No Direction Home: Bob Dylan

Dirección: Martin Scorsese
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1 de diciembre de 2005  

Dylan, según Marty

Alejado de cualquier afán de investigación exhaustiva, el gran Scorsese posa su mirada en los primeros años de la vida del trovador de Minnesota.

“He admirado y disfrutado las multiples transformaciones musicales de Dylan”, declaró hace un tiempo el realizador Martin Scorsese, “y para mí, no hay otro músico que haya logrado crear una obra tan personal y única”. No Direction Home: Bob Dylan puede definirse de muchas maneras, excepto como un documental tradicional. En principio, se trata de un ensayo cinematográfico por completo alejado de la biografía exhaustiva y la simple acumulación de datos.

El largometraje se centra exclusivamente en los primeros años del cantautor nacido en Minnesota en 1941: sus primeros apasionamientos con la música folk, el viaje a Nueva York que cambiaría para siempre su vida y la publicación a comienzos de los años 60 de sus primeros discos, en particular The Freewheelin’ Bob Dylan (1963) y Highway 61 Revisited (1965), sencillamente dos de los álbumes más influyentes de la historia del rock. Mientras los registros de época comienzan a dispararse y a cruzarse con comentarios contemporáneos de diversas personalidades –y del mismo Dylan, quien reflexiona sobre su propio pasado evitando todos los lugares comunes acerca de su figura– resulta claro que el film es, ante todo, un trabajo de amor de un admirador hacia su ídolo pero que, al mismo tiempo, no deja de lado ciertas posturas críticas. Muchas de esas imágenes son verdaderos documentos históricos inéditos hasta la fecha, ya que permanecían celosamente guardados por el propio Dylan. De entre los hallazgos casi arqueológicos que ahora ven la luz, el sitial de honor le corresponde a una filmación original, producida el 21 de mayo de 1966 durante un recital en Newcastle, Reino Unido, donde Dylan entrega una versión de “Like a Rolling Stone” capaz de poner la piel de gallina incluso a los desconocedores de su obra. No Direction Home no se agota en una primera visión, y a lo largo de tres horas y media propone no sólo un viaje a los primeros, gigantescos pasos de uno de los verdaderos monstruos de la música popular del siglo XX, sino hacia un pasado en la vida social y cultural norteamericana que ahora, más que nunca, parece provenir de alguna lejana galaxia.

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