Una historia de amor a la quebrada
Volvió a su provincia para pasar sus últimos días; sus amigos lo acompañan con música y le hicieron un tributo
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El músico, autor y recopilador de música jujeña José María Coya Mercado se está despidiendo en silencio, acompañado por sus amigos músicos, que le cantan sus temas al lado de la cama. Es su último reposo en Tilcara, después de caminar y andar por la región grabando y tocando con su charango motivos populares y una decena de célebres composiciones propias, o recitando coplas populares y poemas de Domingo Zerpa, Jorge Calvetti, Raúl Galán y Choque Vilca, con su voz abrapampeña, a lo largo de más de sesenta años.
Víctima de una fibrosis pulmonar terminal, decidió dejar La Plata, la ciudad en la que se radicó hace treinta años, y regresar al pueblo donde vivió tantos carnavales para pasar allí sus últimos días de vida, acompañado de sus amigos y los músicos de la región, que lo veneran. La semana pasada, cuando todavía le quedaba un resto de lucidez, presenció un último gran tributo organizado por su compadre Gustavo Patiño, en el que participaron, entre una decena de artistas, Tomás Lipán, Tukuta Gordillo y los músicos de Ricardo Vilca; asistió gente tilcareña, de los poblados vecinos y de Abrapampa, (su pueblo natal de la Puna), que bajó especialmente para declararlo ciudadano ilustre y decirle que, a partir de ahora, el escenario del Festival del Huancar (el más importante de la región) lleva su nombre.
"La intención que teníamos con este tributo era que se conociera su historia porque el Coya Mercado es un pilar de la música de la región", cuenta el músico Gustavo Patiño. El tributo fue la excusa para agradecer y reconocerle en vida todo lo que este hombre, de estatura baja, cabello color nieve y voz susurrante, nacido en Abrapampa y cuyas canciones fueron escuchadas hasta en Japón como figura en Sadaic, hizo por la difusión de la música jujeña. "El Coya nunca fue un artista célebre, pero sí un músico querido y respetado, sobre todo en los pueblos de la quebrada y la puna jujeña. Esos bailecitos, zambas y carnavalitos, como «Clavelito tilcareño», «Soy de la Puna», «El aguilareño» y «Linda purmamarqueñita» son conocidos y cantados por todos en esta región", apunta Patiño.
De su práctica docente había adquirido su deseo de testimoniar la cultura folklórica jujeña. "Tenía un afán por preservar fundamentalmente el patrimonio intangible. El fue testimoniando los momentos de un pueblo, una comunidad, una región, a través de grabaciones y libros que editaba de su propio bolsillo, cuando por el lado oficial no se le prestaba atención. Para mí, era el amor de un hombre por pertenecer y testimoniar su propia cultura y proyectarla al futuro."
El Coya Mercado se está yendo en silencio, bien cerquita de su gente, de la que aprendió a conocer el secreto de los sikuris, el llamado del erquencho, el sonido de la quena y el golpe de las cajas. Como decía Atahualpa Yupanqui: "Cuando se muere un viejo, es como si se quemara una biblioteca". Con José María Mercado ("Coya"), se irá toda esa memoria cultural intangible, lo vivido, visto y escuchado en cada pequeño rincón de la quebrada y la puna jujeña. Quedará, por suerte, todo lo que grabó en su larga y vivida existencia y su testimonio sembrado en canciones.






