Otro Isella va por el folklore
Recital de Fernando Isella (en composición, arreglos y piano) junto a su grupo The Makanudos, que integran Daniele Camarda (bajo), Llibert Fortuny (saxo alto y soprano) Julio Santillan (guitarra) y Franco Pinna (batería). En Notorious, Callao 966. Nuestra opinión: Bueno
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Un seleccionado, como los de fútbol, en el que participa gente de todo pedigree, formación, talento y estilo. Es el que, presidido por Fernando Isella (hijo del conocido Fronterizo César), integran The Makanudos.
Un guitarrista y un baterista tucumanos, un bajista de Sicilia, un saxofonista de Barcelona comandados por un músico de Buenos Aires con ancestro salteño, traen desde Boston aires del folklore argentino.
Una introducción lenta con atmósferas de vidala, que deviene libres acentos rítmicos montados sobre un riff de bajo y seguidos por improvisaciones del saxo hasta alcanzar el pulso del folklórico 6 x8, oficia de pórtico de este encuentro.
Tal inicio en fortísimo y con aprestos de crispaciones en el saxo no será de temer. Porque enseguida asomará el clásico de Leguizamón "La arenosa" para que el quinteto plasme, a lo largo de exploraciones y acentos aledaños, una metamorfosis del tema.
Nos encontramos otra vez frente a la dialéctica búsqueda-hallazgo . La búsqueda es el intento. Prueba sana, no especulativa, en este caso. (Porque en este terreno las hay que ponen la mirada en el mercado discográfico o en el oyente esnobista.) Y el hallazgo es el acierto de tal búsqueda. Hablamos de folklore. No de jazz. El saxo solo no es sinónimo de jazz. Hace rato que fue incorporado al folklore, con la engañosa idea de renovarlo.
"Las empanadas", una chacarera de Isella, es parte de la experimentación. El ritmo de zamba -folklórico por antonomasia-, como la bellísima "Si llega a ser tucumana", también lo es, tanto en la célula expuesta como en los desarrollos. Es aquí donde Isella, en solo de piano, sabe penetrar en el mundo intimista de la danza con interpolaciones sutiles y empáticas.
Desde su piano económico, centrado en la mitad del teclado -y sin el más mínimo apresto virtuosístico- parece convertirse en el centro desde donde arrancan sus compañeros para improvisar. Es el único indicio tangencial de acercamiento al jazz. A veces aquellos desarrollos derivan en atrevimientos por acumulación de notas y no por ideas atadas al hilo conductor del tema dado.
Variaciones interesantes
En el grupo es solamente el saxo el que emprende caminos erráticos, como un barrilete que remonta vuelo, desprendido de su ovillo. La batería da cuenta de que el terreno que pisa es el de tierra adentro. En menor medida la guitarra, y más lejos aún, el bajo, si bien su papel no es fundamental en la propuesta.
Es que para volar, en folklore, es preciso conocer a fondo el material. Conocer cada ritmo (las divisiones de los compases del 3x4 y el 6x8 son riquísimas, infinitas) y sus acentos. Pero también el clima en que fueron concebidos, sobre todo si llevan letra.
Por cierto que por allí surgen variaciones interesantes, a veces, incluso, con riesgo de que nuevos acentos diluyan las complejidades rítmicas. Y hasta a veces el saxo corre por el costado cadencial de alguna chacarera, aunque siempre tentándose con crispaciones que eluden la gracia.
De pronto ese ritmo: la chacarera, parecería ofrecer chances al grupo. Como "La humilde". Siempre que se evite el riesgo de caricaturización.
Fernando Isella ha mamado en el ámbito familiar algunos de los secretos del folklore. Este es su aval. También su compromiso. Sobre todo cuando se capacita en una famosa escuela musical norteamericana, desde donde todo se universaliza y adocena a través de pautas jazzísticas.
El rostro del folklore argentino es uno de los más ricos del mundo. Musical y poéticamente. Los músicos que lo asumen no pueden olvidarlo, sino a riesgo de desfigurarlo. Fernando Isella es una promesa. Una búsqueda. Y está en camino de los hallazgos.





