
Un saxo del blues en el mundo del jazz
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Presentación de "Alma nocturna", de Eduardo Introcaso en saxo tenor, Abel Rogantini en piano, Mariano Sívori en contrabajo y Diego Alejandro en batería. Próxima actuación: el domingo, a las 21.30, en La Revuelta, Alvarez Thomas 1368.
El ingrediente blusero está muy presente en la música del saxofonista Eduardo Introcaso que presentó su primer disco ,"Alma nocturna", un trabajo con composiciones originales en las que mostró un claro afán expresivo y de entretenimiento.
Esto es, piezas con frases familiares y desarrollo lineal basado en el desempeño de las individualidades. Introcaso no es un músico que recorre la escena del jazz, su lugar hasta hoy estuvo más en el blues, de ahí que, en primer lugar, su estilo de interpretación tiene evidentes lugares comunes de este género. No obstante, mostró poseer un muy buen sound, aunque muy atado a ciertas reiteraciones, como si pusiese un freno para abrirse a un lenguaje más jazzístico.
Recostarse en composiciones originales no siempre es el mejor camino pues, como se sabe, hay que tener cosas para decir que no todos tienen; por ello, incluir algunos standards parece apropiado.
En este caso, el repertorio mostró que falta algo de vuelo en la composición. Sus temas, aunque tiene buenos momentos, no parecen ir hacia ningún lugar. Carecen de un sentido conceptual, al punto que el grupo que tiene buen nivel técnico es una combinación de cierto toque camarístico, presentes en el pianista Abel Rogantini y en el contrabajista Mariano Sívori, con un baterista de fusión, Diego Alejandro, que con su forma de llenar todo silencio quiebra los climas de sus compañeros. En el medio, el saxofonista tocando en ocasiones como un músico de hard bop o de funky. Concretamente, la propuesta tiene fuerza y no carece de emoción, pero aún es errática; en un punto, como si ese puñado de composiciones no pudiesen interpretarse de una manera más vinculada con un proyecto de algún alcance.
En cuanto, a las interpretaciones sobresalió Rogantini, uno de los pianistas más interesantes de la actualidad jazzística, aunque aún sin que aparezca su propuesta; ubicuo y de tono algo taciturno generó los mejores momentos de la noche. En sus solos, como por ejemplo en "El amor que mueve el sol y las estrellas", tuvo un tono clásico edificante con algunas variaciones melódicas inteligentes.
Sívori hizo un trabajo sólido sobre la base rítmica. Creó climas e hizo de guía para el grupo. Alejandro se mostró como un baterista que gusta de los rellenos sonoros, más que de la cuestión estrictamente rítmica, lo cual por momentos colaboró en cierta falta de claridad.
Una propuesta que viene del blues a agregarse a la rica escena del jazz local.




