
Versión inolvidable de Turandot
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Turandot , drama lírico en tres actos con música de Giacomo Puccini, libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni sobre el drama de Carlo Gozzi. Con el Coro (dirección: Salvatore Caputo) y la Orquesta Estable del Teatro Colón (dirección general: Carlos Vieu). Puesta en escena, escenografía e iluminación, Roberto Oswald; vestuario, Aníbal Lápiz. Cantantes: Cynthia Makris, Oscar Grassi, Ariel Cazes, Darío Volonté, Eliana Bayón, Omar Carrión, Enrique Folger, Carlos Ullán, Walter Schwarz, Carlos Natale, y la participación de Ana Laura Menéndez, Susana Moreno, Vanesa Tomas, Gisela Barok, Cecilia Layseca, Mariela Schemper y Vanesa Aguado Benítez (Doncellas). En el Luna Park..
Nuestra opinión: muy bueno
Turandot , la ópera póstuma de Puccini llegó finalmente a escena, aunque no donde debió ser representada; pero sí con toda la intensidad de una historia de amor y crueldad exacerbada por la evocación de un tiempo mítico donde el filo de la espada del verdugo marcaba la separación entre la vida y la muerte.
Todo el poderío de la China imperial de los tiempos de Shi Huang Ti, cuya guardia apareció reproducida en terracota hace unas décadas en un túmulo funerario cerca de Xian, se halla aquí evocada en las estatuas laterales de la escena. Una y otra vez ese pasado vuelve y está presente, como el Tao, en los dictámenes y las acciones dramáticas de los personajes. El mérito de esta versión de Turandot es el haber podido convertirlo en espectáculo, sin duda magnificente, aun a pesar de las limitaciones espaciales y acústicas, lo cual habla del talento de su realizador: Roberto Oswald. El espectador no podrá dejar de hallarse inmerso en el drama, tal el esplendor de la escenografía, la iluminación y el suntuoso vestuario empleado en esta oportunidad. Todo ha sido pensado y realizado con pulcritud material y conceptual. También con imaginación afín a la partitura de Puccini, capaz de sobrepasar con su magia el horror y la crueldad de la trama argumental.
Ello, no obstante la amplificación sonora de las voces de cantantes y coro, así como de la orquesta, necesarios para poder adaptar la ópera a un ámbito como el del Luna Park, constituyó el riesgo constante de esta versión, que en algunos momentos generó desequilibrios dinámicos (tapando las voces corales, o bien generando distorsiones en las voces de algunos solistas en virtud de posibles fallas en la ecualización del sonido). Es excelente, en cambio, el sistema de micrófonos inalámbricos que emplean, individualmente, los solistas, a quienes se puede apreciar en su calidad vocal e interpretativa.
Esmerada traducción
Puccini ha sido orquestalmente traducido -teniendo en cuenta lo antes mencionado- con propiedad y esmero, recreándose en todo momento a través de sus elaboradas y penetrantes armonías el carácter fantástico de un relato que debe estar animado, no obstante, por pasiones de seres de carne y hueso. Cabe, en ese sentido, señalar el mérito de Carlos Vieu por su inteligente visión estilística al abordar una partitura con un lenguaje sinfónico complejo en materia de textura, color y sutilezas, así como numerosos motivos de música china, logrando una traducción encomiable por parte de la Orquesta Estable. Asimismo, la maestría de Puccini en el empleo de las grandes masas corales tuvo aquí oportunidad de lucir en varias oportunidades, no sólo por su preparación vocal sino además por su participación activa en el drama, especialmente en el primer acto.
Voces notables
En cuanto a las voces se refiere, resultó notable la participación de la soprano Eliana Bayón en el papel de Liú, con una creación efectiva de la esclava devota del destronado Timur, y una línea melódica siempre expresiva, armoniosa y tiernos acentos ("Señor escucha..."), lo cual fue reiterado en el tercer acto en su diálogo con la reina ("Tu che di gel sei cinta") y su suicidio (donde Puccini dejó inconclusa la partitura original por su propia muerte). Con definida presencia y dominio escénico, la firme línea vocal del tenor Darío Volonté (príncipe Calaf) ofreció un apropiado y digno carácter a su personaje, imponiendo con vibrantes acentos su significativo caudal vocal, con un rendimiento que fue creciendo desde su aparición, fascinado ante la aparición de Turandot . Con preciso desempeño se enfrentó a ella en las respuestas a los enigmas, en medio de un vocalismo arduo y de gran amplitud, algo que en su reiteración con "Nessun dorma", en el tercer acto, logró una merecida ovación
La soprano Cynthia Makris, como la hierática protagonista cuyo reinado de sangre y terror comienza con su sola aparición -en una escena antológica del primer acto, donde su figura se vislumbra a través del simbólico disco lunar en el centro de la escena-, posee un timbre filoso acentuado por su vibrato agudo que por sí solo anticipa sus fatídicos designios ("In questa reggia..."). Su presencia escénica, muy cuidada, resulta realzada por el acertado atuendo negro, coronado por una brillante tiara, y por su propia voz, con mayor aptitud comunicativa en el tercer acto. Resultaron sumamente eficaces las intervenciones de Omar Carrión (Ping, el gran canciller), quien intervino en varias escenas con bien calibrada emisión y grato timbre, así como Carlos Ullán (Pong, el gran proveedor) y Enrique Folger (Pang, el gran cocinero). Ariel Cazes (Timur) exhibió su ponderable y expresivo registro grave y Oscar Grassi, quien reemplazó en la primera función a Jorge Giabbanelli, fue a pesar de su amplio vibrato un correcto emperador Altoum, lo mismo que Carlos Natale (príncipe de Persia), Franco Di Roma (verdugo) y cada una de las doncellas.
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