
Una noche de blues y tango
El actor de Dr. House presentó su faceta musical con su álbum debut, Let Them Talk como cierre del Personal Pop Festival
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Como si se tratase de un living retro, con cortinas que cambian de color de acuerdo con la luz y unos veladores que vuelven el escenario un poco más hogareño, el británico se sienta al piano con un vaso de whisky e improvisa las notas de "St. James Infirmary", que funciona como una retrospectiva a 1928, año en que Louis Armstrong supo hacer trascender esa melodía.
Doctor House está ahí. Y no reniega de su pasado ni se quiere separar de lo que hizo los últimos diez años. Para nada. Tanto es así que su aparición en el escenario es sketch mediante. Laurie, tuneado como un caballero inglés, hace mímicas en el micrófono, mientras una voz (la que lo dobló en todas las temporadas de la serie) saluda al público. El doblador decide despegarse del personaje, en realidad, el personaje ya no necesita más quien lo doble. Esa es la escena que da pie al resto: a Hugh Laurie ahora como frontman de una banda de blues.
Apenas empieza cada canción, la mayoría de Let Them Talk (su álbum debut, editado el año pasado), Laurie, en un ataque de amor al género o falsa modestia, hace una introducción para explicar cuál de sus gigantes musicales es el padre de esa composición (cuenta, entre otras historias, cómo Lead Belly pudo evadir dos sentencias a prisión cantándoles a las autoridades de Texas y Louisiana, y también cómo Charles "Buddy" Bolden se convirtió en un ícono a pesar de nunca haber grabado nada). Así, además de una ambientación idónea y de una banda que necesita una mención aparte por su virtuosismo, Laurie logra desplegar sus cuerdas vocales y aprovechar esa voz entre afónica y áspera para sacarle lustre a cada canción (aunque, como él mismo arguye, no nació en Nueva Orleáns ni tuvo que luchar contra la opresión).
Durante dos horas, The Copper Bottom Band, integrada por Jay Bellerose (batería), Kevin Breit (guitarra), Vincent Henry (saxo, clarinete, armónica), David Piltch (bajo) y Kevin Warren (teclado, acordeón), acompaña, marca el ritmo y demuestra su solvencia técnica. No hay grietas. El espíritu blusero trasciende fronteras; la solidez de la banda también: por momentos juegan a hacer gospel ("Battle of Jericho"), se aproximan lentamente al rock ‘n’ roll y vuelven al más nostálgico blues con facilidad.
Hay algo claro: el personaje de House ya no es el de un doctor excéntrico, sino el de un músico. Se para, baila, cambia cada tanto el piano por la guitarra, se saca el saco. Tiene la espontaneidad de quien se siente cómodo haciendo lo que hace. Y a pesar de que la mayoría de las personas que lo están escuchando (el teatro está lleno) acudieron porque Laurie es Dr. House, eso parece esfumarse. Ya no existe como tal, ahora se mueve con la soltura de quien, sin negar lo otro, tiene una faceta igual de interesante. Por eso, y aunque el reconocimiento a sus "amazing brothers" es durante toda la noche (antes de arrancar había dicho: "Mírenme a mí, pero escúchenlos a ellos porque son la mejor banda del mundo"), en un momento decide a modo de celebración repartir entre todos sus músicos un vaso de whisky y brindar con ellos. El living no sólo es hogareño, también es fraternal.
Laurie se queda solo al piano, hace trío de cuerdas y un dueto con Vincent, en una dulce versión donde el clarinete hipnotiza la sala. No se va del escenario. Interrumpe cada tanto las intros de cada canción por los gritos de sus chicas (de ese karma, actúe o cante, no se puede librar). Recuerda lo mala que era su profesora de piano cuando no lo dejaba tocar "Swanee River". Abandona por unos minutos la visibilidad.
Pero como la tentación es mucha y ya había asumido su condición de inglés, yankie y ¿argentino? (con las banderitas alegóricas colocadas arriba de su piano). Laurie se va y vuelve. Aparece con la camiseta celeste y blanca puesta y empieza a esbozar las estrofas de la versión inglesa que hacía Louis Armstrong ("Kiss Of Fire") de "El choclo" de Discépolo. Dos parejas de tango bailan a los costados. La banda sigue tocando. Así, con un homenaje patrio, Laurie se retira, ya sin ningún tipo de reminiscencia a Gregory House, se sacó el guardapolvo, ahora es Hugh Laurie y su Copper Bottom Band.
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