
Salvatore Sciarrino, un renovador
Nacido en 1947, es uno de los más destacados compositores de la actualidad Sus creaciones, sobre todo sus óperas, son cada vez más escuchadas en Europa y en los Estados Unidos
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PALERMO.- La última sesión musical del Festival Nuevas Carreras 2002 estuvo precedida por la presentación del libro "Carte da suono (1981-2001)", de Salvatore Sciarrino. La obra, muy extensa y sustanciosa, incluye los pensamientos y reflexiones escritos por el compositor, nacido precisamente en Palermo en 1947.
Cabe recordar que la música de Sciarrino estuvo presente en Buenos Aires en el Sexto Festival de Música Contemporánea que se viene realizando en el Teatro San Martín, y en dos oportunidades: cuando Irvine Arditti interpretó sus "Seis caprichos" para violín solo y en la función del violista Garth Knox, que tocó los "Tre notturni brillanti", ambos con gran respuesta del público.
Después del concierto donde se estrenó su "Cavatina e i gridi" y de la cena que se llevó a cabo en el Palazzo Fatta, la sede de la Asociación Siciliana Amigos de la Música, Sciarrino se sentó, plácidamente, con este cronista y ofreció algunos de esos pensamientos esenciales, ampliamente expuestos en "Carte da suono". Cuando se le explica que, a pesar de su trascendencia, su nombre y su música no son particularmente conocidos en la Argentina, aclara inmediatamente: "No tiene que sentirse mal, en Italia mayormente tampoco. En la actualidad recibo mucha más aprobación en otros países de Europa. Ahora hay una reconsideración sobre mi música, luego de la muy favorable repercusión de mis óperas en el resto de Europa y en Estados Unidos".
-Aquí el público oyó por primera vez "Cavatina e i gridi". ¿Cómo evalúa su reacción?
-No puedo saberlo. Lo importante no es si el público entendió o no mi obra, sino si se sintió tocado o no por ella. Y entiendo que mucha gente haya sentido rechazo porque mi música es esencialmente fisiológica y no toda la gente quiere ser sacudida. Mi música no es complaciente. Yo no estoy de acuerdo con que deba provocar placer, y, más aún, en el sentido más nimio de la palabra, aquel que hace referencia a la sencillez y a la diversión. A lo largo de todos los tiempos y todas las culturas el arte tiene que ofrecer las posibilidades de sublimar los dolores de la vida. Y eso también puede ser motivo de otro tipo de felicidad.
-En esta obra se pueden percibir segundas y terceras descendentes como motivo esencial. ¿Tiene alguna vinculación con la figura barroca para representar las lágrimas?
-Su observación es correcta, pero es mera coincidencia. Por otra parte, las segundas y terceras no son exactas, ya que no son temperadas y el título cavatina sólo hace referencia a que no hay reprises y a que es esencialmente monódica. Pero, además, no busco vincular mi música con ninguna expresión del pasado. La mejor manera de oír mis obras es partir de cero, vivirlas como algo nuevo y único. Mi idea musical tiene que ver con el presente, lo que sucede ahora, en el momento de la ejecución, cuando algo movilizador se está produciendo. De esta manera se pueden establecer muchas conexiones y puedo conducir al oyente hacia otros rumbos, radicalmente diferentes.
-¿Podría definir algunos de los objetivos que busca con su música?
-Es muy difícil de responder. En lo conceptual, trato de que mi música pueda dar al oyente una nueva dimensión y una nueva integridad a sus sensaciones. Pero para lograr este objetivo hay que escucharla desde otra posición, de otra manera. La música no está hecha de notas, sino de sonidos, y a ellos hay que prestarles atención de un modo apropiado.
-¿Usted considera que habría que ayudar al público para prepararse para estos nuevos modos de atención musical?
-Hay que hacer una distinción. El público no habituado a la música clásica es mucho más abierto. Con él se pueden lograr momentos colectivos e individuales fantásticos, ya que no tiene mayores problemas en tratar de integrarse a otro tipo de experiencia. La aceptan o no, pero entienden lo que yo quiero. En cambio, en el público tradicional hay mayores rechazos. Mayormente, no encuentro que estén dispuestos a la vivencia de ser renovados por un nuevo tipo de propuesta musical.
-¿Cómo debería favorecerse, entonces, el vínculo de los beethovenianos, por ejemplo, con las experiencias que usted propone?
-En realidad, la gente no conoce a Beethoven. Ellos lo oyen, pero no lo entienden. Si pudieran comunicarse con lo esencial de Beethoven les desagradaría. El es alguien que está siempre en contra tuyo, violentando las reglas "naturales", algo que se puede percibir, incluso, después de dos siglos. En todo caso, si se buscara acercar a los amantes de la música clásica no habría que hacerlo a través de la explicación del lenguaje o de las técnicas compositivas, como hacen muchos compositores, favoreciendo el establecimiento de la corporación de los superiores que lo entienden. El arte no es para especialistas, sino para todos los seres humanos. Las soluciones y las aproximaciones podrían venir de visiones multidisciplinarias y pluralistas. Hay que integrar la música a las otras manifestaciones artísticas y culturales contemporáneas y verla dentro de un todo que es nuevo y diferente. Pero esto implica riesgos y compromisos y cada uno sabe hasta dónde está dispuesto a enfrentarse con esta propuesta.





