Norton I
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El 17 de septiembre de 1859, en la ciudad estadounidense de San Francisco, Joshua Norton, un comerciante en bancarrota, se declaró emperador de EE.UU. y protector de México.
Sin embargo, contra lo que pueda suponerse, Norton I, como se hizo llamar, pasó a ser un personaje infaltable en todo evento social de la metrópoli californiana.
La historia cuenta que Norton I llegó al trono a los 40 años. Nacido en Londres e hijo de comerciantes, de niño viajó con ellos a Sudáfrica, donde heredó una pequeña fortuna familiar. Ya huérfano llegó a San Francisco con 30 años, varios miles de dólares y ganas de hacer fortuna, ambición de muchos en plena fiebre del oro. No le fue mal, ocho años después ya amasaba una cantidad considerable que quiso incrementar especulando en el mercado del arroz, pero la jugada le salió mal, más bien horrible, y quedó en la ruina.
Después de largo rato sin saberse nada de él, se presentó en las oficinas de los diarios locales con una carta en la que, "por imperioso deseo y requerimiento de la gran mayoría de los ciudadanos" se autoproclamaba Norton I, Emperador de los Estados Unidos y Protector de México . Entre sus primeras medidas, convocaba a los representantes de los Estados de la Unión para hacer de inmediato modificaciones en las leyes existentes "que puedan mejorar los males bajo los que el país trabaja". Más tarde, incluso, se animaría a decretar su disolución.
La autoconvocada pulsión imperial de Norton fue vista de modo amable por sus conciudadanos, a quienes gobernaba con sesudos y bien escritos decretos. Así, su figura pintoresca y llamativa, generalmente tocada por un sombrero con plumas, anchas cejas, mostachos y barba, siempre vestido con un traje de estilo militar, se hizo habitual en los centros de reunión social. En la ópera, por ejemplo, siempre se le reservaba butaca; los restaurantes de lujo solían invitarlo a comer; participaba en los actos de la recién fundada Universidad, y hasta un hotel llegó a destinarle una habitación fija. Por eso, no debe sorprender el tole tole que se armó cuando un policía novato, desconocedor de la ascendencia que tenía en la sociedad local, decidió detener a todo un emperador bajo cargos de "desorden mental". Rápidamente, las fuerzas vivas de San Francisco movieron los hilos y fue el mismo jefe de policía quien le abrió las puertas de las rejas a "su majestad", no sin deshacerse en disculpas.
Cuando murió, el 10 de enero de 1880, asistieron más de 10.000 personas; en su lápida se escribió: Norton I, Emperador de EE.UU., Protector de México, Joshua Norton, 1818-1880. En el centenario de su muerte, la ciudad lo recordó con gran cariño. Además, en el Bay Bridge, uno de los cinco puentes de la ciudad, una placa honra su memoria: "haga el viajero un alto y dé gracias a Norton I, que con sabiduría profética concibió y decretó tender un puente sobre la bahía de San Francisco".





