Un Bach sublime, de pulso intenso y empuje dramático

La Misa en si menor tuvo en el Auditorio de Belgrano una versión fiel a su espíritu
Pola Suárez Urtubey
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10 de noviembre de 2016  

Le tocó esta vez a la Misa en si menor, de Juan Sebastián Bach, el justo rescate, en el Auditorio de Belgrano, gracias al desafío asumido por el Grupo de Canto Coral de Néstor Andrenacci y el conjunto instrumental de Manfredo Kraemer dedicado al barroco.

Es la misa católica más sublime, escrita en 1733 por un luterano convencido, como tributo al príncipe elector de Sajonia, cultor de idéntica libertad espiritual que Bach.

Bach le obsequiaba el "Kyrie" y el "Gloria" escritos ex profeso para quien asumía el trono. Sabía muy bien el genio de la de música sacra que le quedaba por escribir el resto del "Ordinario" de la misa católica: "Credo", "Sanctus", "Benedictus" y "Agnus Dei".

Insólitas instancias rodearon a esta sublime Misa que tardó unos 25 años en terminarse, hasta que se publicó en Zurich en 1833.

Interpretarla requiere conocer los simbolismos en su lenguaje coral al retratar el más hondo significado de cada palabra, frase y sentido intrínseco, junto al magistral empuje dramático, en el que caben la alegría, el dolor, la contemplación, como en sus cien cantatas, oratorios, motetes.

Nuevos tiempos

En pleno siglo XX se intentó acercar a Bach a "los nuevos tiempos" mediante la aceleración de los tempi (del ritmo) de sus obras sin importar demasiado el sentido. El culto a la belleza abstracta de lo instrumental con lo vertiginoso, borró de cuajo los mil diseños, junto a mil semicorcheas o fusas. La moderna musicología debió conciliar los profundos contenidos con las esencias y la devoción.

De allí que resulta ardua tarea asimilar el pulso apresurado, el canto enfático y de ritmo incisivo de este "Kyrie" de la Misa en si menor, que nos entregan el coro de Andrenacci y el grupo de Kraemer, no obstante reconocer el ponderable esfuerzo por logar un inobjetable ensamble.

Uno de los pasajes más sobrecogedores es el "Gratias agimos tibi propter magnam gloriam tuam", un cántico de profundo significado místico en el que Bach parece convocar a toda la humanidad. El coro y orquesta la asumieron con unción. Bach regresa con esta misma melodía del "Gratias agimus tibi" en el texto final del "Dona nobis pacem" para dejar el gozo en nuestro espíritu como un epílogo luminoso.

El "Credo", centro confesional de Bach y minucioso repaso de vida y muerte de Jesús es de una vastedad inconmensurable con los mil matices de su infinita paleta en todo el relato.

Por su lado, los tres oleajes corales del "Sanctus" alcanzaron imponencia, y coronaron el "Hosanna". El "Agnus Dei" regresa en "Dona nobis pacem" casi al mismo énfasis de ritmo presuroso del anterior "Gratias agimos tibi".

Los solistas Cecilia Arroyo y Soledad de la Rosa (sopranos), el contratenor Martín Oro, el tenor Agustín Novillo y el bajo Federico Finocchiaro, dieron fe de su empatía con el espíritu de la obra.

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