
Una fiesta que no fue
Presentación de los Red Hot Chili Peppers . Integrado por Anthony Kiedis, en voz, Flea en bajo, John Frusciante en guitarra y Chad Smith en batería. El miércoles 16, en el estadio de River Plate.
Nuestra opinión: bueno
La expectativa era grande. El gran show internacional de rock del año, en un estadio, era garantía suficiente de fiesta. Los ánimos de todos estaban predispuestos para eso. Pero no fue. En primer lugar, porque el volumen nunca logró estar a la altura de las circunstancias (de hecho, algunas personas que se encontraban en el campo pedían a gritos que subieran el volumen). Faltó entonces la pulsación del rock. La contundencia que sí había logrado la banda en sus presentaciones en el Luna Park.
El tamaño de un estadio para 65 mil personas obliga a cambiar el concepto de un show. Aquí no hubo -no era la idea- parafernalia ni gran espectáculo. Pero tampoco buenas pantallas ni luces que agregaran demasiado a la música. Además de problemas varios y molestos en los accesos que obligaron a que el show comenzara con casi una hora de retraso.
Una lástima, porque todo eso impidió apreciar bien la banda. El impresionante bajo de Flea, por ejemplo, era por momentos apenas un atisbo, y no esa presencia contundente que debería haber sido. Por eso, este show no puede compararse con el impacto que produjo aquella primera presentación, en 1993, en Obras, ni con la ya mencionada del Luna, en la que se pudo disfrutar por primera vez aquí de la imaginativa, poética y volada guitarra de Frusciante. Ni, ya en estadios, con el de aquel Vélez pasado por agua del año último en el que los músicos, como fieras, salieron a pelear con los elementos en una presentación que se volvió casi épica.
Traían esta vez su nuevo disco, en el que Red Hot Chili Peppers, sin abandonar su marca de funk duro y rockeado, recorre los senderos de la canción y los arreglos más sutiles. El show comenzó con "By the way", tema que da nombre a este último trabajo. Luego recorrieron temas de éste y del anterior, "Californication", con las canciones propulsadas por la hipnótica guitarra, los coros de Flea aportando nuevos colores y con la fuerza que es marca red hot. Y hasta uno, "Other side", dedicado a Maradona. Hasta en "Havanna affair", el cover de los Ramones que han grabado para el todavía inédito álbum en homenaje a la banda neoyorquina, sonó aligerado, sutil, hecha canción el minimalismo de aquella banda.
Red Hot Chili Peppers tocaron aquí porque así lo eligieron. Sabrían, que las condiciones de producción no serían las ideales. Tal vez por eso, un Flea preocupado miraba cómo estaba de apiñada la gente cerca del escenario. Y pidieron, en simpático castellano, "tengan cuidado con sus hermanos... mucha tranquilidad, mucha paz", rogaron para esa noche.
Para los bises, eligieron primero la suavidad dramática de "Under the bridge" y, luego, "Search and destroy", el tema del Iggy Pop de los Stooges, en una versión extendida que paseó al público por muchos de los caminos que la banda ha elegido transitar en estos tiempos.
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