
Vals y milonga para Soledad Villamil
Recital de Soledad Villamil . Con José Teixido (guitarra, arreglos y dirección musical), Martín González (percusión), Gerardo de Mónaco (contrabajo) y Matías Rubino (bandoneón). Anteayer, en el Torquato Tasso. Próximas funciones: el viernes y el sábado próximos, a las 22.
Nuestra opinión: muy bueno
Si algo necesitaba Soledad Villamil para subir al escenario exclusivamente como intérprete de canciones era separar a la actriz de la cantante.
Ya desde el título de este ciclo de presentaciones su intención estaba anunciada: Soledad Villamil canta . Lo curioso es que (al menos en el primer recital de esta serie) apareció un presentador para hablar de ella y de su propuesta. Rápidamente hizo que el público que ha visto Recuerdos son recuerdos y Glorias porteñas recordara aquellos espectáculos donde la voz de Villamil se enfundaba en el personaje de Clarita Taboada, una cancionista de la década del 30.
Hay que decir que la garganta de Villamil tiene notables coincidencias con la de Clarita. Pero ahora, quizá porque Soledad dejó de lado el personaje (y lo teatral de una obra) para concentrarse en su voz, hay mucha más música.
Se zambulló en un interesante repertorio de tangos, milongas camperas, valses y chamarritas. Echó mano a varios temas conocidos -"Vamos zaino viejo", "Adiós pampa mía" y Baldosa floja", entre otros- y ofreció otra mirada, especialmente gracias al apoyo instrumental. Pero también siguió hurgando en el fondo de los arcones de la música popular y encontró varias joyitas.
Anteayer arrancó con "El aguacero" y al promediar el show dijo que uno de los temas de Amadori era muy "cinematográfico". No se equivocó. Aunque su versión para los bises de "Chamarita de la bailanta" haya sonado exageradamente optimista, sin duda su oficio de actriz la ha ayudado a meterse bien en los textos.
Por su manera de cantar, por momentos antigua, delicada y de clarísima dicción, le sienta mejor la poesía más sutil. Claro que de vez en cuando se le cruza algo más reo, masculino o campero y lo encara con picardía y sin intentar ningún gambeteo.
Hay una cuestión técnica que algunas veces falla en su voz y desmerece la interpretación. Se trata de una falta (leve y solucionable) de firmeza necesaria para atacar notas largas con precisión.
El resto parece ser parte de un proceso de maduración que entrega buenos resultados. Es un bello espectáculo. Aunque también se podría decir que ese proceso no estaría cerrado. Se vislumbra un camino más largo que Soledad y su grupo tienen para recorrer.
Si se menciona al grupo es porque gran parte del crédito hay que dársela a José Teixido, el guitarrista que se encargó de la instrumentación y los arreglos.
Para empezar, con el conjunto elegido (guitarra, bandoneón, contrabajo y percusión) logra bellísimos climas para ensamblar a la voz de Villamil. Por otro lado, habrá que elogiar su criterio para conseguir versiones atractivas de temas muy populares, con arreglos que no dejan de ser sencillos.
Esto puede ser una prueba de que no hay que romperse demasiado la cabeza ni sonar "raro" o hermético para ofrecer al público otra mirada de un clásico de la música popular.
1- 2
Donald: de sus últimos problemas de salud a sus ganas de seguir cantando y el flechazo que sintió por su mujer
3El thriller alemán de seis episodios que está en Netflix y se convirtió en un fenómeno global
- 4
Parque Lezama: una clase magistral de actuación y sensible excepción frente a los límites del algoritmo


