
Obsesión de justicia
"Héroes y demonios", producción nacional (1999) en colores presentada por Distribution Company. Hablada en español. Fotografía: Carlos Torlaschi. Música: Martín Bianchedi. Intérpretes: Pablo Echarri, Federico D´Elía, Andrea Pietra, Héctor Alterio, Villanueva Cosse, Nacha Guevara y otros. Guión y dirección: Horacio Maldonado. 100 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: buena.
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Con "El desvío", estrenada el año anterior, el director Horacio Maldonado había demostrado su predilección por una problemática juvenil inserta en lo cotidiano de un país en el que la violencia, la corrupción y el engaño son noticias diarias de los medios de comunicación.
Con "Héroes y demonios" el joven realizador no deseó apartarse demasiado de aquella propuesta, y aquí apuesta a profundizar en la hipocresía del poder utilizado como disparador de una realidad alterada por la injusticia social, la inseguridad y el descontento que ya forman parte del quehacer que involucra a todos los argentinos.
La historia se centra en Gabriel, un joven rebelde y violento, marginado por la sociedad, sin esperanzas en el futuro, y en Sergio, un programador y analista de sistemas que posee una envidiable actitud de lucha frente a la vida.
Ambos se conocen mientras se hallan internados en un hospital psiquiátrico, y muy pronto los une la locura, con la promesa de luchar por la justicia.
Lo que comienza casi como un juego de deseos idealistas se revierte en una peligrosa y descontrolada obsesión. Ambos elaboran un sagaz plan para asesinar al presidente. Gabriel es el más empecinado en demostrar, por el terror, que la gente tiene urgentes necesidades de una existencia mejor. Sergio, en cambio, frena sus impulsos frente a un amor que se le cruza en el camino.
Como un rompecabezas
En tanto, dos altos funcionarios de seguridad comienzan a investigar la serie de acciones delictivas que hacen tambalear al gobierno. La historia -mezcla de thriller, de suspenso, de mensaje de alerta y de voz de los sin voz- muestra en su primera parte cierta confusión en el relato, con el pasado y el presente como rompecabezas que termina asociándose en un eje central.
En su segunda parte, el relato cobra mayor vibración dramática y sus personajes adquieren relieve, auxiliados por un excelente apoyo visual -la voladura de un enorme shopping está impecablemente elaborada- y por un mensaje que, sin mucha sutileza, se acerca a la reflexión de las penurias cotidianas.
Con este film, Horacio Maldonado, que no desea, afortunadamente, alejarse de retratar sin intelectualismo los vaivenes de los problemas que nos agobian, se empecinó en entrelazar el relato de aventuras con la crítica social y económica. El resultado, si bien halló algunas fallas en un guión no demasiado elaborado, permitió al espectador el entretenimiento, el nerviosismo y los rencores y esperanzas de un país que transita por la cornisa del peligro.
Supo, además, elegir un grupo de actores que creyeron en la anécdota. Pablo Echarri aporta seguridad y convicción a su personaje marginado y peligroso, y Federico D´Elía describe con hábiles trazos a ese muchacho que desea redimirse por amor. No menos atenta a una composición que recorre la humanidad y la ternura se halla Andrea Pietra, en tanto que Héctor Alterio, Villanueva Cosse -ambos exhiben otra vez sus indiscutidas dotes interpretativas- y Nacha Guevara dan el adecuado marco para el desarrollo de la trama. Los rubros técnicos se sumaron con eficiencia a esta muestra de cine argentino que puede digerirse con comodidad por su imaginación y su constante ritmo.
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