Un canto que se hizo viento
La cantante, compositora y guitarrista mendocina falleció anteayer, a los 86 años
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Tenía 86 años cuando se despidió, anteayer, la cantora, guitarrista y compositora Carmen Guzmán, luego de una pelea contra el cáncer. Dejó más de doscientas obras compuestas, como "De Buenos Aires Morena", con letra de Héctor Negro, y quince discos publicados. Pero más allá de las cifras, hay nombres y fechas que son clave en la vida de esta cuyana que se radicó en Buenos Aires y vivió discretamente durante las últimas décadas en el barrio de Floresta.
Las influencias musicales tallaron de manera unívoca el destino primero de esta intérprete y compositora. Comenzó a estudiar guitarra cuando tenía 7 años, y a los 14, se recibió de profesora. Como ella misma solía recordar, su padre era guitarrista del dúo Pelaia - Carranza, y su hermano, de Hilario Cuadros. De jovencita conoció a Pedro Belisario Pérez -autor del vals "Amarraditos"-, quien además de su compañero de vida fue el que le abrió las primeras puertas en el camino profesional cuando la escuchó por primera vez, cantando boleros.
Si hay que buscar una fecha iniciática en ese camino, ésa es el 24 de diciembre de 1944, cuando ganó un concurso en Radio Cuyo, que era para aficionados. Ese fue su primer escalón. Luego, entre el tango y el folklore (especialmente la milonga) se abrió paso en la primera A de la radiofonía. Cantó en Splendid, El Mundo, Belgrano y, más tarde, en Nacional y Municipal. Se codeó con el mundillo musical porteño, en escenarios que compartió con Mercedes Simone, Lucio Demare, Aníbal Troilo y Astor Piazzolla, y compuso piezas en compañía de grandes plumas del cancionero argentino, como Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana y el mencionado Héctor Negro.
El registro que queda de la música de Carmen (la que compuso y la que cantó) está plasmado desde su primer álbum, un simple llamado Carmen Guzmán y su guitarra , hasta Canto que se hace viento y Señora milonga , en los que figuran varios trabajos en colaboración.
Hace poco más de un lustro contaba a LA NACION que se sentía un poco olvidada ("Una sola vez actué en Cosquín, me porté tan bien que no me llamaron más", se lamentaba, con cierta ironía en su comentario). Además, la publicación de sus discos era esporádica. Sin embargo, en ese momento, no demostraba gestos o intenciones de pasar a cuarteles de invierno: "De joven se puede hacer todo, pero cuando uno ya es grandecito no es cosa fácil -decía-. Por suerte, lo hago cantando sin bajar el registro. He tenido el honor de actuar con los grandes y los mejores, de ser considerada por ellos una artista de valor. Todavía no es tiempo de sentarme, aunque podría sentarme, orgullosamente, a descansar. Viví con felicidad hasta la muerte de mi esposo y, desde entonces, contenta por el acercamiento de gente joven a mí, como autora".
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