
Pedro Guerra, fiel a sus raíces
Lanzamiento: el cantautor español dialogó con La Nación sobre su nuevo álbum, "Raíz", que acaba de llegar a las bateas.
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Pedro Guerra es como el puerto de entrada de las músicas de tres continentes: América, Africa y Europa. El músico, nacido en Canarias, adquirió la misma cualidad esponja de su tierra. Ahora está demasiado entretenido con el trip-hop, la música electrónica y propuestas como Massive Atack, Transglobal Underground, Beck y Tricky, que parecen opuestos al concepto musical de "Raíz", su último disco que, a la semana de salir, superó en España las 70 mil copias vendidas.
Pese a coquetear con los sonidos pop, Pedro Guerra mantiene en su música los aires tropicales, los ancestros africanos y el pulso musical de la tradición canaria, una mezcla que lo fascina y de la cuál está hecho. Su contorno está bañado por los oleajes musicales que llegan de todo el mundo. Creció en esa amalgama de razas, culturas cruzadas y cantes de ida y vuelta.
"Canarias es muy musical. Está lleno de agrupaciones folklóricas, de comparsas como las de Brasil, y todos los barrios tienen su centros culturales con un grupo que hace su música. Además de entrar información de todas partes. Por otro lado, hubo una fuerte emigración canaria que iba y venía de lugares como Cuba o Uruguay, y esos sonidos entraron y se quedaron arraigados en nuestro ambiente, por eso en este disco hasta aparece un candombe", cuenta el compositor. Esa fidelidad a su origen lo tiene decidido a no renunciar a su imagen de cantautor (esa palabrita que sigue generando polémicas en España). "No tengo ningún problema con esta historia de ser cantautor, aunque otros se lo hagan. La música que hago la aprendí escuchando a mucha gente que pertenecía a ese oficio. En España le llamarán cantautor y en Cuba serán trovadores, pero reconozco mis influencias de muchas partes. En Francia a Jacques Brel, en Estados Unidos a Cohen, en Brasil a Caetano y en la Argentina a Fito Páez. Mi música salió de todos ellos", dice del otro lado del Atlántico, vía telefónica.
Un libro de reciente aparición "Cantautores en España", escrito por Jordi Turtós y Magda Bonet, había ubicado a Pedro Guerra como un producto del marketing, ideal para el consumo masivo. Cuando se lo menciona será el único momento donde Guerra perderá su hablar pausado y suave.
"Nos acusan de que los cantautores de los 90 no tenemos el compromiso de aquellos de los 70, pero los tiempos cambiaron y nuestro compromiso pasa por decir lo que pensamos a través de una vía artística. Crea lo que crea este periodista, el problema es de él. Yo me considero tradicional y culturalmente un cantautor", asegura.
Las cosas deben madurar como el buen vino. Guerra cree en eso y en el tiempo. Su vida artística se ha manejado con ese ritmo impuesto por la necesidad de su propio cuerpo. Pero, cuando la popularidad llega, las horas del día no alcanzan.
"Tengo menos tiempo que antes -se queja- porque cuando empiezas a vender discos vienen todas las obligaciones, las promociones y las giras. Te pasas un año sin parar. Casi no te queda tiempo ni para vivir ¿Qué puedes escribir entonces? Por eso, cuando lo necesito, paro. Sobre todo cuando quiero ponerme a componer. Aunque este disco se gestó después del trabajo que tuve que hacer para la banda de sonido "Mararía", que disfruté muchísimo. Y un disco terminó llevando al otro".
Con esta grabación el ex joven promesa de la canción española no se ha fijado trazar una imagen de chico europeo, esperanzado en las ONG, ni de muchacho políticamente correcto. Hay canciones de amor, historias pequeñas de ambientes melancólicos, irónicos y optimistas. Y frases que funcionan como simples anagramas: "a veces es difícil ser, y lo que hay no siempre es lo que es y lo que es no es siempre lo que ves" . Letras inspiradas en los colores de Frida Kahlo, en la teatralidad de Bertolt Brecht o en la literatura de José Saramago.
Como una antena, Guerra ha echado mano a tres referencias culturales que están en la boca de todos en los ultimos años y las retransmitió en formato de canción. Solo dos temas se salen de la amable musicalidad en la que transcurre la placa. Uno es el samba-reggae "Contra el poder" y otro es "Chiapas", que dice: "Y miren lo que son las cosas/ porque para que nos vieran/nos tapamos el rostro/para que nos nombraran/nos negamos el nombre/apostamos al presente/para tener futuro y para vivir/morimos..." "Es una manera de estar tan cerca de esa causa como se puede estar sin haber ido nunca a Chiapas -explica Guerra-. Es tan complicado como si se quiere hacer una valoración del sentido de autodeterminación del pueblo vasco. Pero el reclamo de los indígenas es lógico. Cuando las palabras se acaban y nadie quiere escuchar, no queda otro caso que acudir a la lucha armada."
La voz tampoco le tiembla cuando habla del sentido de autodeterminación del pueblo vasco. "Tendrían que ser los vascos los que pudieran elegir su futuro y no que otros lo hagan por ellos. Si hay todo un pueblo que pide por eso, habría que escucharlo. Con la tregua de por medio, sería mejor que todos se sentaran a una mesa para acabar con un conflicto de años."
Se nota que Pedro Guerra no es el mismo desde que dejó su pequeño pueblo para radicarse en Madrid, donde vive desde hace cinco años. "Ahora, cuando estoy frente a una hoja en blanco no pienso como antes que no iba a poder escribir otra canción (se ríe). Aprendí que todo es cuestión de paciencia. Hay un tiempo de sequía, pero ahora sé que la lluvia siempre llega."



