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23 de mayo de 2003  

Vivimos. Y somos vivos. La viveza criolla ya es un clásico en la conciencia popular, y famosa en el mundo entero.

Somos piolas. Y somos piolas porque de esa manera superamos la deficiencia de no ser sogas, de no ser cuerdas, algo sólido, firme, sustancial. Lo que Natura non da, el piola se lo rebusca. Lo que Natura sí da es trabajo, y el piola es el artista del facilismo, de la evasión del esfuerzo.

Eso sí, el piola depende de la labia. Si no dispone de esa habilidad vernácula, que no se haga el piola.

Por eso, un subrogado del piola es el político. Orador, enhebrador de palabras y de vacío metafísico, el político habla tan, pero tan bien, que se olvida de hacer algo por la polis, la ciudad, la sociedad.

Es fácil ser político en estas tierras; con saber hablar, basta. Y con repetir lo mismo durante largos años, se afianza el hablar, y la convicción de que ese sujeto es fiel a sus ideas.

En realidad, hace rato que dejó de pensar, de ahí su fidelidad a su pobreza espiritual. Además, nadie oye a nadie, y mucho menos escucha. Eso ayuda.

Es un pacto tácito entre los políticos: hablar y no escuchar.

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