Santi Celli: la recomendación de Chano, la colaboración con Ale Sergi y el recuerdo de Salvapantallas
El músico cordobés, radicado hace siete años en Buenos Aires, habla de Tranquilo, su nuevo álbum
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Tranquilo, así se siente Santi Celli tras tomarse tres años para grabar un nuevo álbum sin lanzar ningún single en el medio. Un comportamiento poco común en esta época que exige visibilidad constante. Tranquilo, así se llama también su nuevo trabajo, en el que el compositor experimentó con ritmos más lentos, como el soul y el R&B, sin dejar de lado las melodías pop que caracterizan su carrera solista. “Es un adjetivo que de alguna manera me define, pero a la vez es una advertencia de que todo en esta época va muy al palo. Creo que en los procesos creativos los tiempos tienden a acelerarse por necesidades algorítmicas y comerciales, pero yo no soy el tipo de artista que se siente cómodo con esa velocidad de hacer las cosas para alimentar la maquinaria”, admite.
–¿Cómo se siente tener la libertad de componer sin fechas de entrega?
–Hace rato que me quería tomar el tiempo para hacer un disco entendiendo un poco mejor qué quiero decir, qué clase de artista quiero ser y cuál es mi punto de vista en esta época que ya es bastante distinta a 2023, porque hubo un montón de tecnologías disruptivas y de factores sociopolíticos que cambiaron en el mundo y en la Argentina. Desde que terminé Salvapantallas en 2019 saqué tres discos porque necesitaba repertorio para tocar en vivo, pero ahora que lo tengo quise parar la pelota. Tuve que bancarme que los números bajaran y desaparecer un poquito de la escena, pero son los costos que asumí para poder evolucionar. Fue un proceso personal, no porque tenga la posta, sino porque estoy detectando que si no tengo respeto por mis propios procesos no voy a poder darle a mi público mi mejor versión. Creo que hay mucho de Tranquilo que tiene que ver con no poner el audio en 2x, con no pedirle a una inteligencia artificial que me resuma un ensayo o una nota, sino con bancar el proceso, regar la plantita y esperar hasta que crezca.
–Uno de los males de este tiempo es el déficit de atención...
–Eso y lo rápido que envejecen las cosas. Me llama mucho la atención lo difícil que es conseguir un hit. El éxito de cualquier canción, por más pegadiza que sea, dura dos segundos. Hoy todo tiene una fecha de vencimiento cada vez más corta porque la vida va más rápido. Esta falta de atención que todos sufrimos, y de la que somos víctimas y cómplices a la vez, lleva a que el presente musical sea raro e impredecible, porque las fórmulas que podrían ser exitosas ya no funcionan como antes. Me duele lo difícil que es para cualquiera escuchar un disco completo o leer un libro porque, si perdemos profundidad como consumidores, eventualmente vamos a perderla como artistas.
–¿Cuánto influyó en esta decisión de hacer las cosas más despacio la vorágine que viviste con Salvapantallas, el dúo que formaste con Zoe Gotusso, cuando se hicieron virales?
–Fueron años locos porque pasamos de tocar en bares de la ciudad de Córdoba a estar tres años de gira, prácticamente sin volver a casa. Al final nos terminamos mudando a Capital porque la vida la teníamos más acá que allá. En ese tiempo nos vimos obligados a ir aprendiendo a ser profesionales sobre la marcha porque había un montón de cosas que no sabíamos. También teníamos muchas exigencias externas porque todos te dicen que cuando un proyecto va bien, hay que aprovechar la oportunidad. Nosotros lo entendíamos también de esa forma, pero nadie te explica cómo va a ser eso ni todo lo que implica: de cuánto ponés el cuerpo y perdés tus rutinas y también cuántos aprendizajes truncás en ese camino.
–Con Salvapantallas se hicieron virales tocando covers, pero después empezaron a hacer sus propias canciones. ¿Cómo fue ese proceso de animarse a mostrar material propio, primero como dúo y después como solistas?
–Fueron procesos que requirieron plantarse ante el miedo a perder algo. Sabíamos que al pasar de las versiones, que estábamos seguros de que iban a funcionar, a tocar nuestras canciones teníamos mucho para perder porque a mucha gente no le iba a interesar, pero también sabíamos que teníamos algo para ganar, que era salir de ese lugar de versionistas para ser tomados más en serio en la escena. Había gente que al principio nos prejuzgaba y que después se dio cuenta de que teníamos algo propio para decir. Con mi proyecto personal el desafío fue encontrar mi voz y mi identidad como artista porque en Salvapantallas yo no llevaba la voz principal, sino que tenía un rol con menos exposición.
