Un placebo para almas oscuras
El trío británico actúa esta noche
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Decididamente, empezar por su imagen y su aspecto andrógino no es una buena manera de comenzar a charlar por teléfono con Brian Molko, cantante, compositor e ícono del trío Placebo. "No sé qué decir cuando me preguntan por mi apariencia y, honestamente, tampoco me importa -sentencia Molko-. Son elecciones que uno hace y sería bueno que todos buscaran su estilo, su personalidad. Mi imagen es una mixtura, pero no creo que sea necesario explicarla. Es complicado y está relacionada con mi música."
Tenue y sin cambios bruscos, la voz de Molko es la de un tipo reflexivo, la de alguien seguro de sus pasos, tanto de los que ya dio -por ejemplo, en el mundillo del rock- como de los que está por dar. Lector voraz -"La Biblia está entre los libros que he leído con más profundidad"-, estudiante de actuación en sus años de universitario y cinéfilo confeso, el cantante es el principal compositor del trío que completan Stefan Olsdal en bajo y Steve Hewitt en batería. La historia del grupo arrancó tímidamente en 1994; tomó forma dos años más tarde, con el padrinazgo de Bowie y la influencia de The Cure y Joy Division, y tras cuatro buenos discos y un puñado de canciones para atesorar editaron el año pasado Meds (hay una edición de lujo que incluye un DVD), un álbum que los ubica definitivamente entre los grupos más personales de la escena actual, con un telón oscuro de fondo y una profundidad de climas que van desde miedos y broncas finalmente desatados hasta paisajes eufóricos.
Acostumbrados a que la Londres que los vio nacer les diera la espalda -cierto sector de la prensa especializada británica se ensañó con ellos-, los Placebo cultivaron el bajo perfil y crecieron lentamente en el resto de Europa y en los Estados Unidos. Es cierto: hoy son buenos vendedores de discos, pero el estatus de grupo de culto aún cuelga de sus espaldas.
Sus canciones hablan de pasión, de hedonismo, de amores cruzados y es difícil suponer que la temática cambie notablemente en un futuro cercano. ¿No es cierto? "No imagino el futuro -dispara Molko-; me concentro en el momento que me toca vivir. Tampoco tengo una rutina de escritura. Me dedico a crear canciones cuando puedo, con las emociones del momento a flor de piel."
Molko huye de las etiquetas como si fueran pestes y tampoco es muy amigo de referirse a sus influencias, por más que algunas estén allí, en la superficie. Por ejemplo, en el Live 8 se dio uno de los gustos de su adolescencia, compartir escenario con The Cure. "Cuando me preguntan si el dark y el gótico son una inspiración para Placebo digo rotundamente que no. Te diría que Abba es una mayor inspiración para mí que cualquier otra banda.
Crítico del teen-pop, el R&B y todo lo que no se extiende más allá del mero entretenimiento, Molko está convencido de que la misión de la música y del arte en general es reflejar la condición humana. "Lo otro es música funcional, que tiene un objetivo y es aquel para el cual fue diseñada: distraer a la gente para que no piense en su vida y en su persona."
Convencido de que una canción escuchada a tiempo puede salvar a alguien -"creo absolutamente en eso; una canción puede ser clave para eliminar la basura de la cabeza"-, el cantante les escapa a las palabras de rutina para referirse al show de hoy, que marcará la segunda visita de Placebo en Buenos Aires. "No te voy a prometer nada; sólo te voy a decir que tocaremos canciones de Meds y de los discos anteriores. El resto es ese misterio que se da sobre un escenario." Antes de despedirse, Molko dejará picando una definición inmejorable: "La música de Placebo es para outsiders y cada vez me convenzo más de ello".





