Vivaldi, un músico rigurosamente vigilado
En entrevistas que le hicieron a raíz de su película Un príncipe en Venecia (2005), el director Jean-Louis Guillermou se mostró preocupado por la reacción de los espectadores ante ese retrato cinematográfico de Antonio Vivaldi. "Se trató de una vida muy cargada de oscuridades, silencios, secretos y represiones, no siempre posibles de exponer con claridad a través del relato y las imágenes", dijo. Guionista de sus películas, Guillermou es un escrupuloso investigador de asuntos musicales, como queda patente en sus otros trabajos Misa en si menor (1990); Il était une fois, Jean Sebastian Bach (2003) y Celles qui aimaient Richard Wagner (2011).
Todas estas realizaciones reclaman cierto esfuerzo intelectual del espectador por su caudal de metáforas, pero el caso de Vivaldi aparece más radicalizado por la reducida información existente sobre el músico veneciano. Es cierto que se cuenta con una temprana biografía y un par de ensayos serios. Pero, por otra parte, hay enorme cantidad de notas publicadas después de los años cincuenta, para acompañar el redescubrimiento de Vivaldi, muchas de ellas plagadas de rumores y supuestos no probados, aunque nunca hayan sido totalmente descartados.
Por ejemplo, la película muestra que la familia Vivaldi vivía en una casa muy parecida a una cueva, bien típica en la isla del gueto y distinta del resto de las viviendas venecianas. Además de algunos otros datos azarosos, esto hizo suponer que se trataba de conversos y que el ingreso del músico en el sacerdocio no habría respondido a un anhelo familiar, sino a presiones purificadoras de la Inquisición, tal como sucedía en España.
Otra tesis sostiene que las sospechas de falta de convicción e inestabilidad de la fe se pusieron en evidencia cuando se le impidió a Vivaldi celebrar la Eucaristía y fue desplazado al orfanato de la Pietà para enseñar violín, aunque la medida se atribuyó a la afección respiratoria padecida por el músico.Verdadero o falso, históricamente, esto apenas tiene importancia anecdótica, porque no está documentado ni demostrado.
En cambio, está fehacientemente demostrada la implacable persecución a que fue sometido el músico para impedirle escribir óperas. El obispo de Venecia, que sentía aversión por el espectáculo musical, no vaciló en poner a la terrorífica policía secreta veneciana tras el cumplimiento de esa prohibición.
Acosado impiadosamente, Vivaldi buscó el exilio en Viena, donde murió a poco de llegar y fue sepultado en un cementerio que ya no existe. Hasta 1948, su nombre no figuró en la mayoría de las historias de la música. Tampoco se escuchó la mayor parte de sus cuatrocientos y tantos conciertos ni se conoció alguna de sus más de treinta óperas. Toda su música estuvo desaparecida.
Mañana, 4 de marzo, se cumplirán 335 años del nacimiento de Antonio Lucio Vivaldi, en Venecia.