–El primer corte del álbum es una canción que se llama “Antisocial”. ¿Por qué hacer una canción pop sobre una cuestión que está más vinculada a lo que algunos tildan de perdedores?
–El acto de socializar es un tema que está en agenda, porque las relaciones entre las personas cambiaron en el último tiempo por causas como el exceso de trabajo y las redes. No es algo que me pase a mí, pero lo cierto es que hoy queda poco resto al final del día para estar en una reunión, en una fiesta o en alguna situación que te expone frente a un montón de gente, y tenés que estar pensando en cómo hacerlo. La canción habla de aflojar esa tensión, de que está bien volver a estar con uno mismo para después poder volver a esa situación social. A mí me divierte desarmar la imagen preestablecida de lo que es ser un ganador o un perdedor. La música pop es un buen vehículo para este tipo de narrativas porque, como es más liviana o más fácil de asimilar, termina siendo una plataforma que permite tratar ciertos temas con contraste y causar reacciones inesperadas. Al final, quizás el ganador no es el que se queda hasta el final, sino el que se va a la mitad de la noche porque así se siente bien.

–Grabaste “Antisocial” con Ale Sergi. ¿Fue diferente trabajar con él que con Miranda!, con quienes regrabaste “Pasaporte” en 2021?
–Para mí, Miranda! es la banda de pop número uno de la historia argentina. No hay muchos artistas que puedan dar un show de dos horas con hits que cualquiera se sabe de memoria. Su repertorio es eterno y universal. Por eso cuando hicimos una sesión en vivo con las canciones de mi primer disco yo recién los conocía y quería molestarlos lo menos posible, pero le pusieron la mejor onda. Después con Ale se fue tejiendo una amistad a lo largo de los años, así que para esta canción le mandé un mensaje y le dije: “Tengo este tema. Hay una inspiración muy fuerte en tu música. Vení a cantarlo conmigo o mandame una carta documento, lo que vos quieras”. Se rió, lo escuchó, le gustó, fui a su estudio y lo grabamos.
–Otra de tus colaboraciones más célebres fue con Chano. ¿Cómo fue grabar con él?
–Fue una experiencia súper linda. Antes de eso había hecho una canción con Bambi. Me invitó al estudio casi sin conocerme y ese día de las seis horas que compartimos, cinco se fueron charlando de la vida y de las experiencias en la música. Solo trabajamos una hora, en la que grabamos “Yo vivo en una canción”, que está en un disco suyo. Con él tuve una conexión muy genuina y a través de él conocí a Chano, que es alguien que tiene mucha sensibilidad y que ve más allá. Más adelante, él fue a tocar a Córdoba y me invitó a cantar “La melodía de Dios”, que para mí fue una experiencia inolvidable porque me acuerdo que tenía los auriculares al máximo, pero no escuchaba la música sino a la gente cantar a los gritos. Después de ese show, le conté que estaba grabando mi álbum 3D y quedamos en hacer algo juntos, así que se me ocurrió la idea de hacer “Incomprendida”, que es una canción que lo representa mucho. Hace poquito le conté que quería entrar al mundo de Jorge Luis Borges y me mandó un audio precioso de cinco minutos en el que me da todos los fundamentos de por qué tengo que empezar por sus poemas.
–Vos naciste en Córdoba, una provincia que tiene una identidad fuerte. ¿Cuánto de ella hay en lo que hacés?
–Amo Córdoba, la llevo a todos lados conmigo. Quizás no se traduce tanto en la música que hago, pero soy un cordobés hincha de Talleres muy orgulloso, que vive en Capital hace siete años, pero no perdió la tonada. Con respecto a la música, es verdad que lo que más se conoce de Córdoba es el folklore y el cuarteto, pero hay una tradición muy importante de músicos de jazz, y también hubo un sello que se llamó Discos del Bosque, del cual salieron Juan Ingaramo, Hipnótica, Rayos Láser y Francisca y los Exploradores, que al principio tenía un sonido electropop que fue muy inspirador, tanto como Eruca Sativa, que si bien ellos siempre hicieron rock, demostraron que una banda cordobesa podía funcionar bien en Buenos Aires, algo que se creía imposible. Ellos lo lograron.
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