Un virtuoso modelo siglo XXI
Además de ser eximio violinista, Massimo Quarta dirige y es investigador musical
1 minuto de lectura'
Massimo Quarta es un buen ejemplo del modo en que cambió la figura del intérprete virtuoso en la música clásica de las últimas décadas.
Más bien habría que decir que se amplió, porque ya no alcanza con poseer una excelente técnica e intuición musical. Muchos intérpretes deciden tomar el control artístico de los proyectos en los que participan, desde la dirección hasta la investigación musicológica.
Esto es lo que viene realizando Quarta con las composiciones del más ilustre de los violinistas de la historia: Niccol˜ Paganini.
Y lo hace portando un verdadero "título habilitante": fue el vencedor del célebre Concurso Paganini, en 1991, siendo el segundo italiano que lo obtuvo, luego de su maestro Salvatore Accardo, que lo recibió en 1958.
En su primera presentación en Buenos Aires, mañana y pasado mañana, en el teatro Coliseo, para el ciclo Nuova Harmonia, podrá apreciarse su enfoque sobre el mítico Paganini, en dos conciertos en los que, según explicó en diálogo telefónico con LA NACION desde Roma, pretende mostrar su capacidad para la música de cámara con un repertorio más amplio.
"Pensaba que lo mejor para Buenos Aires era la posibilidad de ofrecer un programa variado, que exponga tanto los grandes clásicos del repertorio alemán como las sonatas y el repertorio virtuosístico en general", comenta Quarta.
El violinista se presentará con la pianista Stefania Redaelli, "con quien tocamos juntos desde hace años. Esto es importante para la música de cámara, que requiere conocimiento recíproco y complicidad mientras se toca".
El dúo interpretará obras de Mozart, Brahms, Franck y dos de sus piezas de cabecera: la "Tziganne", de Ravel, y la "Sérénade mélancolique", de Tchaikovsky.
No faltará, por supuesto, Paganini, "que es un poco la firma de lo que estamos haciendo, no sólo por mi personalidad sino también una recordación de que he sido ganador del Concurso Paganini, en 1991".
La mención no es casual: Quarta encabeza un proceso de revisión de la figura del Paganini compositor, el que, reconoce, quedó oculto por el brillo de su fulgurante renovación en el campo de la técnica violinística.
Quarta bien podría haber adoptado el trabajo de ser un Paganini del siglo XXI, pero sin embargo se muestra como un firme defensor de la combinación entre técnica, intuición e información musicológica, para su carrera artística.
Así, está terminando de grabar los seis conciertos para violín y orquesta, para el sello Dynamic, en tres CD. Para ello, cuenta que además de enfrentar las endemoniadas partes del violín solista, realizó la edición crítica de las partituras orquestales, acudiendo a los originales. También dirige y toca, nada menos que con el Guarnieri del Gesú que empuñó, hace casi dos siglos, el propio Paganini. "Hice todo: toco, dirijo y también he realizado la edición crítica. Todo ha sido mi responsabilidad."
-¿La idea era tener el control total del producto musical?
-Pienso que en un cierto punto de la carrera musical de un artista es un deber estar absolutamente seguro de lo que será el mensaje musical, de la primera a la última nota. Muy a menudo los directores de orquesta subestiman los conciertos para instrumento solista y orquesta y dicen: "Usted piense en su parte solista, que yo pienso en el todo". Pero la música no puede ser que uno piense en una cosa y otro en la otra.
-Según usted, un intérprete no se debe limitar a tocar, sino que también debe ser un poco un historiador.
-Hoy más que nunca, porque tenemos la posibilidad de consultar muchas fuentes de la época. Se han descubierto tantos tratados para profundizar el discurso de la filología. Y esto es válido ya no sólo para la música barroca sino también para la de los siglos XVIII y XIX. Antes de ser instrumentista hay que ser músico. Claro que la instrumentalidad sirve para poder ser músico. Pero si no, no se puede comunicar nada. Creo que es un deber realizar una profunda investigación sobre cuáles eran las intenciones de los compositores y la época en la que escribieron. Debemos tratar de comprender qué llevó al compositor a escribir su música.
-El lugar común sobre Paganini es que básicamente fue un increíble virtuoso de su instrumento, pero un mediocre compositor. Imagino que usted no estará de acuerdo con esto.
-No concuerdo, claro. Mucha de la culpa de esta mirada sobre Paganini radica en que la mayor parte de los instrumentistas trataron de acercarse a él a un nivel virtuosístico, dejando de lado su aspecto musical. Yo creo que las composiciones más lindas que ha escrito fueron los adagios de sus conciertos. El era un gran innovador, ha sido más innovador a través del instrumento que compositores más importantes. Si miramos a Mozart, fue genial, tenía una vena compositiva increíble, pero la verdadera revolución la hicieron Haydn y Beethoven. Paganini llevó el violín de un nivel medio técnico a uno extraordinario, pero no fue sólo un innovador en ese sentido, de investigación musical. Hubo luego de él violinistas que escribieron cosas incluso más difíciles, pero nada de revolucionario. Sólo copiaron y enfatizaron virtuosísticamente lo que hizo Paganini. Musicalmente era una personalidad extraña. El era muy introvertido, no era extrovertido como se puede deducir. Sus adagios lo testimonian.
-¿Por qué entonces sólo se habla del Paganini virtuoso?
-Porque los instrumentistas se han acercado a él sólo por la técnica. Pero con Paganini, para mí -y esto tal vez suene presuntuoso-, la técnica queda en segundo plano. Rossini dijo que si Paganini hubiese hecho ópera le hubiera dado problemas a muchos compositores. O Schubert, cuando lo escuchó en Viena tocando el segundo concierto y escribió: "Esta noche he escuchado a un ángel cantar". Precisamente, Paganini ha marcado la historia del violín, pero desafortunadamente esto ha oscurecido su magia compositiva. En sus adagios se percibe la clásica cantabilidad italiana. No podemos, obviamente, esperar en su música el sinfonismo alemán, porque no estaba en nuestra cultura. Nuestra cultura era la del teatro lírico -Donizetti, Bellini-, y él lo realizó a través de la música instrumental.
-El programa que presenta en Buenos Aires abarca diferentes autores y períodos. ¿Cuál es la clave para poder afrontar esta exigencia estilística?
-Se comienza a ser músico cuando se comienza a profundizar el carácter no de cada época sino de cada compositor. Cada uno escribió con lenguaje diferente. Schubert no es Beethoven, Brahms no es Schumann, ni Stravinsky es Prokofiev.
Funciones y programas
- El siguiente es el programa para las dos presentaciones del violinista Massimo Quarta y la pianista Stefania Redaelli.
Lunes 15, Abono Verde:. Sonata en si bemol mayor K.454, de Mozart; Sonata N° 3 en re menor Op. 108, de Brahms; "Sérénade mélancolique" Op. 26, y "Valse-Scherzo", Op. 34, de Tchaikovsky; "Tziganne", de Ravel; "I palpiti", introducción y variaciones sobre el tema "Di tanti palpiti", de Rossini, realizada por Paganini.
Martes 16, Abono Rojo: Sonata póstuma y "Tziganne", de Ravel; Sonata en la mayor, de Franck; "Sérénade mélancolique" y Valse Scherzo, de Tchaikovsky, e "Introducción y rondó caprichoso en la menor", Op. 28, de Saint-Sa‘ns.




