
Otra cara de The Cardigans
La banda sueca actuó y charló, en exclusiva, con La Nación .
1 minuto de lectura'
MIAMI.- Todo se confabuló esa noche para que el recital de The Cardigans se convirtiera en una sorpresa. El lugar puso lo suyo: el Shakespeare Theater, una sala con resabios de Hamlet y Otelo en medio del inmenso y lujoso hotel Biltmore. Que, dice la leyenda, pertenecía a Al Capone o, y esto ya es materia documentada, allí se alojaba el capo di capos cuando iba a Miami. Y donde murió su mujer, sigue la historia que se cuenta entre pasillos y ascensores, cuando cayó desde la ventana de la exlusiva suite del piso trece.
Lo cierto es que The Cardigans, unos suecos que con su hit "Lovefool" conquistaron el mundo, mostraron allí, ante menos de doscientas personas, que una cosa es un disco y otra muy distinta escuchar a la banda en vivo. Que de eso se trata el rock and roll y lo sabemos hace ya mucho.
Aclaremos los tantos, la banda es sueca, canta una mujer, pero su nombre no empieza con A, (vienen a la memoria ABBA, Ace of Base, claro, pero también Roxette). Y si su tercer disco, "First Band of the Moon", suena casi ingenuamente pop, (dulce voz femenina, con el agregado de violines, flautas y cellos), los cinco sobre un escenario tienen una fuerza inusitada. La rubia Ninna Persson parece allí, sobre el escenario, una poseída, inmóvil zombie de algún extraño rito. Eriza la piel, les aseguro. Y además, está la guitarra de Peter Svensson y los tambores precisos, duros, de Bengt Lagerberg.
Hacen, claro, "Lovefool", pero también "Iron Man". Un tema de Black Sabbath, banda oscura, dueña de un metal primal y fundacional. Suavizado por la voz de Ninna, la canción que nos cantó Ozzy, desnuda aquí esa melodía que algunos sabían, pero que para otros era casi intraducible. Cuestión de entrenamiento o de prejuicio auditivo.
Charla junto a la pileta
"Elegimos a propósito un tema muy distinto a nuestro estilo habitual", nos había contado esa tarde Bengt, cuando junto a Ninna, charlaron en exclusiva con La Nación . "Es más interesante así". La pregunta es, claro, si ha sido un fan de Ozzy. "Sí, -responde-, pero también podría decirte que soy fan de Mozart o de Paul McCartney. Escucho muchos tipos de música".
"Lovefool", en cambio, los tiene un poco aburridos. Cosas de los golpes de suerte. "Solía gustarme mucho pero ahora no tanto", cuenta Ninna, en una reposera al borde de la pileta más grande del hemisferio occidental (¿otro retazo de la leyenda Biltmore?, no lo creo, es realmente impresionantemente grande, tanto como que hacer un largo sería cuestión exclusica de campeones).
"Sigue siendo una muy buena canción y te aseguro que otras me cansaron mucho más rápido. Además pienso que en un show, la gente va a poder escuchar otros temas, que muestran otra cara de The Cardigans", agrega.
"¿Por qué le pusimos ese nombre al disco? -se pregunta Ninna-. No hay una explicación, fue más bien que buscabamos un buen título y esa frase nos gustó. Está bien, la música tiene algo de misticismo y el espacio es decididamente una cosa mística".
Ninna cuenta que estudiaba en una escuela de arte, hasta que la convocaron a integrarse al grupo, en 1992, y su vida dio un vuelco. "No sabía muy bien lo que quería hacer en el futuro, pero es bueno no saber y dejar que la vida decida por uno", asegura a los 23 años, mientras no para de girar por el mundo.
"Ahora estaremos un mes en los Estados Unidos, compartiendo algunos shows con Beck, luego vamos a Australia y Nueva Zelandia, para volver inmediatamente aquí a continuar con el tour, hasta septiembre. Entonces nos tomaremos nuestro primer gran descanso en cuatro años. Y, con las energías renovadas tras ese break, comenzar a trabajar en un nuevo disco", sintetiza Bengt. "El problema ahora es que casi nunca estamos en casa", agrega Ninna.




