
Víctor Heredia celebró con sus canciones urgentes
1 minuto de lectura'
"Entonces, 35 años de coherencia", recital del cantautor Víctor Heredia junto a Daniel Homer (guitarra eléctrica), Víctor Carrión (vientos), Ricardo Zielinski (bajo eléctrico), Gustavo López (batería y percusión) y Raúl Cerviño (teclados, arreglos y dirección). Sonido: Itelman, con Adrián Bilbao. Luces: Boletti, con Nicolás Dinardo. Manager: Roberto Quinteros. Producción: Fenix Entertainment Group. En el teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: Bueno
La generación intermedia -junto a muchos jóvenes y una porción de mayores- está aquí ocupando la enorme sala del Gran Rex. Todos vienen a festejar, con descomunal energía y euforia, treinta y cinco años de canciones de amor y de testimonio.
Luces, humo y estruendo preceden la aparición de Víctor Heredia. Cuando llega, sus oyentes le tributan la primera ovación, que él -pantalón y remera negros- recibe con modestia en un costado del escenario. Luego se calzará la guitarra eléctrica para iniciar el repaso de su trayectoria artística.
"Puertas abiertas" es precisamente el pórtico del encuentro. Allí anticipa todo un estilo: un melodismo que vuela envuelto en el poderoso aliento pop, o pop rock (a veces lisa y llanamente rock), unos versos directos en los que se cuelan metáforas, un vibrante registro de tenor abaritonado que lanza al aire toda su voz para hacer juego con la potencia sonora.
Víctor Heredia ha elegido, lógicamente, para la ocasión, los temas que quedaron marcados a fuego en la memoria de toda una generación que esperó y necesitó de un testigo y vocero de sus ideales y nobles apetencias artísticas y ciudadanas. Más que las cantidades (250 canciones compuestas, 20 discos editados) interesa destacar la coherencia de un discurso comprometido con su tiempo en busca de un mundo mejor. Víctor Heredia se impuso cantar verdades y con ellas defender los valores de la justicia y el bien, sin caer en el panfleto. Allí están estas canciones para confirmarlo: "Imagínalo", que habla de un futuro esperanzado, mientras tiembla el teatro en medio de apocalípticos decibeles; "Marcas" en el que se muestra el estilo de Heredia instalado entre el folklore y el rock, con ese ritmo binario y ese sesgo pentatónico heredero de la música del Altiplano, para expresar el anhelo de otra realidad, más humana; o "Entonces" con pulso similar a una guajira ( rock latino , si se quiere), que suena también ruidosa, para defender, con alegorías, los sueños de una sociedad que busca su primavera.
En estas canciones urgentes el creador no está solo. Siempre la imagen de la mujer se hace presente para morigerar el ímpetu de la protesta y las rebeldías, o para convertirse en tierna cómplice de las quijotadas. Es una sabia manera, todo un hallazgo, fruto de la fértil fantasía de la que hicieron gala otros cantautores de esta América del Sur.
"Mara", una balada romántica, y "Ojos de cielo" -que recoge los pulsos del Altiplano con aprestos rockeros- son clásicas simbiosis temáticas de amor y denuncia, incluidas aquí.
Certeros estribillos
En estos temas el cantautor parece haber vislumbrado el impacto que podrían causar los estribillos de algunas canciones, como para ser coreadas por el público -aquí las mujeres- en cada encuentro, como los cantan los varones en las canchas de fútbol. Otra veta explorada por el creador de "El viejo Matías" es "Nos vamos poniendo viejos", más cercana a la balada. Aquí Heredia -como ocurrirá después con "Novicias"- regresa al canto más intimista y profundo, abandonando por un momento las explosiones sonoras. Descartadas las canciones de compromiso (como "Informe de la situación"), en las que, como todo cantautor asume el riesgo de la repetición de giros verbales y melodismo transitado (en definitiva, el estilo), nos queda siempre el Heredia inspirado, capaz de regalarnos ese tesoro, "Mandarinas", como deliciosa historia de infancia, teñida de nostalgia, o las que nos entregó con versos de Neruda.
Precisamente de este Neruda acústico (si la poesía admite el adjetivo), inspirado tanto en versos como en melodía, está distante Víctor Heredia en este ruidoso encuentro de repaso de sus treinta y cinco años de canto.
Uno hubiera preferido la alternancia entre lo acústico y lo eléctrico para no abrumar con el estrépito del quinteto. En esto, y pese a la solidez del grupo, nos hemos quedado con la ilusión de escuchar mejores arreglos y la media voz, las modulaciones, los matices, que bien puede intentar con su espléndida garganta, como en "El bar de los fracasos".
El Víctor Heredia testigo, el hombre ético que, como dijo Oscar Wilde, "mira ansiosamente el día"; el que está tan lejos de lo elíptico como de la ironía al retratar la maldad humana, sigue impertérrito con su misión de sacudir conciencias. No es para halago de nadie que sus canciones sigan sonando dolorosamente vigentes.
1
2Murió Rubén Patagonia, referente del folclore y divulgador del sonido de los pueblos originarios, a los 69 años
3Christian Petersen mostró su nueva filosofía de vida tras su internación
4Julieta Ortega: su libertad sexual, el costo de ser hija de una estrella y cómo vive la internación de su hermano


