Yendo del post-punk a la disco con Peter Hook
El bajista de Joy Division y New Order volvió al país con un recital a su medida
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El miércoles por la noche sucedió algo inusual en el teatro Vórterix. Un músico inglés, leyenda del post-punk, haciendo de grupo soporte de sí mismo. Es decir, Peter Hook & The Light telonea a Peter Hook & The Light. En su primera entrada, a manera de tentempié, el bajista de Joy Division y New Order interpretó ocho canciones de aquel primer grupo que a fines de los años 70 lideró Ian Curtis; tras la salida de escena y el obligado regreso, ahora como cabeza de cartel de esta suerte de minifestival propio, Hook y compañía se despacharon con un repaso de dos horas por los primeros dos álbumes de New Order, Movement (1981) y Power, Corruption & Lies (1983).
Cerca de tres horas de canciones que influenciaron a buena parte del rock e incluso a la electrónica hecha en los últimos treinta años y que terminaron con un bis más, "Love Will Tear Us Apart", y el mismo Hook quitándose su remera de The Birds, orgullosamente transpirada, para arrojarla al público como último acto de entrega.
Desde que en 2007 este pirata de mil batallas decidió dar una más y se fue a los gritos de la última reunión de New Order -aquella con la que la banda pisó por primera vez la Argentina para saldar una vieja deuda, en 2006-, se armó un proyecto a medida de sus deseos y necesidades. Se juntó con tres viejos aliados (el guitarrista David Potts, el tecladista Andy Poole y el baterista Paul Kehoe, que a mediados de los años 90 compartieron con Hook el grupo Monaco) y sumó a su hijo, Jack Bates, para que se encargara... ¡del bajo! Enfocado entonces en cantar, aunque con el bajo colgado para meter dedos en alguna que otra canción, desde 2010 Hook se empeña en recrear en vivo algunos de los discos clave de su discografía.
Así regresó a Buenos Aires, para dejar en claro que en la separación de bienes con Bernard Sumner, su ex socio se llevó la voz -definitivamente la carraspera de Hook les sienta mejor a las canciones de Joy Division-, pero él se quedó con la onda y la tracción rockera del grupo que formaron juntos en 1980, para salir del pozo al que habían caído tras el suicidio de Curtis.
Desde el sonido más crudo de temas como "Atrocity Exhibition", "Disorder" o "Shadowplay", en versión grupo soporte, hasta el final bailable con "Temptation" y "Blue Monday", el show mantuvo su eje en esas líneas de bajo inconfundibles, que atraviesan la historia del rock británico. Y más acá también, como deja entrever "ICB", ese tema que Luca Prodan, fan confeso de Joy Division, se "apropió", rebautizó "Divididos por la felicidad" y lo incluyó en el primer álbum de Sumo.
Las acusaciones de ser un clon de sí mismo o vivir del pasado Hook las esquiva con actitud y una obra esencial que, en una época en la que el post-punk parece lograr el reconocimiento que se le negó en su momento, suena más actual que nunca.
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