
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más.

Frente a la cámara de su celular, Martin Garrix está emocionado. El DJ neerlandés atiende la videollamada para la entrevista con LA NACION desde un hangar enorme donde un equipo interminable de personas está dando los últimos ajustes a la puesta en escena de su nuevo espectáculo. “Hoy somos como 40 personas, estamos programando por completo todo el show. Ellos están repasando todas las visuales y la puesta de luces”, dice mientras gira su teléfono para hacer un recorrido por el lugar, hasta que su paso se detiene ante lo que se entiende como un escenario improvisado. “Y yo voy a estar parado justo ahí”, dice mientras señala con su dedo una gran estructura en forma de símbolo de suma -su marca registrada hace algunos años-, mientras centenares de estrobos y pantallas parpadean a su alrededor. “Va a ser bastante divertido”, dice antes de volver a sentarse para empezar la charla.
Lo que Garrix y su equipo estaban terminando al momento de esta entrevista era la puesta en escena de The Americas Tour, una gira planeada para recorrer el continente de norte a sur, que tendrá su escala porteña este sábado 16 de mayo en el Movistar Arena. Y aunque Buenos Aires le es terreno conocido porque fue parte de las ediciones locales de festivales como Lollapalooza y Creamfields, esta será la primera ocasión en que llegará al país por su cuenta. “Se siente muy distinto. Voy a poder llevar toda mi producción y montar mi show de principio a fin, que me permite contar una historia mucho más larga. En los festivales a uno le dan una hora para hacer lo suyo, pero acá voy a tocar por al menos dos horas, así que hay mucho más espacio para llevar a la gente por un viaje”, dice.
Cuando era solo un niño y estudiaba música, Garrix tuvo una revelación mientras el televisor del hogar familiar mostraba la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Y tras ver el set de su coterráneo Tiësto entendió que su destino estaba no empuñando un instrumento sino detrás de las bandejas. “Lo que me atrapó fue que hacía algo que todo el mundo podía entender. Me pareció hermoso que una persona pudiera llevar tanta felicidad y conectar con tanta gente de distintos lugares del mundo. Él estaba tocando mientras desfilaban las delegaciones de todos los países y había una sensación enorme de unidad. Me impresionó lo poderosa que puede ser la música y cuán hermosa puede ser si todos estamos conectados”, recuerda.
A partir de ese momento, Tiësto pasó a ser una suerte de modelo de conducta aspiracional, que no tardó en reconocer el talento que el joven Martin se tenía entre manos, y el propio Garrix forzó algunas situaciones para que eso ocurriera (“Me la pasaba mandando demos así que claramente llené de spam su casilla de mail”, explica risueño).
Garrix pasó gran parte de sus primeros años como DJ en foros de internet, de donde tomaba tutoriales pero donde también hacía circular sus propias canciones en busca de una oportunidad que finalmente se materializó en forma de contrato discográfico. “Uno de esos temas me hizo firmar con el sello Spinnin’ Records y logré que uno de sus ejecutivos me pusiera en contacto con Tiësto. Primero tuvimos una llamada por Skype y yo no podía parar de temblar mientras sostenía mi laptop. Él realmente me acogió bajo su protección, me guio y me sirvió de mentor. Ha sido increíble, fue como un hermano en este mundo loco”, dice Garrix sobre el padrinazgo artístico que recibió de su primer héroe en la cabina.
Con el paso de los años, si bien la oportunidad de trabajar con otros de sus referentes, como David Guetta y el británico Carl Cox comenzaron a ser cada vez más frecuentes, Garrix asegura seguir teniendo los mismos nervios que cuando empezó: “Todavía me sorprendo cada vez que me encuentro en una sesión con alguien a quien realmente admiro, pero me esmero en disimularlo bastante bien y no ceder ante mi fascinación. Por supuesto, ni bien salen de la habitación, me voy a un costado y digo ‘¡Dios mío!’”, comenta mientras aprieta los puños contra su pecho para graficar el nivel de tensión.
