
Tarragó Ros, tras el silencio
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"Estoy cansado de que me inviten en la televisión para dar mis opiniones sobre política o economía. Yo soy un compositor de canciones..."
La protesta del músico, poeta y cantante Antonio Tarragó Ros es razonable. Le ocurre lo que a Joan Manuel Serrat, cuando llega aquí de visita. Muchos lo consideran un oráculo.
Después de todo, en este contexto del país, es difícil soslayar el tema. Porque lo político y económico condicionan lo artístico. De allí la quijotada del teatro Ateneo, en Paraguay al 900, donde Tarragó Ros presentará otra vez su espectáculo "El regreso".
"Este es un momento muy difícil. Me preocupa la opresión de la gente. Y la supervivencia de muchos artistas. Pero la gente está más sensibilizada y hoy prioriza los sentimientos de solidaridad, mientras asume el arte como una necesidad espiritual. Tenemos un montón cosas para dar. Hoy me siento con fuerzas para transmitir energías al prójimo y compartir alegrías. Creo que de esta crisis vamos a salir más maduros, más tolerantes, más sabios."
- El Ateneo es una respuesta .
-Por supuesto. Allí se instaló una tribuna, un espacio para enriquecerse. La cultura puede dar sentido a la vida, aunque no resuelva el problema existencial o lo económico. Este regreso es una réplica de otros retornos. Volver a la casa de tus viejos; a tu familia para compartir sentimientos.
- Llegás con otros músicos.
-Fueron compañeros míos en otro tiempo. Angel Dávila, ahora con guitarra española; Humberto La Fata, en contrabajo; Gustavo Catalano, en bandoneón; Agustín Traversa, en batería. Con ellos me siento muy movilizado. Busco la diversidad sonora. También estará el grupo instrumental El Cruce, del pianista Oscar Laiguera, y el Ballet Municipal de Olavarría, que bailará temas míos: "Riograndense" y "Pa´ zapatear, o no".
- ¿Con qué repertorio volvés?
-Presento temas nuevos y otros reciclados, como "Corazón perdido", que hicimos con Víctor Heredia. Víctor está por producir un disco con mis clásicos: "María va", "Carito", "Ñangapirí" (que grabó Mercedes Sosa), "Argentina secreta", "La vida y la libertad", "Como el agua clara"...
Hace unos años, Tarragó Ros nos dejó ese par de discos "Naturaleza", en los que exhumó "especies en extinción", como la chamarrita, la flora y fauna argentinas (con página en Internet: www.tarrago-ros.com.ar), donde se apresta a publicar su método para tocar la verdulera (pequeño acordeón). También "Only chamamé", parodia de los "Sale" comerciales; y "Enamorado", del 90, con arreglos de Pelusa Navarro.
""Naturaleza" tuvo mucho éxito en las escuelas. Se vendieron muchos videos entre las maestras."
- Antonio, ¿de dónde venís?
-Estuve cuatro meses en el sur del Brasil, en la casa de Luiz Borges. Con él y otros músicos nos presentamos en varias partes. Pero me agarró un ataque de nostalgia y volví. Hacía unos cinco años que no tocaba en un escenario de Buenos Aires. Anduve por las provincias, pero trabajé más en Brasil. Ahora terminé de grabar el video "Soy el chamamé", con Gabriel González Condrón.
- ¿Creés que la inventiva se va perdiendo con los años?
-Pienso que cuando el estímulo es grande el compositor o el poeta crean más (y a veces mejor). La creación es una interacción. Cuando falta la motivación, lo que uno escribe no es para el momento. Yo estoy ahora en una etapa melancólica. Los regresos son buenos. Me siento inspirado. Me suicidaría si no escribiera una canción. Por ahí no la termino. Como nadie me lo pide, la dejo ahí. Hoy tengo más sensación de libertad, de fuerza, haciendo lo que tengo que hacer. Porque la crisis te enseña a crecer.
- Escribís poesía y música...
-Sí. Y sueño con escribir algo con Alberto Cortez. También musicalicé poemas de José Pedroni: "Entremos", "La mariposa", "El grillo". Y se me ocurrió rescatar los dúos en los pequeños coros. Creo que en un coro se puede aprender a cantar en dúo...
Hoy, Tarragó Ros se muestra menos verborrágico que de costumbre; cuando lanzaba sus encendidos ditirambos sobre el arte y los artistas. Quizá porque siente que hoy puede transmitir sus emociones sólo con melodías.




