
Un ganador de la beca Guggenheim
El compositor radicado en París es uno de los quince argentinos que ganaron la prestigiosa distinción
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El compositor Martín Matalón, nacido en Buenos Aires en 1958, fue uno de los 15 argentinos que obtuvieron la prestigiosa beca que otorga anualmente la Fundación Guggenheim, en su edición 2005. Aunque la Argentina fue el país con más becas de toda América latina, si no apareció en la foto de la nota publicada por LA NACION dando cuenta de la noticia fue debido a que desde hace más de una década desarrolla exitosamente su tarea en París.
Sin embargo, la distancia no ha impedido que su música, una de las más interesantes de su generación en la escena europea, haya podido ser escuchada y disfrutada por aquí. Sin duda, su principal hito fue la interpretación en vivo, en la sala principal del Teatro Colón, de la música que compuso para el film mudo "Metrópolis", de Fritz Lang, en 1994. Se trató de una experiencia que anticipó una tendencia o moda que ahora tiene sus cultores locales.
Antes, en el Centro de Experimentación en Opera y Ballet del Teatro Colón (hoy CETC) presentó una ópera de cámara sobre textos de Borges. Hace un par de años, una obra suya fue parte de la insólita e interesante experiencia del concierto "anónimo", en el ciclo de música contemporánea del San Martín. En 2004, llegó a Buenos Aires "De tiempo y arena" un CD notable que, según el propio compositor -en diálogo telefónico con LA NACION-, es un buen representante de su modo de pensar y hacer música de cámara durante la última década.
Para la beca Guggenheim, Matalón presentó como proyecto la realización de un grupo de obras para instrumento solista y procesamiento electroacústico en vivo que contarán con coreografías de Diana Theocharidis. La actual codirectora del CETC ya había utilizado música de Matalón, pero grabada, para su trabajo "Sul cominciare sul finire", presentado en 2001.
"Queríamos hacer algo juntos, pero con música en vivo. Hace unos años estoy haciendo una serie de piezas con instrumento solo y electrónica que me pareció ideal para trabajar con ella", comenta. Corno, marimba, clarinete, flauta y soprano son los instrumentos elegidos.
La creación de piezas para un instrumento sólo ha tenido eclosión desde la segunda mitad del siglo XX. Para Matalón, la forma de seguir explorando este terreno es el procesamiento de estos instrumentos a través de la computadora, "con la dimensión nueva que da del espacio, el timbre y su capacidad de transformación inmediata. Hoy -agrega- escribir una pieza para chelo solo, después de toda la historia musical, de Bach hasta Lachenmann, se hace difícil. Seguro se pueden decir cosas nuevas, pero para mí es más interesante explorar estos instrumentos en relación con la electrónica".
El trabajo por "líneas temáticas" es una característica de su producción musical. La más conocida de ellas es la de escribir música para films mudos. Además de la monumental tarea de "Metrópolis", que implicó escribir música para las dos horas del film para una orquesta de cámara y sonidos electroacústicos, Matalón cerró un tríptico sobre Buñuel que incluye "El perro andaluz" (incluido en el CD editado aquí por Universal) "La edad de oro" y el documental "Tierra sin tiempo". También son series sus "Tramas" ("obras que tienen como tema la escritura para solistas de concierto") y las creaciones en torno a Borges, uno de sus autores fetiche.
Totalmente integrado a la vida musical europea y sobre todo la francesa, Matalón reflexiona sobre el viejo "problema" de la argentinidad de la obra de un autor nacional en ese contexto. "Hay cierta argentinidad que en mi caso es inherente e inconsciente. Puntualmente, no me interesa poner música argentina para serlo. Hay algo que va más allá. Aquí, en París, si bien hablan del "musicien argentin", me siento integrado a la vida musical local; no me considero extranjero.
Esta integración le permite disfrutar del fuerte apoyo a la creación, que brinda desde siempre el Estado francés. Habiendo completado su formación en la Juilliard de Nueva York, Matalón compara la situación de los compositores a ambos lados del Atlántico: "No pienso para nada que el arte pueda sobrevivir en una economía de mercado: por el contrario, tiende a morirse. No hay que prejuzgar la acción del Estado; éste tampoco va a seguir manteniendo a todos porque sí. Hay competencia en todos lados. Si tu música no gusta, aquí tampoco se la toca. Lo que sí me parece interesante es que hay una neutralidad en el Estado que no tenés cuando la plata es de origen privado. Los board de las orquestas norteamericanas son mucho más conservadores. Aquí, más allá de las polémicas, las idas y venidas entre vanguardias y neotonales de los últimos tiempos, lo cierto es que todas las estéticas están representadas".



