Para trabajar en cine y TV
Unas 10.000 personas cursan estudios audiovisuales en el país
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Aunque no existen estadísticas oficiales, los responsables de los principales establecimientos educativos calculan que alrededor de 10.000 personas cursan estudios audiovisuales en la Argentina. En ese recuento incluyen alumnos de cine, televisión y multimedia, tanto del ámbito privado como estatal. La tendencia, iniciada en los comienzos de la década del 90, ya generó unas cuantas tandas de egresados y no parece perder fuerza. En cuanto a la salida laboral, las productoras de televisión se perfilan como una de las principales alternativas.
¿Quiénes protagonizan este fenómeno? "Son chicos que quizás hace treinta años hubieran estudiado Letras o carreras vinculadas con lo expresivo -reflexiona Guillermo Kaufman, rector de TEA Imagen-, pero hoy eligen esta área, que tiene una característica propia de la generación de estos chicos: la posibilidad de unir lo creativo con lo pragmático; es decir, ubicar sus capacidades expresivas en esta sociedad."
También son cada vez más jóvenes. Anteriormente, quienes se acercaban a una escuela de cine, por lo general, rondaban los 22 o 23 años, y ya habían incursionado en otros espacios educativos. En la actualidad, en cambio, suelen ser alumnos que acaban de terminar el secundario. En consecuencia, las carreras audiovisuales pasan a constituir su primera experiencia en el nivel terciario o universitario.
Otro aspecto llamativo: la matrícula femenina. En la mayoría de los casos, las chicas representan el 50 por ciento del estudiantado. Dato significativo, tratándose de un ámbito en el que la presencia de mujeres solía ser sensiblemente menor.
Optimismo
La expansión de la producción y consumo de productos audiovisuales es uno de los motores de esta situación. "En Europa se calcula que de cada cuatro puestos de trabajo que se van a producir en la primera década del siglo, uno corresponderá al área de los audiovisuales", afirma el arquitecto Silvio Fishbein, director de la Carrera de Diseño en Imagen y Sonido, de la UBA. Difícil aventurar un pronóstico similar para nuestro país; de todos modos, es cierto que el video y la tecnología digital están ampliando las posibilidades de desarrollo de la imagen.
En cuanto a las instituciones educativas, se estima que llegan a la treintena. En el ámbito estatal, muchas carreras cinematográficas dependen de universidades, como en el caso de Córdoba o La Plata. En la UBA está la carrera de Diseño en Imagen y Sonido. Se trata de un caso particular, no sólo por su considerable población de 2400 alumnos (excepcional en instituciones de este tipo, que habitualmente no son de ingreso irrestricto), sino por estar orientada hacia la confluencia del espacio audiovisual con el diseño.
La enseñanza pública también cuenta con instituciones de nivel terciario, como la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc), una de las que tiene mayor historia en su haber. Un caso similar es el del Instituto de Arte Cinematográfico (IDAC), de Avellaneda, donde se pueden seguir las carreras de realización cinematográfica y de animación.
En el terreno de las privadas, la diversificación de propuestas es aún más acentuada. También aquí se encuentran universidades que ofrecen carreras audiovisuales dentro de alguna de sus facultades, además de entidades como la Universidad del Cine, dirigida por Manuel Antín y abocada con exclusividad a la cinematografía.
Asimismo, hay instituciones que se dedican a los lenguajes televisivos, como TEA Imagen; otras que suman la enseñanza teatral, algunas que combinan diversas áreas y, finalmente, espacios que se dedican a la formación de guionistas y críticos.
Buscar empleo
Una oferta educativa amplia, que se corresponde con un nutrido número de estudiantes y cifras variables de deserción (en algunos casos rondan la media del país, 30 por ciento). Entonces, sobreviene la pregunta: ¿qué niveles de inserción laboral tienen estos egresados? Contra los pronósticos más agoreros, los responsables de entidades como la Universidad del Cine o TEA Imagen aseguran que entre un 80 y un 85 por ciento de sus egresados encuentra trabajo.
