Rosario Bléfari: sus discos esenciales

La cantante, actriz y escritora Rosario Bléfari murió a los 54 años
La cantante, actriz y escritora Rosario Bléfari murió a los 54 años Fuente: RollingStone - Crédito: Archivo
Oscar Jalil
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6 de julio de 2020  • 18:54

La voz de Rosario Bléfari llegó por primera vez a través de un cassette de la legendaria revista Ruido, un split compartido entre Juana La Loca y Suárez, la banda en donde se destacaban las guitarras oblicuas y el tono aniñado de una actriz y poeta del under porteño. Tal vez por eso las letras parecían guiones para escenas fugaces o poemas urgentes en medio de la letanía del año 92. El segundo acto quedó inmortalizado en el compilado de la agitadora Ruido: un CD en el que aparecían junto a ilustres inadaptados como Los Brujos, Resonantes, Demonios de Tasmania y Tía Newton. De todos esos nombres, Suárez creció de a poco con cuatro discos claves del rock indie cuando nadie usaba el diminutivo para referirse a un estado de ánimo autogestivo y de acciones rupturistas. Quizás Excursiones sea la mejor prueba con tanques llenos de un pop enrarecido y una épica tan natural como la frase "Demoliendo y construyendo por la diagonal".

Casi por casualidad apareció Cara en el fatídico 2002, un CD sin tapa con una serie de bosquejos que anticiparon el debut solista de Silvia Prieto, la actriz lanzada a los protagónicos del rock con algo de esa melancolía y absurdo que identifican a las películas de Martín Rejtman. Convertida en diva de tapa para Estaciones a la velocidad proto-punk de Misterio relámpago y Privilegio, solo describen nuevos recursos escénicos casi tan diversos como los proyectos de bandas al frente de Sué Mon Mont o compartiendo cartel con Julián Perla (Mi Pequeña Muerte) en Los Mundos Posibles. Sin un plan ni una marca de ambición, la Bléfari permanece en una serie de discos esenciales rociados de gestos bravos, relatos amorosos y sutilezas feministas.

Suárez - Hora de no ver (1994)

En plena edad de oro de la generación sónica, Suárez interviene el sistema conocido con mucho noise y un discurso más literario que irreverente, y la voz de Rosario Bléfari inaugura un nuevo estilo de cantante parada al frente de una banda de hombres, misterio y sugestión para espantar prejuicios. Los discos de Los Gatos y Sonic Youth conviven como brújulas de la misma fábrica de sonidos. Menos es más todo el tiempo, pocos recursos técnicos y mucha imaginación para hablar sobre "Susme" o "El ídolo".

Suárez - Horrible (1995)

Es el disco más querido por Rosario Bléfari. En varias entrevistas la cantante se refirió a Horrible como un estado de descubrimiento y plenitud luego de superar el trance del estreno. La banda marcada por la base de Diego Fosser y Fabio Suárez, todavía permanecía como un quinteto de guitarras en tensión a cargo de Gonzalo Córdoba y Marcelo Zanelli. En la habitación low-fi, Blefari escribía el guión con retazos de conversaciones, ruidos varios y algunas melodías para espantar el sueño. Buena parte del indie argentino del Siglo XXI le debe más a "Guantes de piel" que a "Patinador sagrado".

Suárez - Excursiones (1999)

Constituido en cuarteto desde Galope (1996), Suárez se despide sin saberlo con un disco preciosista, cargado de estribillos adhesivos y un modo muy personal de elaborar himnos pop como "Río Paraná" o "Excursiones". Pero los modos de corromper a la canción siguen presentes en el minimalismo de "El imán" o las cadencias de bossa-espacial de "El camino". Antes de cerrar la historia, la banda deja otro gesto de estilo original: graban cinco temas de los inmensos Le Mans para cerrar o abrir otro círculo de ensoñación en el indispensable 29:9:00 editado por Indice Virgen.

Rosario Bléfari - Estaciones (2004)

Diáfano como las canciones que fluyen de esos discos rioplatenses con los temas como amuletos a prueba de calamidades, Estaciones es dream-pop en los modos de elaborar melodías y resolver los estribillos. Costumbrismo en letras para caminar la ciudad o frenar el tiempo en ese calendario de sensaciones que le da título al álbum. Incomprendido en su momento, el auténtico debut solista de Rosario sigue elevándose en el groove de "Mediodía" o el amor empoderado que revela "Exacto".

Sué Mon Mont - Sué Mon Mont (2014)

A modo de epifanía surgió el nombre de la banda con traducción imposible, un sueño que Rosario transformó en obra junto a Gustavo Monsalvo (Él Mató a un Policía Motorizado), Marcos Díaz (Bosques) y Tifa Rex (Los Reyes del Falsete). Nunca antes la reina madre del indie-rock argentino contó con tantos buenos riffs para colorear sus instantáneas de la educación sentimental: idilios fugaces ("Besos"), errores de percepción ("Cambio de andén") y pulsión sexual ("Entrega") son temas ideales para una voz que ya no suena tan aniñada y suma sugestión en sus versos cercanos, casi un observatorio de relaciones. La memoria Cobain ("A tu ritmo"), guitarras del futuro ("La misma piel") y hasta el punk-noise ("Diferencias") mejoran el estado de eterna y adorable juventud sónica.

Los Mundos Posibles - Pintura de guerra (2018)

"No creo que el amor sea igual a una historia trágica", cantan al unísono Rosario Bléfari y Julián Perla (Mi Pequeña Muerte) en "Condenados", una maravilla pop que invade el mundo de la canción romántica sin pasar por los clásicos estados de insatisfacción y tortura. El amor como milagro tangible tiene sentido en "La guerra del Japón", otro hit para una nueva educación sentimental. A dos voces, asistidas por cadencias de guitarras suaves y teclados teletransportadores, Los Mundos Posibles construye una sociedad del detalle que dialoga sobre el discurso amoroso: lo interpela ("Daba para más"), trabaja la melodía mientras el lamento nunca llega al llanto ("Donde ruge") o, simplemente, describe la complejidad de toda relación ("El contacto").

Rosario Bléfari - Sector apagado (2019)

"Tuve que aprender el arte musical", canta Bléfari en la estrofa inicial de "Costa Brava", casi una confesión a favor del camino recorrido. Luego de años de proyectos compartidos, la voz de Suárez vuelve al campo solista con un disco que hoy parece un greatest hits ante un inapelable tiempo de ausencia. Tanto en audio como en swing, Sector apagado tiene rasgos de disco definitivo: permanece el vigor de sus álbums after-punks ("Refugio") y canciones para entender la melancolía ("Sus animales") o bailar en los escombros de la vida que tuvimos ("Región central").

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