Paradise Lost
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La inspiración, esa fuerza oscura
Ya pasaron casi quince años desde que Lost Paradise sentó buena parte de las bases de lo que hoy se entiende por metal gótico y algunos pocos menos desde que el lastre de ser considerada la gran esperanza británica después de Iron Maiden se desvaneció en el aire. En el recorrido, Nick Holmes y los suyos hicieron grandes discos y después optaron por incorporar nuevas influencias. Esto último lo pagaron muy caro. El sendero que One Second (1997) abrió hacia la electrónica determinó el desprecio de buena parte de la grey metálica y la incorporación de muy pocos fans nuevos. Paradise Lost –el álbum– presupone una vuelta a las raíces aun más decidida de lo que sugirió Symbol of Life (2002). La guitarra de Gregor Mackintosh retoma protagonismo y estalla en riffs masivos y angustiosamente lentos. La sabia alquimia que la banda de Yorkshire supo descubrir hace el resto: silencios ubicuos, pianos hipnóticos y melodías adictivas conviven con ocasionales pinceladas electrónicas, cuerdas y guitarras acústicas. "Don’t Belong", "Accept the Pain", "Sun Fading", "Spirit" y "Shine" muestran la mejor cara de esa magia y postergan la sensación de que –a veces– la fórmula le gana a la inspiración.





