Sones barrocos de América
Un grupo argentino recrea la música de las misiones jesuíticas
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Hoy, en el Museo Larreta, el Ensamble Vocal-Instrumental Louis Berger, dirigido por Ricardo Massun e integrado por doce músicos argentinos, volverá a demostrar que el lugar de los instrumentos coloniales sudamericanos no está en las vitrinas de los museos. Se trata de una vieja inquietud del violagambista argentino, por cuyas clases pasaron casi todos los ejecutantes del instrumento barroco del país. Formado en el Centre de Musique Ancienne de Généve, Suiza, fue alumno de Jordi Savall y se sumó al hoy célebre Ensamble Elyma, que dirige Gabriel Garrido.
Ayer, antes de uno de los últimos ensayos para el concierto de esta noche, Ricardo Massun le contó a LA NACION cómo y cuándo comenzó su interés por el barroco latinoamericano. "Este material tuvo un gran impulso en los años 80, a raíz de la reconstrucción de la iglesia de Concepción, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Allí, un arquitecto suizo encontró partituras acumuladas en el depósito. Empezó a hacer averiguaciones con estudiosos y al asombro sucedió la revelación y el interés cada vez más acrecentado."
-¿Qué características advirtieron en esa música como para producirles tal atractivo?
-Encontraron que se trataba de música, digamos, parecida a la de Vivaldi, en un sitio que por cierto no está próximo a Venecia y que no había registrado su desarrollo. Porque, además, los textos estaban escritos en idiomas autóctonos. Ahora se ha encontrado música con textos en guaraní, un hallazgo que se produjo en forma bien insólita, porque había unos curas que fueron de la zona argentina de San Ignacio (Misiones) a la zona de Chiquitos, en Bolivia. Y allí dieron con unos libros contables cuyas tapas estaban hechas con varias hojas de papel pegadas. Al despegar esas hojas encontraron que tenían escritas melodías con textos en guaraní.
En el estudio que Massun tiene en Pavón al 3900, de Buenos Aires, pueden verse diversos instrumentos de artesanía colonial y también alguna réplica de instrumentos depositados en museos. Es que el músico también practica la luthería.
-¿El público valoriza especialmente la ejecución de esta música en sus instrumentos originales?
-Nuestro objetivo no es decirle al público que lo que nosotros tocamos vale más porque está producido por instrumentos originales. Yo creo que hay que dar un producto muy atractivo, que sea interesante y coherente con lo que suena. Si la música logra atrapar y despertar el interés, creo que la función está cumplida.
-¿Cómo es el programa del concierto de esta noche?
-Por empezar, salvo para los iniciados, es música desconocida. Por ejemplo, cuando uno dice "Yapeyú" aparece de inmediato la imagen de San Martín. Pero San Martín nació en lo que fue una misión. Y Yapeyú era un centro de irradiación musical. Había una escuela de música y hasta una escuela de luthería donde se hacían arpas, órganos, violines. Escuchar música compuesta ahí y cantada en guaraní de por sí ya es atractivo. El resto es convencer al público artísticamente.
-Y mostrarle una nueva perspectiva musical.
-Además, se va a poder escuchar una nueva guitarra barroca, con sonido muy similar a la del folklore. O violines que son el origen de una tradición que después tomaría, por ejemplo, Sixto Palavecino, en Santiago del Estero, donde se formó una escuela de violín por iniciativa de los jesuitas.
-¿Qué referencias para comparar tiene el público ante esta música latinoamericana del 1600?
-Es una música con todas las características armónicas y melódicas de la música barroca, como la de Corelli o Vivaldi.
-¿Y cuál sería la diferencia entre el barroco europeo y el latinoamericano ?
-Yo no encuentro mejor referencia que comparar las dos arquitecturas barrocas. Por ejemplo, al entrar en las iglesias europeas uno encuentra un ámbito cerrado y tiene ventanas altas para aislarse y pensar en Dios. En las misiones jesuíticas de América, las ventanas están abajo, y desde el interior de la iglesia uno ve los árboles, a las vacas pastar, a los chicos que se asoman, y se siente la naturaleza.
Fundado en 1994, el Ensamble Louis Berger debe su nombre al religioso jesuita -"pintor, médico, platero, músico danzante y maestro de los indios en el arte de tocar vihuelas de arco"- que llegó a Buenos Aires en 1617 para incorporarse a la Misión de San Ignacio, en el Alto Paraná.
Conciertos y gira
- Antes de su viaje a Londres, para actuar en el festival Dartington International Summer School, que se llevará a efecto en Inglaterra, el Ensamble Louis Berger ofrecerá dos funciones en Buenos Aires: hoy, a las 20, en el Museo Larreta, Juramento 2291, y el martes, a las 20, en el Auditorio de Radio Nacional, Maipú 555, en este último caso con entrada gratuita.




