
Un Bach tan colosal como próximo
Pablo Kohan
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Misa en Si menor, BWV 232, de Bach. Coro de Niños de Santo Tomás de Leipzig y Orquesta Johann Sebastian Bach del Gewandhaus de Leipzig. Director: Georg Christoph Biller. Solistas: Gabriele Hierdeis, soprano; Britta Schwarz, contralto; Hans Jörg Mammel, tenor; Markus Flaig, bajo. Mozarteum Argentino. Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy bueno.
En su fenomenal tratado La música en la era del barroco , publicado en 1947, Manfred Bukofzer, uno de los musicólogos e investigadores más brillantes del siglo pasado, entre muchísimas definiciones más, establece un "barroco colosal" en alusión al monumentalismo y a la grandilocuencia que caracterizaron a cierto estilo compositivo al cual, ocasionalmente, recurrían los creadores de aquella época. Entre los ejemplos de ese barroco colosal, muchos directores incluyeron, por ejemplo, la introducción de la Misa en S i menor, de Bach, un pasaje admirable y rotundo para coro y orquesta de apenas cuatro compases, con una textura netamente acórdica, matizada y embellecida con mínimos contrapuntos, casi deslices internos, y atravesada, muy sutilmente, por los característicos ritmos punteados de las oberturas barrocas.
En manos de grandísimas orquestas y coros multitudinarios, la ejecución de esta introducción, más romántica que barroca, hacía y hace temblar los cimientos y las almas.
En esta presentación del Mozarteum en el Colón, con una orquesta de sólo veinticinco músicos y un coro de medio centenar de niños y adolescentes -léase pulmones y volúmenes de niños y adolescentes- lo colosal se ajustó a otros parámetros y a otra lectura, mucho más cercana a lo que debe haber sido la interpretación en los tiempos de Bach. Tal vez, para muchos, esa "escasez" sonora puede haber sido motivo de sorpresa y desencanto. Sin embargo, aun cuando en esta lectura historicista no hubo instrumentos de época, la atracción de este concierto fue, precisamente, este increíble coro de chicos y adolescentes de Santo Tomás, el mismo al cual recurría, varios siglos atrás, Johann Sebastian para hacer sus cantatas, corales, motetes y pasiones.
A su manera, la Misa en S i menor es una de esas obras ciclópeas de Bach que, como El clave bien temperado o El arte de la fuga, excedían los marcos habituales de una obra para transformarse en compendios de posibilidades, fantasías y técnicas dentro de un contexto de belleza superior. Escrita en circunstancias diversas a lo largo de muchos años y sin ninguna intencionalidad litúrgica, la Misa en S i menor está estructurada como una sucesión de coros de los más disímiles, ninguno a capella, dúos y arias con distintos instrumentos obligados. En esta interpretación, sin lugar a dudas, el mayor atractivo estuvo en lo que proveyó el coro. Desde el comienzo, sobresalieron la afinación impecable, el color de las voces propiamente infantiles y la solvencia de Biller para dirigir los complejos y variadísimos números corales que son, definitivamente, la columna esencial de esta obra.
Por el contrario, fueron los solistas quienes no se destacaron especialmente en sus trabajos. Con voces por momentos insuficientes y con algunos desbalances en los dúos o en las arias con instrumentos obligados en las que el mejor equilibrio no fue alcanzado. Estas relativas carencias hicieron que algunas arias, particularmente hermosas, pasaran casi desapercibidas o no suficientemente aprovechadas. La gran excepción fue Britta Schwarz, una contralto de voz cálida y envolvente, y que exhibió una gran capacidad musical y expresiva para hacer un "Agnus Dei" realmente espléndido.
Fuera de programa, para terminar la noche, el coro y la orquesta presentaron "Gloria sei dir gesungen", el encantador, calmo, luterano y bachianísimo coral con el que se cierra la Cantata Nº 140 .
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