Una artista que se transforma todo el tiempo
La cantante es la estrella del ciclo "Estación Brasil"
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Adriana Calcanhotto es una alumna dilecta de Caetano Veloso y Elis Regina, discípula del tropicalismo, la poesía concreta de Carlos Drummond de Andrade, la pintura de Matisse, el cine de Jean-Luc Godard, la filosofía punk y la música popular de los años setenta. Del otro lado de la línea telefónica la cantante aparece como una criatura deliciosa, divertida y delicada, como sus canciones. Es gaúcha, pero adoptó a Río de Janeiro como la matriz de su arte y su personalidad. "Me modificó como persona y como artista -dice la cantante en un portuñol bien aceitado-. Amo a los cariocas porque son los seres más libertarios que hay en el mundo y me identifico con todo eso."
En sincronía con la aparición en la Argentina de su último proyecto, "Adriana Partimpin", con canciones para chicos, donde la intérprete brasileña vuelve a sorprender con su capacidad para transformar simples melodías en bellas cajas chinas, la artista vendrá a presentarse en el ciclo "Estación Brasil", el próximo sábado, en el teatro Gran Rex. La cantautora, que recién está empezando a ser conocida por el público porteño, a partir de la repercusión de "Público", su disco en vivo, donde incluía su versión de "Clandestino" de Manu Chao y la edición de sus últimos materiales en nuestro país ("Cantada" y "Partimpin"), es reconocida en el medio brasileño como una de las apariciones más importantes de la última década.
Autodidacta, sutil y de voz minimalista, Calcanhotto expresa un arte que se transforma todo el tiempo, entre lo erudito y el gusto popular: sus canciones, con un inconfundible toque modernista, logran colarse como éxitos de telenovela. Eso forma parte de su ecléctico mundo y su informal aprendizaje musical. "De chica mis padres me hacían escuchar Miles Davis, Piazzolla o Cole Porter. Principalmente había mucha música instrumental y muy sofisticada sonando por la noche. Pero cuando estaba con mi niñera escuchaba la radio popular, y para mí todo eso era música. No discriminaba. Todo era lo mismo y lo sigue siendo actualmente para mí", cuenta entre pequeñas risas.
Al margen de la industria y en el centro de la popularidad, la cantante logra hacer fácil lo difícil con temas que se escuchan en los mercados y en los círculos de la vanguardia artística de Brasil. Siempre en plena transformación y movimiento. Por eso, en su último disco cambia su apellido por el alter ego con el que la sigue llamando su padre. "Adriana Partimpin es un nombre muy común para mí porque convive conmigo. Cuando surgió el proyecto, me acordé de lo que hacían los artistas japoneses hace muchos siglos, que cambiaban su nombre varias veces como una forma de mudar constantemente. Yo quiero hacer lo mismo.
-Muchas de las canciones de tu último trabajo serían la envidia de cualquier disco para adultos.
-Es que la idea empezó como un disco para niños, pero no me gustó decidir para quién está destinada mi música. Por eso lo llamo de clasificación libre. A la vez quería lograr arreglos más libres, graciosos y menos agarrados a los géneros existentes. Me llevó como tres años hacerlo, en un momento pensé que nunca iba a salir.
-¿Trata de diferenciarse de lo que se considera usualmente música para chicos?
-Me encantó la idea de abrir una discografía para chicos con otra música. Siempre sentí que se subestimaba a los niños. Es muy acotada la idea que tienen los adultos sobre lo que tienen que escuchar los chicos. Por ejemplo, yo no era una niña para Xuxa; me gustaba la música que escuchaban mis padres. Este disco está abierto a que los niños tomen contacto con otros autores y otra poesía.
Calcanhotto no tiene un espíritu retro. A los 39 años es fan de Caetano Veloso, pero admira a la generación de Bebel Gilberto, Moreno Veloso, Domenico y Casim, Otto y Lenine. Disfruta del minimalismo de John Cage, pero sobre todo es una punk en esencia. "Siempre fui una seguidora de su principio filosófico y esa idea de que cualquiera puede hacer música, como es mi caso. Yo no sé hacer música, pero la hago. Lo importante no es si sabes afinar tu instrumento, como decían los Titãs. Podes tocar lo mismo. Que la música no te impida hacer música.
-¿Sos una autodidacta total?
-Técnicamente me falta casi todo del lenguaje musical. Pero cuando tuve conciencia de que había aprendido dos o tres acordes más, saqué un heterónimo para poder volver a la simpleza absoluta, como pasa en "Partimpin".
-¿El desafío pasa por hacer canciones más simples y con menos acordes?
-Me trazo un ideal al que me gustaría llegar. Esa meta sería tocar con la menor cantidad de notas posible y que en algún momento mi media sea de una nota por canción. No tiene que ver con los otros. Tiene que ver con la necesidad de hacer un arte más esencial. Sacar el ruido y los ornamentos que solemos poner a una obra para lograr algo profundamente simple y bello.
-Pero a la vez sos una seguidora de la poesía concreta y la utilizas dentro de tu música
-Eso tiene que ver con algo que forma parte fundamental de nuestra identidad brasileña. Somos como inventores de una tradición de la poesía concreta, que es una herramienta vital para nosotros. Es algo natural con lo que nos identificamos. Pero tampoco me interesa pertenecer a una tribu o movimiento. Por el contrario, me gusta más la idea de estar fuera de movimientos. Ir a contramano.
-La historia no oficial dice que alguien te descubrió cantando en una churrasquería. ¿Es verdad?
-En realidad no es tan cierto. El lugar donde debuté cantando fue en una parrilla, pero sólo duré dos noches y me fue muy mal. Después me mantuve cantando durante dos años en distintos locales nocturnos de Porto Alegre. Allí tenía que hacer todo un repertorio de covers.
-Eso lo mantenés hasta la actualidad.
-De esa época me quedó la necesidad de cantar cosas de otros, pero apropiándomelas. No me interesaba hacer algo que se acercara a la grabación original. Me gusta la mezcla de las dos versiones. Por eso, en mis conciertos me gusta hacer mis canciones, reescribir las de otros autores y entonces mis repertorios son como juegos de montajes. Me gusta la idea de concebir la música, mis repertorios y mis discos como una película.