Con una década y media en la que cosechó logros y éxitos a mansalva, en marzo de este año Garrix se permitió un nuevo logro personal con el single “Catharina”, que lo tiene por primera vez en su carrera como cantante. “Normalmente, cuando escribo un tema para que lo cante otra persona, canto yo en el demo, pero esta vez era una letra tan personal para mí que se sentía raro que fuese otro quien lo hiciera”, explica y se apura en aclarar que se declara fan de los vocalistas con los que elige trabajar (“No me gustaría colaborar con alguien cuya voz no disfruto escuchar”, asegura).
En los créditos del tema aparece un tal Paul Hewson, que gran parte de los mortales conoce por su nombre artístico: Bono, el vocalista de U2. “La escribimos juntos porque la idea era que la cantara él”, explica sobre una sociedad artística que nació en 2021 cuando invitó al vocalista y a The Edge a participar de la canción “We Are the People”. “Todavía trabajamos juntos bastante seguido. De hecho, coescribí ‘Scars’, uno de los temas de su último EP, Easter Lily. Aprendo mucho de ellos, y fue Bono el que se encargó de convencerme de que usara mi propia voz”, dice.
En una industria caracterizada por la creciente automatización de los procesos creativos, y con la inteligencia artificial como herramienta cada vez más invasiva, Garrix destaca que su mayor aporte es lo que le genera al evitar su uso. “Me empuja a querer hacer las cosas de manera diferente, porque la IA siempre copia lo que ya existe, entonces trato de ver cómo romper el molde y crear algo nuevo en vez de repetirme”.

Para el DJ, por más pantallas LED, secuenciadores y controladores MIDI que haya en su arsenal, la pieza clave de su set es, asegura, el factor humano. “La gente quiere sentir eso. De hecho, yo sé cuáles son mi intro y mi cierre, y qué secciones funcionan bien juntas, pero para cada tema que compuse tenemos programado un juego de láseres, de luces y su propia estética visual. En el escenario, los puedo ir poniendo en el orden que se me dé la gana, y mi equipo puede seguirme porque pueden saber cuál va a ser la siguiente canción que voy a poner”.
La idea, dice, es poder mantener el espíritu de sus comienzos por más que esté pinchando en un arena para 15 mil personas, con espacio para que los errores puedan ser también parte de la noche. “Creeme, me equivoco bastante seguido, y si buscás bien en YouTube vas a encontrar un montón de videos con mis metidas de pata. Pero me gusta así. Si algo es demasiado perfecto, incluso si es un cantante o un solo de guitarra, pierde mucho de esa magia”, sostiene. Garrix y su equipo armaron puestas para 75 canciones de su repertorio (“le dije a mi equipo cuáles no voy a tocar para que no pierdan tiempo con esas”, explica) donde la novedad es la norma, no solo desde lo visual sino también desde la música. “Como este es un espectáculo nuevo, voy a pasar un montón de música inédita que será parte de mi próximo disco”, desliza con una cuota de misterio.
Envuelto en una rutina que lo tiene del estudio a la cabina de manera ininterrumpida hace tantos años, es imposible no preguntarse de qué manera lidia con el riesgo del agotamiento mental. “Creo que tengo un equipo de gente realmente increíble a mi alrededor, y también a mi familia. Están todos súper involucrados en que mi salud física y mental estén bien, porque estar de gira es enloquecedor”, dice Garrix con un tono sereno y tras haber pensado unos segundos lo que iba a responder. Tras una pausa, agrega: “Se acaban de cumplir ocho años del fallecimiento de Avicii (nota: la entrevista fue el 20 de abril), y su muerte conmocionó a toda la industria. Todos los DJ empezaron a cuidar el uno del otro. En lo que a mí respecta, me siento realmente bien, pero si me siento cansado, puedo decírselo a mi equipo y ellos me escuchan y respetan mi voluntad”, dice sobre una agenda cada vez más demandante, aunque asegura que a veces encuentra la serenidad en el trabajo y no en el descanso. Y hablar sobre ese ritmo lo hace volver a mencionar al amigo que perdió hace ocho años y qué enseñanza les dejó: “El mundo de la música electrónica echa mucho de menos a Avicii, pero además de su música, nos dejó un mayor respeto por los demás y el recordatorio de que los artistas son humanos, no robots”.
Martin Garrix. El sábado 16, a las 21, en el Movistar Arena, Humboldt 450. Entradas desde 50000 pesos


