
Suna Rocha rescata canciones
Llega con "La maldición de Malinche", séptimo disco en sus 22 años de carrera
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La cantante de Tulumba (en el extremo norte de Córdoba) regresa con un cancionero insólito, registrado en su nuevo CD "La maldición de Malinche", que presentará el jueves 5 de diciembre en el teatro Ateneo (Paraguay 918), junto a su grupo.
Cancionero insólito no por lo raro o extraño, sino por lo desacostumbrado. Esta es la vocación de Suna Rocha. Siempre lejos de la moda y, por suerte, de este tan ventilado y paradójico "folklore joven" (el folklore, para que lo sea, necesita inexorablemente el paso del tiempo), la cantante -una de las más honestas y coherentes dentro del panorama de la música popular- ha tratado de exhumar los riquísimos patrimonios olvidados, sin desdeñar las inspiradas canciones de la proyección folklórica.
Su vida artística no se detiene.
"La mayor parte de mi trabajo lo tengo en las provincias", comenta Suna. "Por otro lado, están los viajes al exterior. Así fue como estuve estos últimos años en Italia, Alemania, España y Francia. En Alemania encontré más campo de acción. Desde allí, donde se produjo una acogida más fuerte que en otro lugar, se me abrieron las puertas. Su predisposición para captar nuestra música es admirable. Los alemanes no sólo admiran el tango como danza. Ahora están aprendiendo a bailar chacareras, que es más difícil, porque el ritmo es más complicado. Precisamente en Francfort recibí uno de los mejores piropos de mi trayectoria, cuando una mujer se me acercó para decirme: "Escuchándola cantar a usted me dieron ganas de conocer su país". También hay gente que ha comprado mis discos y me los lleva para que los firme. Precisamente en abril vuelvo a Alemania, y también cantaré en Holanda y Suecia."
Hace seis años que Suna Rocha presentó su quinto disco, "Madre tierra", grabado en el sello Confluencia. El sexto -"Rosa de los vientos", inspirado en la bellísima zamba de Eduardo Falú- fue lanzado por Epsa Music hace un par de años. "La maldición de Malinche" es el séptimo, en sus veintidós años de trayectoria en el canto. Lo edita el sello de Víctor Heredia.
"Suelo intuir el comienzo y el final de mis discos y espectáculos", cuenta Suna. Desde allí empieza a crecer y redondearse la idea. Cuando los temas me pegan en el zurdo, ahí los elijo. No los puedo cantar si no los siento. Me resisto a interpretar canciones con el sentido comercial del impacto. Fijate que incluso no me explico por qué hasta ahora no había registrado temas de Atahualpa Yupanqui, que era amigote mío. Quizá lo hice inconscientemente por respeto y porque él era un crítico implacable, aunque sabiendo que le gustaba lo que yo hacía."
- Es difícil elegir entre su obra.
-Yo me animé con "Guitarra dímelo tú", en el que dialogo con la guitarra sola; "Punai", un huayno que en quechua significa puna, y "La arribeña" -que nadie grabó- con guitarra y bombo. Mientras todo el mundo es hoy cantautor y canta sus propios temas, que son feos, horribles, yo rescato a Yupanqui. Pero además temas como el retumbo de Pancho Cabral "Dolido corazón"; la "Chacarera del tiempo", de Alma García y Kelo Palacios; "La mandinga", del Chango Rodríguez; "Verdes infinitos", de Ica Novo; "A Benito", un aire de zamba de Inés Bayala, y bellezas como "Milonga triste". Vale decir que el espectro rítmico y temático es amplio.
También bailará
- ¿Cantarás y bailarás, como de costumbre?
-Claro. Siempre bailoteo. Me encanta. Pero es de siempre. Ya de chiquita me iba a bailar al rancho de La Secundina, en Tulumba. Por ahí venían los Hermanos Abalos. Por eso mismo, en la presentación de este disco invité al Ballet Nacional. Hará dos cuadros: uno cuando canto la "Chacarera de la luna", un texto de Atahualpa al que él puso música (es de inusual belleza plástica), y otro con coreografías con las que El Chúcaro hizo su homenaje al billarista Exequiel Navarra. Soy muy amiga de la directora Norma Viola. Para mí fue una inmensa satisfacción haber colaborado en el reencuentro de Yupanqui y El Chúcaro, que estaban distanciados por amores. Cuando Atahualpa lo visitó, le dijo a El Chúcaro: "Me anda buscando la muerte, por eso he venido a verlo". Ahora las cenizas de los dos están debajo de dos piedras, debajo de ese roble, en Cerro Colorado. Ahí están conversando quién sabe de qué asunto".
Suna Rocha no estará sola el 5 de diciembre en el teatro Ateneo. La acompañarán sus músicos de siempre, Gabriel Luna, en piano y teclados, y Gustavo Pometti, en guitarra. A ellos se sumarán Rodolfo Sánchez en percusión, Juan Banuera en bandoneón y Ricardo Cánepa en bajo. Como invitado, Juan del Barriola acompañará en piano en la "Canción del árbol del olvido", de Alberto Ginastera. Pero además concurrirán el Grupo Huancara y el Coro de la Ribera, dirigido por Manuel Gómez Carrillo.
Sin alharaca pasa la vida artística de Suna Rocha. Pero ella va dejando su huella. Por suerte hay ejecutivos de compañías discográficas, como Universal, que pronto editará una compilación de sus discos "Perfume de carnaval" (una zamba que ella transformó en antológica por la emoción que transmite) y el otro disco de pasta "Suna Rocha". Por otra parte, el sello Putumayo, de París, se interesó por una nueva canción en su repertorio, que será incluida en la serie "Voces de mujeres del mundo".
"Estoy trabajando", se conforma Suna. "Pese a la crisis la gente sigue impulsando el arte. Yo siempre invento algo. No me interesa un desfile de canciones, como si estuviera en una peña. Detesto lo chato. Busco la poesía y la música enriquecidas."
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