Palabras
1 minuto de lectura'
Por las noches se disfrazaba de mercader y recorría los barrios bajos de la ciudad para oír la voz del pueblo. El mismo sacaba a relucir el tema.
–¿Y el Gran Tamerlán? –preguntaba– ¿Qué opináis del Gran Tamerlán?
Invariablemente se levantaba a su alrededor un coro de insultos, de rabiosas quejas. El mercader sentía que la cólera del pueblo se le contagiaba, hervía de indignación, añadía sus propios denuestos.
A la mañana siguiente, en su palacio, mientras trataba de resolver los arduos problemas de las guerras, las intrigas de sus enemigos y el déficit del presupuesto, el Gran Tamerlán se enfurecía contra el pueblo.
–¿Sabe toda esa chusma –pensaba– lo que es manejar las riendas de un imperio? ¿Cree que no tengo otra cosa que hacer sino ocuparme de sus minúsculos intereses, de sus chismes de comadre?
Pero a la noche siguiente el mercader volvía a oír las pequeñas historias de atropellos, sobornos, prevaricatos, abusos de la soldadesca e injusticias de los funcionarios, y de nuevo hervía de indignación.
Al cabo de un tiempo, el mercader organizó una conspiración contra el Gran Tamerlán: su astucia, su valor, su conocimiento de los secretos de gobierno lo convirtieron no sólo en jefe de la conjura, sino también en el líder de su pueblo. Pero el Gran Tamerlán, desde su palacio, le desbarataba todos los planes. Este juego se prolongó durante meses. Hasta que el pueblo sospechó que el mercader era, en realidad, un espía del Gran Tamerlán y lo mató. A la misma hora en que los dignatarios de la corte, maliciando que el Gran Tamerlán los traicionaba, lo asesinaron en su lecho.
Marco Denevi (1922-1998) es autor de novelas famosas como Rosaura a las diez (1955), llevada al cine por Mario Soffici en 1957, y Ceremonia secreta (1960), de la que también se hizo una versión cinematográfica, dirigida por Joseph Losey. Publicamos El Gran Tamerlán de Persia, uno de sus relatos cortos donde conviven la intriga y el humor.





