Una historia de contradicciones
"Viejos jóvenes", así define a Cuentos Borgeanos su líder, antes del show de mañana
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Abril Sosa se empeña en definirse como un músico contradictorio. Se siente cómodo en ese lugar, como librado de toda presión interna para decir lo que piensa en todo momento, aunque después se contradiga. Una especie de instinto adolescente que mantiene desde que irrumpió en la escena rockera a los 16 años, como un baterista de esos que no se resignan a pasar inadvertidos. Siempre fue igual.
Primero era el "nene" que rompía los tachos en Catupecu Machu, por entonces una banda que asomaba como lo más original y potente del rock argentino de fin de siglo. A los 20 años ya se había hecho fama de pequeño intelectual con fanatismo borgiano, dejaba a los hermanos Ruiz Díaz y se ponía al frente de su propia banda, componiendo, cantando y tocando la guitarra. Tenía 20 años y bautizó al grupo Cuentos Borgeanos.
Desde allí, con los pies en el under y alejado de la popularidad de la que comenzaron a gozar sus ex amigos Catupecu, promovió tanto el rock urgente como los talleres literarios y las reuniones de jóvenes poetas. Grabó un disco, "Fantasmas de lo nuevo", y después otro, "Misantropía", junto a sus amigos y compañeros de grupo (Agustín Rocino en bajo, Diego López en guitarra y Lucas Hernández en batería). A los 24 años, dice que ya tiene listas cuarenta canciones para un próximo tercer álbum; que no entiende cómo es que tantas bandas mediocres llenan Obras o el Luna Park; que "el rock literario es reaburrido"; que el éxito comercial nunca le interesó, pero que le encantaría que su mensaje llegara a más gente: pensamiento veloz y alma contradictoria de Miguel Sosa, conocido también como Abril, poco antes del concierto que Cuentos Borgeanos realizará mañana, en La Trastienda.
-¿Encontraste qué fue lo que te llevó en estos años a buscar y probar diferentes expresiones artísticas?
-Pasaron cuatro años desde que empezamos con Cuentos, y si al principio estaba esa idea de buscar qué era lo que quería, ahora siento que me suceden cosas en el escenario que me confirman que ése es el lugar donde quiero permanecer. Ni siquiera me veo tocando otro instrumento que no sea la guitarra; ya no me veo fuera de este marco en el arte, siendo que también me gusta escribir o me animo a pintar algunas cosas, como otras formas de expresión. Igualmente, capaz que dentro de dos años cambio. Si no te contradecís y no cambiás, estás un poco muerto. Mucho más en la música, y en el rock especialmente. Acá está sucediendo mucho que cuando algo funciona dentro de una banda, en el sentido comercial, se queda ahí. La escena rockera ahora es muy triste.
-¿Por qué?
-Fundamentalmente, porque veo a decenas de bandas que llenan Obras o el Luna Park, y lo único que proponen es mediocridad y quietud. Pero también el público es el que las elige; prefiere eso a escuchar una banda que te habla de la muerte o del amor, que te plantea tu existencia. Nosotros no estamos del lado de la verdad ni nada, pero es lo que yo veo en general. Se perdió muchísimo la poesía, tanto en las bandas de rock chabón como en otras más pop, que apuntan a lo comercial y nada más. El rock argentino tenía esa característica poética con artistas como Miguel Abuelo, Spinetta, Federico Moura; incluso en su momento, Charly García. Eran músicos que se relacionaban con otras artes y tenían otro tipo de vínculo con la cultura.
-Siempre tuviste cierta militancia en ese aspecto...
-Siempre me defino como culturalista, aunque nos han dicho que éramos una banda literaria. Nada que ver. Hacer rock literario sería aburridísimo.
Contradictorio, culturalista y, pocos minutos después, vuelve a pensar: "Soy muy crítico; me gusta cuando la gente me marca tal o cual cosa que estuvo mal en algún show; me parece muy enriquecedor. A partir de ciertas críticas, me dije que tal vez debía escribir de una forma más directa y no ser tan hermético. Nunca me interesó el éxito comercial, pero sí me gustaría llegar a más gente".
Abril dice esto del concierto de Catupecu Machu en Obras, un mes atrás: "Fue histórico, porque nunca se juntó tanta energía arriba de un escenario. Todos los músicos que participamos le devolvimos un poco de ese amor que Gabriel [Ruiz Díaz, bajista y fundador de Catupecu, que sufrió un accidente automovilístico con diagnóstico aún reservado] siempre nos dio".
-¿Qué significa Catupecu en tu vida?
-Con los chicos siempre seremos hermanos. Fernando fue una de las personas que me enseñaron el amor por la música y hoy, con todo lo que le sucedió, Gabriel me está enseñando mucho sobre la vida. Aprendí mucho. No es un recuerdo para mí, sino una continuidad del presente. Nunca voy a dejar de ser un Catupecu.
Para el concierto de mañana, el joven músico adelanta que mostrarán algún tema nuevo, que repasarán las canciones de sus dos discos, pero en versiones renovadas, que incluirán algún cover como siempre y que al escenario subirán un par de músicos amigos como invitados de lujo para esta fecha. "La banda cambió muchísimo en este tiempo, y creo que tiene que ver con que todos somos personas muy contradictorias y cuando empezamos teníamos 20 años. Esa búsqueda continua postadolescente nos lleva a cambiar todo el tiempo. De hecho, ahora pudimos salir de la actitud burguesa que tuvimos el último año de no tocar mucho y creo que también eso se debe a cierta maduración. Ahora decimos que somos unos viejos jóvenes."




