
Walter Malosetti: el guitarrista con más swing de la Argentina
En una de sus clínicas de música en la Argentina, el guitarrista Joe Pass pidió que un músico lo acompañara en una jam . Walter Malosetti fue el único que se animó a improvisar unos temas con el maestro del jazz norteamericano. Cuando terminó la sesión, Pass miró a los guitarristas y les dijo: "Ahora, cuando yo me vaya, pregúntenle todo a él", recordaba el propio Malosetti en una nota que le hizo Sergio Pujol en 1996.
La profecía de Joe Pass, uno de los mejores guitarristas del jazz del mundo, se hizo realidad. Walter Malosetti no sólo se transformó en una leyenda del jazz argentino -un ícono del género desde los sesenta hasta la actualidad- sino también en el creador de una escuela en la guitarra y en la personificación del músico con swing.
Su hijo Javier anunció ayer su muerte, a los 82 años, vía Twitter. "Finalmente papá terminó su lucha y ahora descansa en paz. Gracias por el amor que sabemos sus hijos y familiares que todos uds sienten por él", escribió el bajista, que muchas veces contó que aprendió música gracias a su padre. Cualquier persona ligada a la música de una u otra manera llegaba más tarde o más temprano a tocar la puerta de la escuela de Walter Malosetti para dar sus primeros pasos en el jazz y el blues. "Fue un gran maestro en todos los sentidos de la palabra -recuerda el especialista Carlos Inzillo, creador del ciclo Jazzología. Hizo escuela por la cantidad de gente que formó en el camino y, también, por lo que aportó en la guitarra: miraba al pasado para ir para adelante. Walter personificaba el swing en la música, y eso no se aprende. Se tiene o no se tiene."
Si uno piensa en artistas como Charlie Christian, Jim Hall, Oscar Alemán y Walter Malosetti, piensa en una historia de coherencia estética dentro del jazz, en la enorme influencia que dejaron a varias generaciones y en la capacidad para que su música sonara siempre joven. "Malosetti nunca sonó viejo. Sus ideas en la guitarra y su música nunca estaban fuera de tiempo", apunta el crítico Carlos Inzillo.
En Walter Malosetti, el estilo sutil de Jim Hall –que llegó a componerle un tema, "Waltz for Walter"–, la brillantez solista de Oscar Alemán y su traducción criolla al mundo de Django Reinhardt, así como el pulso modernamente rítmico de Charlie Christian, que fue capaz de unir el swing tradicional con el futuro del bebop, formaban la constelación sonora que delineó su estilo. "Los grandes guitarristas que nos formaron fueron Django, en la onda acústica y gitana europea, y el norteamericano Charlie Christian, el violero negro de la época del swing, que murió a los 23 años, pero marcó una época", contaba Malosetti.
Hijo de padre ferroviario aficionado a la música, Walter nació en Córdoba, pero creció escuchando discos de jazz en Ciudad Jardín. "La música me enloquece desde muy chico. A los 7 años acompañaba a mi hermano, que más tarde sería un gran luthier, golpeando tachos mientras él tocaba zambas y vidalas. El ritmo era central para mí. Cuando llegaron a mis manos los primeros discos de Louis Armstrong y Eddie Condon, encontré algo que no estaba en ninguna otra música. Era la manera en que los tipos tocaban la melodía y luego se alejaban de ella, pero no mucho. Yo era chico y no entendía exactamente qué pasaba, pero sí me daba cuenta de que los temas se podían tocar de muchas maneras. Ahí enganché con el jazz."
El primer impacto fuerte lo recibió de Oscar Alemán. Walter, todavía de pantalones cortos, fue a verlo al club Defensores y quedó fascinado por su forma de tocar. En ese momento, supo que su instrumento para toda la vida sería la guitarra. "Fue el que más me impresionó. Nosotros vivíamos en Palomar y cada vez que venía a tocar por la zona me ponía los pantalones largos de mi hermano y me iba a escucharlo. Me volvía loco. Es que el tipo era un showman: bailaba, saltaba, transmitía una vitalidad atroz y tocaba con un swing extraordinario", recordaba el músico cuando editó su disco Grama (2000), dedicado al amor de su vida, Graciela.
La intensidad del swing marcó la vida de Malosetti, primero con sus incursiones con los hermanos Ernesto y Baby López Furst y luego con su grupo 39 Swing, una formación clave en la historia del género con la que grabó seis discos y signó la época dorada del jazz en los sesenta. Por entonces, de discípulo de Irma Costanzo pasó a docente generoso y maestro del jazz. Sus ideas, ese fraseo inigualable y su swing dulce y melancólico lo llevaron a tocar con Hernán Oliva, Gato Barbieri, Mono Villegas, Lalo Schiffrin, Jim Hall y los mencionados Alemán y Pass, síntesis de una vida con mucho swing. Sus restos serán inhumados en la Chacarita.
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