bodas de sangre y también el Lemonade de Beyoncé. Entonces, todas las etiquetas quedan viejas.

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