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Cuando Nevermind explotó en el otoño de 1991, fue perturbador: una granada detonada en la radio de tu auto. Parecía ser el final de algo (¿la década de 1980? ¿el hair metal?), o quizás el comienzo de otra cosa (¿el rock alternativo?, ¿la Generación X?). Actualmente, el disco está tan ligado al mito que se hace muy difícil escucharlo aisladamente. En 2005, la Biblioteca del Congreso estadounidense agregó Nevermind a su catálogo de las grabaciones más significativas del mundo. Es una pieza de museo, un disco que merece un lugar en el Smithsonian. Y, por supuesto, tiene un importante box set para el vigésimo aniversario. La edición de lujo le agrega al disco remasterizado fantásticos lados B (atención a "Curmudgeon", que tiene la voz metalera más aullante que haya grabado Cobain jamás) y espectaculares actuaciones en vivo; además de demos, sesiones para la BBC anteriormente inéditas y ocho crudos "ensayos en radiocasetera" de canciones de Nevermind.
El material extra ofrece una lección de historia, y ayuda a escuchar Nevermind con los oídos renovados. Las versiones en vivo de "Breed" y "Drain You" demuestran por qué Nirvana sea quizás el mejor power trío de la historia: el peso y el empuje del bajo de Krist Novoselic, el ataque a lo Bonham de la batería de Dave Grohl, lo tumultuoso de la voz de Cobain, que demostró que gritar hasta quedarse ronco podía ser igual de poderoso, e igual de hermoso, que cualquier otro estilo de canto. Comparen los demos grabados en una radiocasetera y el disco terminado, en el que las canciones de Cobain fueron pulidas hasta brillar con resplandor flamígero, y se darán cuenta de que fue el pop, y no el punk, lo que transformó a Nirvana en la banda más grande del mundo. Como artesanías melódicas, "Smells Like Teen Spirit", "Lithium" y "Lounge Act" están ahí arriba con lo mejor de Buddy Holly, Smokey Robinson y otros genios del estribillo.
Cobain declaró que le avergonzaba la producción tan pulida de Nevermind : "Está más cerca de un disco de Mötley Crüe que de uno de punk rock", dijo. Por supuesto, eso era lo que se esperaba de él. Su purismo punk era una religión, pero también era un gag, su versión del mundo del espectáculo. Al escuchar Nevermind desde el presente, uno se sorprende del buen show que monta la banda. Para un disco tan lleno de angustia, es bastante festivo, una inyección de adrenalina que te tira para arriba. Esa no es una sensación que pueda atribuírsele a ningún género ni a ninguna ideología. Eso no es punk, ni grunge y ni siquiera pop. Eso es entretenimiento.
Por Jody Rosen