Aunque otras instituciones similares no manejan este tipo de cifras, la mayoría de los directivos es optimista en cuanto al futuro de sus alumnos. Pero no es la industria cinematográfica la que ofrece el grueso de posibilidades; a lo sumo, algunos jóvenes profesionales pueden llegar a hacer su primera experiencia convocados por un profesor que está dirigiendo un largo o por un realizador que se acercó a la escuela donde estudian. Tampoco parece serlo la publicidad. Por el contrario, las principales propuestas provienen de empresas que brindan servicios audiovisuales, la televisión por cable y, fundamentalmente, productoras del estilo de Cuatro Cabezas, Pol-ka, El Sitio y Promofilm.
Al respecto, Vivián Imar, directora del Centro de Investigación Cinematográfica (CIC), asegura que "las productoras independientes les están dando mucho lugar a los jóvenes. En todas ellas trabajan estudiantes o egresados de escuelas de cine; es lo que buscan, por otra parte".
Marcelo Trotta, director de la misma institución, completa la idea: "De alguna manera, hemos invadido la televisión con nuestros lenguajes. Lo hicimos hasta en la textura que se busca en los programas, que tiene características fílmicas".
Claro que no en todas las aulas se escuchan pronósticos tan auspiciosos. Pero, pese a que las expresiones televisivas y cinematográficas son esencialmente diferentes, es indudable que en los últimos tiempos se están produciendo importantes intercambios entre ambos espacios. No sólo se dio el caso de directores de cine que incursionaron en la pantalla chica (desde Bruno Stagnaro hasta Alberto Lecchi o Héctor Olivera); guionistas, encargados de producción, posproducción o exteriores en numerosos programas son jóvenes formados en el nivel terciario o universitario.
Por otra parte, las productoras televisivas son las que llevan la delantera en los planes de pasantías y convenios organizados por las instituciones educativas.
¿Señales de que se está viviendo un fructífero cambio? Los pronósticos más halagüeños indicarían que sí. En esa línea se enrola Silvio Fishbein: "Hay una renovación en la tele y en el cine, generada por profesionales nuevos, con miradas y formaciones distintas. Es un proceso de retroalimentación: gente con nuevas miradas se incorpora a la actividad, generando nuevos lenguajes, y esos nuevos lenguajes, a su vez, convocan más gente con perspectivas diferentes".
El oficio que se convirtió en profesión
No siempre se consideró que para empuñar una cámara era necesario pasar antes por las aulas. Hasta hace poco, tanto las habilidades cinematográficas como las televisivas se ubicaban más en el rubro de los oficios que en el de las profesiones.
En cine, el impulso a las escuelas vino de la mano de la revalorización del producto cinematográfico como obra de arte y no mero entretenimiento. Terminaba la década del 50 y las "nuevas olas" cinematográficas comenzaban a sacudir las pantallas de todo el mundo. Eran tiempos de cineclubes, revistas especializadas y debates, también en la Argentina. Quienes frecuentaban los ambientes cinéfilos defendían el "cine de autor" frente a las producciones de la industria... y a la menospreciada e incipiente televisión. Comenzó a cobrar cuerpo la idea de que, para renovar la realización cinematográfica, era necesario crear centros educativos especializados. En ese clima, surgieron las tres primeras escuelas de cine dependientes de universidades nacionales: la de La Plata, la del Litoral (en Santa Fe) y la de Córdoba. En 1957 se sancionó un decreto-ley de cine que contemplaba la creación de un Centro Experimental de Cinematografía. Se lo inauguró en 1965 y constituyó el germen del actual Enerc.
Muchos de los protagonistas de la modernización de los años 60 y 70 dan clase o están al frente de las instituciones educativas actuales. Son testigos de un panorama diferente: los medios audiovisuales están en expansión, la digitalización abre nuevas perspectivas y la TV tiene un lugar central para los nuevos profesionales de la imagen.
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