Un nuevo tributo a Atahualpa Yupanqui, esta vez en disco
El proyecto de Víctor Heredia reunió a varios artistas populares
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En una de las lunas coscoínas, Daniel Toro había terminado de interpretar su versión de "Indiecito dormido". Al costado del escenario, Atahualpa Yupanqui observaba en silencio la actuación del salteño. Cuando el cantor, conocido por sus temperamentales interpretaciones, terminó su recital se acercó al maestro y con orgullo le dijo: "¿Qué le pareció, maestro?", Yupanqui, con una leve sonrisa, le respondió: "Mire, m´hijo, la verdad es que si sigue cantando así me va a despertar el indio en serio".
La anécdota, que circula de boca en boca desde hace años en el ambiente folklórico, y otras del mismo tono, como cuando acusaba a los grupos vocales que arreglaron su tema "Camino del indio" de que "se lo iban a terminar asfaltando", evidencian el conocido recelo de Yupanqui a los homenajes. Cualquier tributo, a sus ojos, no era bien visto. Y en estos términos el disco producido por Víctor Heredia, "Yo tengo tantos hermanos", que acaba de aparecer, no sería la excepción.
Sin embargo, el proyecto discográfico que comenzó a gestarse en 1998 logra sostenerse sin tantas excusas. Por si acaso, para exorcizar cualquier posible enojo de Don Ata, en la contratapa del álbum doble, integrado por 15 temas, aparece una carta abierta de Víctor Heredia más que elocuente: "Hoy sé que estoy a su merced, y bien merecido que lo tengo, ya que irreverentemente, he tocado algo que le pertenece, como el alma o el espíritu. Sólo quiero pedirle que me disculpe, si es que puede, y sea benévolo con esta intención de poner en manos de mis amigos su claridad y profunda belleza", dice en uno de los párrafos. Los amigos que se atrevieron a poner música y voz a esos textos inéditos son Mercedes Sosa, Divididos, Alejandro Lerner, Teresa Parodi, Alberto Cortez, Víctor Manuel, Peteco Carabajal, Pedro Aznar, Piero, Eduardo Falú, León Gieco, Jairo y Luis Eduardo Aute y Lito Vitale. Otros como Silvio Rodríguez, Fito Páez o Joan Manuel Serrat se bajaron del proyecto, temerosos de posible ira ultraterrena del folklorista.
Se puede poner reparo por la ausencia inexplicable de Suma Paz, una de las intérpretes más serias y conocedoras de la obra de Yupanqui, trabajadora en silencio. El resto de los seleccionados por Heredia (todas figuras conocidas), que llevaron adelante la "irrespetuosa" empresa de ponerles melodía a los poemas de Yupanqui, logró un resultado que vale la pena escuchar: sobre todo por los versos inéditos, que, si no, estarían dormidos en un cajón.
En todo caso, los alumnos argentinos y españoles no superaron al maestro pero se las ingeniaron para cumplir con sobriedad el desafío de compartir créditos, quizá por única vez, con Atahualpa: zambas, chacareras, canciones, milongas y bagualas acompañan con sencillez el hondo mensaje yupanquiano.
El rumor de la tierra
Sus poemas trasladan el rumor de la tierra y tienen una musicalidad propia. La posibilidad de desenterrar esa obra inédita y reencontrarse nuevamente con la voz poética del maestro es una de las claves de este trabajo. Así van apareciendo "Romance de la luna tucumana", convertida en zamba por Pedro Aznar, que le va como anillo al dedo a la voz de Mercedes Sosa: " Bajo el puñal del invierno/murió en los campos la tarde/con su tambor de desvelos/salió la Luna a rezarle ". Lo más logrado aparece por la veta más criolla. "Violín del monte", una chacarera de Peteco Carabajal; "Vientito de Tucumán", en la voz de Ricardo Mollo, de Divididos; "Retorno a Villa Dolores", interpretada por Jairo, uno de los cantores preferidos de Yupanqui, y "Soledad", por Pedro Aznar, que a pulmón de baguala dice: " Cuando me vaya lejos, por caminos de piedra, buscando de las cumbres la mejor claridad, con un recuerdo antiguo y una esperanza nueva, formaré las canciones para mi soledad.. .".
El tributo también permitió saldar viejas deudas. El salteño Eduardo Falú, contemporáneo de Yupanqui, es artífice de uno de los mejores pasajes del disco y uno de los "encuentros" más significativos en "A Don Julio Jerez", ya que el grueso de trabajo del guitarrista siempre fue junto a poetas salteños, como Jaime Dávalos.
El ecléctico tributo que impulsó Víctor Heredia, desde su sello Alter-latino, contó con la "bendición" de Roberto Chavero, que cedió los escritos desconocidos de su padre para que otros le pongan música, aportó fotos, videos y material para armar el cd-rom que completa el álbum doble.
En ningún momento el estilo particular de Yupanqui deja de tener presencia, y hasta soporta la versión que Piero hace de "Las coplas del carcelero", cuando describe: " El carcelero me mira/pensando que estoy dormido, el pobre está creyendo, que ya no tengo camino/para viajar donde quiera/uso los cinco sentidos... ".
La palabra del creador aparece en los poemas-letras de las canciones y en el cd-rom, con imágenes de su escondite en el cerro Colorado (Córdoba), donde se presentará el disco en agosto próximo. Es posible que el desentierro de poemas y canciones siga. En el transcurso de este año salieron recopilaciones, grabaciones en vivo, libros sobre su vida ("Cartas a Nenette"), y ahora este material, que demuestra que la obra de Yupanqui es inagotable.
Yo tengo tantos hermanos
Intérpretes varios
Romance de la luna tucumana, La guitarra, El adiós, Tierra mía, Violín del monte, El río, Retorno a Villa Dolores, En el patio de mi casa, Indio, Vientito de Tucumán, La zamba, Soledad, A Don Julio Jérez y otros. (Alterlatino Americano/Warner.)
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