Un mapa de las nuevas canciones
Rodar es un signo de madurez y claridad en tiempos tormentosos
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"Hay temas que tienen esa atmósfera del folk americano de canciones de James Taylor como «October Road»; otras que surgieron queriendo sacar en la guitarra a Johnny Cash, y otras que tienen ese clima denso de esas canciones de Thom Yorke de Radiohead que son más crudas. No hay fuegos artificiales ni armados complejos. Era hacer un riff y tocar las canciones, así salieron muchas", dice inspirado por la travesía sónica de su último álbum, grabado en Villa Allende, Córdoba.
El disco, de doce temas –entre los que figuran las bellísimas "Al costado del camino", "El sol parece lluvia" (inspirada en "Durazno sangrando", de Spinetta) y "Mujer caminante"–, tiene células folklóricas y un universo instrumental acústico en el que predominan las percusiones, los instrumentos de madera, las escalas orientales, los ritmos populares como la cumbia y la guaracha santiagueña y el sonido calmo del piano Rodhes. "La mayoría de las melodías están compuestas con el cuatro venezolano. Me venía bien agarrar un instrumento que no conozco para hacer cosas nuevas y darle otro aire", dice, revelando uno de los secretos que dan otro color al álbum.
Rodar tiene cierta inocencia que recuerda a su primer disco, El principio del final. En este viaje, el santiagueño logra darles a todas sus influencias un ritmo cósmico y consigue una masa madre, de la que se desprenden sus creaciones. "Necesité conectar con el principio de mis cosas humanamente y eso me llevó a escribir de otra manera. Y de ahí esa conexión con el primer disco y con emprender nuevas búsquedas sin temores. Casi no hay zambas ni chacareras, pero todo lo que toco ahí es música que vengo escuchando", confiesa.


