Una banda que rinde tributo al swing clásico
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Presentación de la Antigua Jazz Band, con Claudio Cagegi y Omar Garzonio en trompetas; Daniel Puntoriero en saxo alto y clarinete; Gabriel Pla en saxo tenor y clarinete; Horacio Cuello en saxo barítono y clarinete; Hugo Borgnia en trombón y clarinete; Luis Sirimarco en piano; Nicanos Suárez en contrabajo; Hernán Avella en batería y tabla de lavar; Osvaldo Rici, en peine y canto; Osvaldo Ferrer en clarinete y canto, y Pablo Scenna en banjo, guitarra, arreglos y dirección. Los domingos de este mes, a las 21, en Notorious, Callao 966.
Nuestra opinión: bueno
Puro swing, podría ser la definición más acabada de la música de la Antigua Jazz Band, una de las agrupaciones más fuertes del jazz tradicional en Buenos Aires.
Con varias décadas sobre sus espaldas y cambios de integrantes, el espíritu de la orquesta ha variado poco. Su repertorio, una compilación de temas de las décadas del veinte y del treinta, junto a un estilo que tiene una sonoridad que sintetiza el sonido de Nueva Orleáns y el de Nueva York, permite acercarnos a los comienzos del género, cuando las formas de improvisación no se habían emancipado aún de las frases melódicas.
El grupo tiene dos pilares - el trompetista Claudio Cagegi y el saxo alto y clarinetista Daniel Puntoriero- los que llevan adelante la mayor parte de los solos, y trabaja a la manera de las viejas bands en las que el contrapunto, la pregunta y la respuesta y el juego polifónico crean los climas adecuados para esa atmósfera de swing.
La banda comienza con "Stomp de los pies dulces", un tema tradicional, de cadencia muy marcada, en el que la trompeta de Cagegi describe la hermosa melodía. El grupo se apoya en la fuerte sección rítmica (aunque casi no se escucha el piano), matizada por las continuas apoyaturas de los saxos y del trombón que parecen rodear el juego de las trompetas.
Con "No me porto mal", un rag de Fats Waller, la noche empieza a tomar clima. La aparición del piano genera una fuerte atracción, pues su trabajo consiste en responderlesa los solistas de turno, y se recrea ese sonido intenso y con alma de la música negra. Precisamente, la Antigua Jazz Band suena tan cercana a ese mundo negro que quizás ésa sea la clave de su éxito en todos estos años.
El tema de Waller tiene como principal solista el saxo alto de Puntoriero, que posee un curioso aunque rico discurso clarinetístico desde el caño.
"Amor es cuidado" es el momento en el que se larga y produce un clima sólido. La música invade el recinto, las trompetas y el trombón suenan saturados, dándole un tono sucio a la melodía. Una de las piezas clave, el acompañamiento de Avella, preciso y sin necesidades de exhibicionismos inútiles, acompaña con un criterio de ubicuidad saludable. Hay un diálogo interesante de bronces con cañas, en los que se destacan nuevamente Cagegi y Puntoriero, respectivamente. Más allá de estos dos buenos solistas, el grupo mostró una fuerte coherencia en los mensajes y los arreglos, lo que genera una concepción monolítica de la tradición. Concretamente, a nadie se le escapa ni el mínimo toque bop en sus solos, es decir, el grupo se ata como ninguno al espíritu de la tradición.
Luego seguirán con "Messing around" donde incluyen peine y tabla de lavar, que tiene un valor más pedagógico que musical. Los solos de peine y los breaks de Avella le ponen un nuevo color a la noche de Notorious.
Por último, el tradicional "Sweet Georgia Brown", con el grupo otra vez tocando para adelante, crea ese hermoso clima race music, ese mundo musical que quedó atrás en Nueva Orleáns y que sólo algunos grupos como la Antigua Jazz Band logran, décadas después, seguir recreándolo. El jazz en su forma original, desde allí surgió después lo que vendría.





